En otro planeta

Artículo publicado el 2 de Febrero de 2004
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Artículo publicado el 2 de Febrero de 2004

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¿Está realmente Reino Unido a punto de integrarse en el núcleo duro de una nueva Europa a dos velocidades? Igual que el papel británico en la misión europea a Marte esperemos la avería a su llegada.

Así, Reino Unido está a punto de sumarse a la vía rápida de una nueva Europa a dos velocidades. Al menos ese fue el mensaje que se difundió después de que Jack Straw, Ministro de Asuntos Exteriores señalara en una entrevista a Le Figaro que “asociar Reino Unido con el motor franco-alemán parece lógico puesto que Europa pasa de 15 a 25 miembros”

Destino: Europa

Aquellos que tengan algunos conocimientos acerca de la participación de Reino Unido en la integración europea saben que la implicación de Reino Unido en una “Europa Pionera” va a ser más o menos tan exitosa como nuestra reciente incursión pionera en Marte, -y aproximadamente igual de lograda-. De hecho, el “EU Observer” que informó al respecto bajo el título “Reino Unido se prepara para unirse al motor franco-alemán” debe estar realmente en otro planeta.

No se trata simplemente de que los políticos hagan a menudo declaraciones que llaman a confusión a periódicos extranjeros cuando sienten la seguridad de saber que sus comentarios no serán oídos por su audiencia nacional. Después de todo, algunas veces tales comentarios pueden ser muy reveladores y reflejar un sentimiento profundo y contenido.

Pero, para el gobierno británico, propulsarse en una dirección pro-europea sería técnicamente imposible: La opinión pública generaría demasiada fricción y resistencia, y el gobierno mismo no tiene la capacidad de impulsión que requiere llegar hasta allí.

Eyección

Deberíamos recordar la situación: En diciembre las charlas sobre el tratado constitucional se derrumbaron. El futuro de Europa se había dejado abierto; la Constitución será resucitada de alguna forma más adelante en este año, o bien Francia y Alemania procederán con su “Plan B” -un grupo de estados comprometidos unidos en un núcleo duro dejando a todos los dudosos y a los que crean problemas fuera. En el plazo de un mes hemos ido rápidamente de una situación en la que el Futuro de Europa estaba claramente diseñado a una en la que las fronteras se han, incluso, ensanchado.

La virtud del proceso de la Convención Constitucional fue que lentamente permitió a cada estado apartar sus reservas nacionales y subir a bordo de un bote de legislación comunitaria.

Esa calma soñada que reinó tras la clausura de la Convención ha sido ahora hecha pedazos: Cada Estado tiene el tiempo para reflexionar acerca de su relación real con Europa y reconsiderar su posición. Los Estados fuertes, como Francia, se preguntan si serían tan sensatos de abandonar el proceso intergubernamental en el que se han balanceado. Y Reino Unido, que inicialmente se oponía a la idea de una Constitución pasó a apoyarla como “medida de orden” (en palabras del gobierno), y ahora está empezando a preguntarse si realmente ordena algo.

Así, el apoyo británico a la idea de las dos velocidades tiene ahora una atmósfera de cinismo. Los que apoyan la idea, como Francia, creen que un núcleo duro de vía rápida actuaría como un “planeta pesado”, atrayéndolo todo hacia dentro por la fuerza de su gravedad (o, al menos, transformándolos en satélites obedientes). Este es, precisamente, el tipo de resultado que teme Reino Unido. Aún hay otra opinión al respecto: Los escépticos creen, sin embargo, que una “constelación europea del núcleo duro” arrojaría para siempre a los miembros renuentes a los rincones más alejados. La posición de Reino Unido es la de proporcionar apoyo a la idea de las “dos velocidades” pero dentro de la asunción de los escépticos de que distanciará más que acercar a las naciones europeas

Después de todo, ¿qué importancia tiene realmente una Europa a dos velocidades? La verdad es que las “dos velocidades” son fundamentalmente una continuación del statu quo. Ahora ya tenemos un sistema de “geometría variable” en relación con la integración económica (euro) y política de fronteras (Schengen); una Europa “a dos velocidades” simplemente aplicaría el mismo principio a nuevas áreas, tales como política exterior, impuestos o defensa. Y, con la excepción de esta última, Reino Unido buscará, casi con seguridad, formular reservas en todas las áreas.

Inercia

Una Europa a dos velocidades dejaría, por tanto, sin resolver muchos de los problemas que condujeron a la Convención Constitucional. En primer lugar, continuaría el déficit democrático, las Instituciones Europeas permanecerían cubiertas de misterio, sus características más extrañas, como la presidencia rotativa de seis meses, serían mantenidas firmemente en su lugar. Por otro lado, abre la promesa de una integración de “vía rápida” para un grupo selecto de Estados combinado con la posibilidad de formular reservas para aquellos que no estén preparados para comprometerse con un super-estado europeo.

Europa tiene, por tanto, una elección. Bien continúa el proceso constitucional y buscar estructuras políticas claras, o continuar en su deriva actual en la esperanza de que una unión económica y burocrática en continuo proceso de integración algún día nos llevará a un planeta en el que podamos plantar la bandera de doce estrellas de la Unión en una atmósfera política mejor.