Energía nuclear y psicología: Los japoneses contienen sus emociones… no como nosotros

Artículo publicado el 7 de Julio de 2011
Artículo publicado el 7 de Julio de 2011
Ni una lágrima, ni un gemido. Las fotografías de los japoneses aturdidos entre de los edificios en ruinas debido al seísmo de magnitud 8,9 del pasado 11 de marzo evocan menos el grito de Munch que la discreción del samurái. ¿Tópico?
Un periodista francés ha decidido ir más lejos: ¿cómo explicar que los japoneses hayan contenido tanto sus emociones hacia el drama, cuando los europeos ni siquiera pueden contener un suspiro ahogado cuando les ponen un café demasiado frío?

La catástrofe japonesa deja a los europeos de cara a un gran número de sentimientos contradictorios: pavor, compasión, admiración, pero también perplejidad e incomprensión. Nos gustaría poder identificarnos con ese pueblo en duelo, compartir su dolor, pero las imágenes que nos llegan no siempre nos lo permiten. Lo que sí que se verifica en términos de donaciones: en Francia les cuesta desprenderse del dinero, mientras que la solidaridad americana sobrepasa los 20 millones de dólares.

Los europeos habrían perdido la cabeza

Es difícil entender a las personas que caminan alrededor de las ruinas de sus propias casas, que cuentan que han perdido a un hermano, a una madre o a un hijo, sin que podamos ver en sus caras el menor rastro de emoción. Es difícil interpretar la resignación de esos habitantes de la región de Fukushima que se van de una tierra a la que posiblemente no volverán jamás. También es difícil explicar por qué un pueblo que ha conocido el horror atómico durante la II Guerra Mundial se queda tan tranquilo ante la amenaza nuclear. Visto desde aquí, estamos por lo menos casi tan preocupados como ellos… No hay enfado visible con respecto a la falta de información. No hay pánico, no hay saqueos, no hay ninguna avalancha hacia el sur o el extranjero. En los testimonios añadidos por los medios de comunicación, los únicos japoneses que parecen estar verdaderamente preocupados son los que tienen amigos en el extranjero o los que leen la prensa internacional: se debaten entre varias culturas que reaccionan de maneras opuestas a los mismos acontecimientos.

Sálvese quien pueda, yo primero

Nosotros los europeos tenemos fácilmente tendencia a dejarnos llevar por los sentimientos extremos en caso de crisis. El pánico y la cólera son en nuestra casa reacciones, sobre todo, espontáneas. Grecia, Portugal,España e incluso los imperturbables ingleses se han salido a las calles para manifestarse contra sus respectivos gobiernos. Sin evocar mas allá la tendencia de los franceses a quejarse a la primera de cambio, en este vídeo se puede captar la profunda diferencia de temperamento entre franceses y japoneses:

Le Canard Enchaîné, una revista semanal satírica francesa, cuenta en su edición del 23 de marzo una historia interesante. Unos días antes de la primera explosión en la central de Fukushima, cerca de un cuarto de los miembros de la embajada de Francia en Tokio, ¡simplemente abandonaron sus puestos! El jefe de servicios secretos, el adjunto del responsable de las cuestiones nucleares, han sido muchos los que habían hecho las maletas con intención de marchar hacia el sur o el extranjero, antes de echarse atrás algunos días más tarde.

Sin embargo, estas actitudes opuestas no reflejan mucho una diferencia profunda en la comprensión de la catástrofe. “La discreción de los japoneses en lugares públicos es un elemento real y perceptible que se explica con la educación”, considera Bernard Bernier, profesor en el departamento de de antropología de la Universidad de Montreal e investigador afiliado al Centro de estudios de Asia del este. “Se enseña a los jóvenes japoneses a controlar sus emociones, en casa y aún más en el colegio, donde la disciplina es muy estricta. Pero esto no quiere decir que sean insensibles. Pueden manifestar sus emociones, su tristeza, cólera, pero solamente en la esfera privada de sus casas.”

Cólera contenida pero omnipresente

Y los japoneses están enfadados. Con Tepco, la empresa encargada de la explotación de la central de Fukushima, juzgada culpable de arrogancia y de opacidad; pero también contra el gobierno japonés, cuya gestión global de la crisis sufre actualmente un aluvión de críticas. Una cólera atenuada por la voluntad colectiva de mantener la cabeza alta pero que es perceptible de todas maneras al leer blogs y prensa japonesa. Y ese descontento de los japoneses respecto a sus dirigentes se podría manifestar durante las próximas elecciones legislativas, en 2013.

Bernard Bernier también hace caer otro mito, el del carácter “natural” del temperamento japonés: “El control de las emociones en Japón no ha sido siempre así de fuerte. Fue la élite que tomó el poder a partir de 1848 quien impuso progresivamente al conjunto de la sociedad japonesa una ética de orgullo y de discreción, proveniente de los samuráis. Esto fue avanzando progresivamente durante los siglos XIX y XX por el cambio del sistema educativo. Hace unos cuarenta años, la palabra era mucho más libre, sobretodo en ciertas regiones rurales”. En cambio, estas reacciones que nos interpelan, esa voluntad de mantener la cabeza alta ilustran un nacionalismo que les es bien real. “El “nos” en vez de “les” es resultado de la definición de la identidad japonesa, explica el investigador canadiense. Una identidad muy restrictiva, definida por la sangre y reacia a la inmigración.”

Frente a la tragedia vivida por Japón, Europa reacciona como es ella, es decir a flor de piel. Como nosotros manifestamos voluntariamente nuestras emociones, tenemos tendencia a percibir a los japoneses valientes, que lo son, pero también un poco insensibles y fatalistas. Una visión que matiza Bernard Bernier: “Los japoneses no reprimen sus emociones. Las contienen…”

Fotos : Portada: (cc)ID-EasyDoor/flickr ; Texto: (cc)sorarium/flickr ; Fukushima : (cc)Monster and girls/flickr