En los Balcanes es duro ser homosexual

Artículo publicado el 7 de Julio de 2006
Artículo publicado el 7 de Julio de 2006

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La homosexualidad, tradicionalmente perseguida en Albania, Bosnia-Herzegovina, Macedonia, Rumania, Serbia y Montenegro, sigue teniendo un duro día a día.

Las agresiones, descalificaciones e insultos a la comunidad homosexual son moneda común sin castigar en los Balcanes, pues la cuestión homosexual ha sido siempre un tabú, estigmatizándose a los escasos gays y lesbianas que osaban desafiar al discurso imperante, muy condicionado por una Iglesia Ortodoxa rígida y homófoba.

Albania y Macedonia: aburrimiento y machismo

En Albania, con mayoría de musulmanes, la única asociación gay existente fue prohibida y no se conocen bares gays o locales donde esta población pueda reunirse libremente. Durante la era comunista, los gays y las lesbianas eran considerados traidores, arrestados y aislados del resto de la sociedad. Ahora, pese a que existe una cierta tolerancia, esta tendencia no se puede exteriorizar socialmente. Ser gay en Albania se considera una vergüenza por la mayor parte de los albaneses.

En Macedonia, patria del gay más conocido de la historia de la humanidad -el emperador y conquistador Alejandro Magno-, la mayor parte de los gays añora las noches de Belgrado, por su dinamismo y a la existencia de algunos locales y bares de ambiente.

Bosnia: rural e incomprensiva

En Bosnia-Herzegovina, país donde conviven católicos, musulmanes y ortodoxos, la homosexualidad era hasta hace poco perseguida legalmente y tampoco se detectaba una gran vida gay, debido sobre todo a que los bosnios viven en pequeños pueblos y aldeas donde el control social de la población es total. "Lo peor en los Balcanes es ser homosexual", dice Kenan Dizdar, uno de los personajes de la película sobre la guerra de Bosnia Go West, y que suscitó un fuerte debate sobre este tema tabú. El odio a los homosexuales persistirá, según este actor, aunque serbios, musulmanes y croatas dejen de pelear, dice. Y añade: "Bajarán sus armas, pero seguirán odiando a los homosexuales”.

El filme Go West trajo polémica desde mucho antes de rodarse. La cinta cuenta cómo dos homosexuales -un musulmán y un serbio- huyen del asedio de Sarajevo al inicio de la guerra civil, tratando de mantener vivo su amor. Grupos conservadores y religiosos acusaron al director Ahmed Imamovic y al guionista Enver Puska de sacar provecho del sufrimiento de los musulmanes durante la guerra para sacar una película para un público occidental. “Identificáis la tragedia bosniaca y a los 250.000 muertos con la Historia de dos homosexuales", criticó el publicista musulmán Fatmir Alispahic el año pasado cuando la película aún estaba en las salas de cine. Una cinta que sólo pudo ser presentada fuera de concurso en el último festival de cine de Sarajevo, donde arreciaron críticas y ataques contra el director y su elenco de actores.

Rumania: criminalización y ultras

Tras las protestas revolucionarias contra el tirano Ceausescu, que provocaron la caída del régimen comunista, las cosas no cambiaron para los gays y decenas de ellos fueron detenidos, juzgados y condenados a penas muy largas y en peores condiciones que los presos comunes. Según algunos activistas de Derechos Humanos, la tortura era una práctica corriente. Para colmo, a finales de los noventa, Rumania endureció su Código Penal con penas aún más duras para los gays. Una reforma duramente criticada por el Parlamento europeo, que condenó “cualquier intento de criminalización de las relaciones sexuales entre personas adultas del mismo sexo”. Al final, y tras un rosario de detenciones e intimidaciones, se derogó la ley discriminatoria, a pesar de las protestas de las autoridades religiosas rumanas, que consideran a los homosexuales como “hijos del pecado”. Hoy en día, ya existen algunos locales y grupos gays, pero el principal partido extremista de Rumania, România Mare, “acusa” sistemáticamente a determinados políticos de prácticas homosexuales para desprestigiarlos.

Serbia: ¿los homosexuales son unos enfermos?

De asfixiante, insultante y ultrajante es como podemos definir la situación que padecen los gays serbios. La mayoría de los medios de comunicación es homófoba, los políticos desoyen las demandas de los gays y la sociedad les considera enfermos. El 54,3% de los 1.500 ciudadanos encuestados por el Instituto Factor Agency afirma que los homosexuales tendrían que "recibir tratamiento médico". Según el sondeo, el 14,5% de los serbios considera que la homosexualidad tendría que estar prohibida, mientras que el 10% pide que los homosexuales sean "aislados" de la sociedad. Aparte de este cuadro tan adverso, las agresiones a gays son moneda corriente en la sociedad serbia. En 2004, en una marcha del orgullo gay organizada en Belgrado, cientos de personas agredieron e hirieron ante una policía pasiva a decenas de homosexuales que, desafiando la intolerancia, quisieron expresar sus demandas. Ahora, el Movimiento Patriótico Obraz ataca a los gays y las lesbianas diariamente, considerándolos no ciudadanos por realizar prácticas que "ofenden a la nación serbia".