En tierra de Lukashenko (epílogo): La dictadura bielorrusia en cinco puntos

Artículo publicado el 17 de Diciembre de 2010
Artículo publicado el 17 de Diciembre de 2010
Quinto y último capítulo sobre los absurdos de la dictadura bielorrusa y de su responsable, Aleksandr Lukashenko. La periodista francesa Claudine Delacroix zanja la serie con cinco preguntas básicas para entender qué ocurre y qué puede llegar a ocurrir, tras las elecciones presidenciales, al otro lado del mini-telón de acero.

1. ¿Es Lukashenko un verdadero dictador?

Desde 1994, Aleksandr Lukashenko detenta la posición más alta de Bielorrusia. Aquellas elecciones fueron las primeras y últimas que la comunidad internacional dio por democráticas. ¿Podemos decir que Lukashenko, ese populista eficaz, retiene el poder mediante comicios libres? Difícil: él utiliza todos los medios a su alcance: opresión masiva, restricción de la libertad de prensa, marginación de opositores... Y otros trucos como el referéndum de 2004, cuando Lukashenko suprimió el límite de dos mandatos presidenciales. Tambén se le reprocha que, durante los años 90, hizo desaparecer competidores importantes y opositores visibles. Incluso si las instituciones democráticas quedan como una fachada, quienes consideran Bioelorrusia la última dictadura de Europa no carecen de pruebas.

2. ¿Por qué Lukashenko sigue ahí desde hace 16 años?

Además de que un cambio de poder en una dictadura es de todo menos fácil, hay tres factores suplementarios que explican su permanencia: (a) El talante populista, que le asegura un apoyo sostenido del 40% incluso en sondeos independientes; (b) El flujo de recursos naturales rusos a precio mínimo, que han permitido un minimilagro económico en Bielorrusia; y (c) Razones culturales: se dice que la población bielorrusa siente una fuerte aversión hacia cualquier forma de inestabilidad.

3. ¿Qué cambia en 2010?

Algunas fuentes afirman que el candidato está apoyado por RusiaEn las últimas elecciones presidenciales (en 2006), había solo un candidato opositor (Aleksandr Milinkevich); esta vez la oposición tiene nueve candidatos, y las relaciones entre ellos parecen funcionar; durante sus intervenciones televisivas han llamado a protestar el día de las elecciones. Eso fue lo que hicieron en los comicios de 2006, cuando 25.000 personas se juntaron bajo temperaturas glaciales hasta que las autoridades se pusieron a perseguirlos por las calles de Minsk. Pero representaban a una parte de la población: eran sobre todo estudiantes, los jóvenes bien informados. En esta ocasión el apoyo de Rusia se ha convertido en hostilidad; Bielorrusia sufre los resultados de la crisis financiera, y el descontento ya alcanza a los menos politizados. Además, Lukashenko, que con menos apoyo ruso debe acercarse más a la UE, ha debido hacer durante la campaña electoral concesiones nunca vistas: los candidatos pueden recoger firmas en lugares públicos, las llamadas televisivas fueron difundidas en directo y sin cortar, y ya es posible lucir otros símbolos nacionales (los que llegaron con la independencia en 1991, antes de que los prohibiese el pro-soviético Lukashenko) pueden ser mostrados sin que actúe la policía. Todavía queda por ver si, tras las elecciones, es posible mantener esta mini-apertura del régimen.

4. Observadores electorales y posibles falsificaciones

Entre los 6.500 colegios electorales se repartirán 400 observadores de la OSCE y otros 400 de la Comunidad de Estados Independientes. También hay dos iniciativas nacionales para observar las elecciones, pero tienen una reputación negativa ya que sus observadores no pueden acercarse a menos de cinco metros de quienes cuentan los votos. Puede ser que esta vez se anule esta regla porque Lukashenko desea que Occidente reconozca los comicios; aunque con esa proporción (800 observadores extranjeros sobre 6.500 colegios electorales), el riesgo que corre el régimen no es muy alto. Otro detalle a tener en cuenta es que las falsificaciones pueden darse sobre todo en el voto adelantado, que en 2006 ascendió al 31% del total.

5. ¿Y después?

Es difícil que los resultados oficiales difieran de lo que desea Lukashenko. Por eso los candidatos de la oposición democrática llaman a protestar el domingo a las ocho de la tarde en la Plaza de Octubre de Minsk. Les gustaría hacerlo para celebrar la victoria, pero es más probable que vayan a denunciar fraude y a exigir la repetición de las votaciones, y sin Lukashenko. Es muy posible que este domingo no aporte nada nuevo, pero que sí comience un lento proceso de descomposición. En el peor de los casos, el régimen recurrirá desesperado a la violencia para devolver al país a un orden férreo. No deseamos eso a los manifestantes; en este momento, la parte occidental del mundo podría no estar tan concentrada en Bielorrusia, sino más bien en las preparaciones navideñas.

©Adrian Maganza/adrianmaganza.blogspot.com; (cc)Igor Svabodin/Wikimedia