Entre la mozzarella y el çay

Artículo publicado el 11 de Enero de 2012
Artículo publicado el 11 de Enero de 2012
Después de casi un año pedaleando, nuestros embajadores Mercedes y Luis superan obstáculos en pleno Mediterráneo revolucionario. En esta ocasión, una crónica política y turística desde Bari a Estambul. Estambul Los carontes turcos trasladan ciudadanos y turistas de un lado al otro de la ciudad.
En los días nublados, el límite entre el cielo y el mar es imperceptible, los minaretes desaparecen en la niebla. costa_malaguena.jpg En el gris se puede ver alguna gaviota alrededor de la Torre Gálata, mientras el muecín llama a la oración; en los días de sol, las cúpulas brillan en un skyline formado por mezquitas y tejados, árboles desnudos y torres flotando sobre el estrecho del Bósforo al ritmo del sacro reclamo. En este mar se encuentran Europa y Asia, el Mar Negro y el Mar del Mármara. Y un poco de Mediterráneo. Tras diez meses, 12.000 km, y muchas historias que contar, se les han unido también Luis y Mercedes (Tandem Nostrum), los jóvenes ciclistas que partieron hace casi un año de Sevilla con un tándem y un sueño, unir a golpe de pedal las ciudades del Mediterráneo, hacer resurgir en las orillas del mar el sentido de la pertenencia común.

Y aquí, sobre el Bósforo, los reencuentros.

Foto: Costa de Málaga, España

costa_azul.jpg Con emoción, dudas y tristeza, los había dejado cuatro meses atrás en el otro lado , en Bari, con los rostros bronceados y las piernas descubiertas, bebiendo cerveza y comiendo panzerotti, cuando yo comenzaba a hablar español y ellos ya dominaban la lengua italiana. Ahora estamos más blancos y más tapados, a menudo se habla en inglés, se toma el çay a cualquier hora del día, se comen doner kebabs y comidas especiadas. Ha acabado el verano, pasado el otoño y llegado el invierno, después de haber atravesado la costa adriática, cruzado la frontera italiana, pedaleado por los Balcanes y Grecia, muchas cosas han cambiado. Foto: Costa Azul, Francia

italia_tirrenica.jpg La crisis económica europea al norte y las revueltas árabes al sur del mar, han hecho cambiar gobiernos y derrocar dictadores. En su país, España, los ciudadanos han elegido un nuevo líder, mientras que en el mío, Italia, el cambio no ha sido fruto de una elección popular, sino de una decisión técnica tomada a medias entre los bancos y las instituciones. En Libia un dictador ha sido asesinado. En Túnez y en Egipto dos dictadores han dimitido y, para elegir a sus sucesores, ha votado el pueblo. En el primer caso se trata de las primeras elecciones libres desde hace veinte años, en el segundo, siguen manifestándose con sangre. Un poco más al este, en Siria, otro dictador resiste y, en su contra, la población está ya militarmente organizada y sigue enfrentándose a las fuerzas del gobierno.

Foto: el mar de la Italia Tirrénica

Se cierran así las puertas de un país impenetrable. Y si los enfrentamientos no paran de provocar muertos, una cifra que en diciembre se estima pueda ser de más de cinco mil ¿Cómo se puede pensar en atravesar también esta frontera? Un tándem es solo un tándem y no un observatorio internacional.

en_Balcanes.jpg Sin embargo, observar es una de las actividades principales de Luis y Mercedes. Observan el cambio en los paisajes, del caos de la costa italiana al orden turístico de la costa croata, hasta llegar a la desolación de las ciudades albanesas que parecen estar siempre en guerra. Observan cómo cambian los caracteres de la gente, y comparan la casi invasiva hospitalidad italiana con la más desconfiada, pero siempre cálida, del pueblo montenegrino. Observan la pobreza y la interacción entre cooperantes internacionales y la población local. Observan la mano del hombre que destruye la belleza natural y construye, pero aprecian la naturaleza intacta donde hay paisajes exterminados y pocos núcleos urbanos. Allí es difícil encontrar gente, entonces pueden confraternizar con otros ciclistas, cada uno viviendo su propia aventura, unos desde Francia a Turquía, otros con la familia por todos los Balcanes. Observan la evolución de los procesos históricos. En Grecia, el turco es visto como un enemigo y, de la milenaria tradición clásica, ha permanecido intacto el aspecto militar, mucho más que el artístico. Sin embargo, en las casas se puede bailar el ρεμπέτικο (rembetiko) música popular griega que recuerda al tango argentino, el fado portugués o el flamenco español, acercándose así a melodías turcas.

Foto: Mediterráneo en los Balcanes

De música en música, dejan Grecia, abandonan las dos ciudades militarizadas en la frontera de Evros y se adentran en Turquía. Aquí, en Estambul, todo se reúne. El Mediterráneo con Mar Negro, el pasado del Imperio Romano de Occidente con el de Oriente, la historia andaluza con la otomana. La hermana de Luis, una pareja de amigos llegados desde Suiza y yo, con ellos.

La casa donde nos alojamos es también una escuela de idiomas en la que otra joven pareja, Tugrul y Ozge, imparten lecciones de inglés y español. En la cocina se bebe té, en el salón se practican diálogos bilingües de día y se bailan sevillanas, la taranta y el sirtaki de noche. Entre un negocio vintage a la última moda de Beyoglu y la tranquila meditación de una mezquita de Sultán Ahmet, entre el caos de un bazar y el refinamiento de un museo de arte contemporáneo, la cultura mediterránea se enriquece con un patrimonio que es a la vez occidental, oriental, europeo, asiático, árabe. Demasiado grande y rico para que el viaje de Luis y Mercedes se acabe.

Aunque las últimas noticias enturbian la posibilidad de atravesar Siria y, desde la embajada, la prohibición se hace oficial, con la ayuda de la familia turca y la confianza de siempre se organizan y deciden adaptarse al cambio.mar_arado__Grecia.jpg Que las dos ruedas se conviertan en cuatro para explorar Turquía, y que se embarquen en un avión para sobrevolar Siria, aterrizar en Jordania, Egipto, Túnez, y seguir pedaleando.

Los observo mientras organizan el viaje porTurquía. Frente al mapa beben el enésimo çay. Tugrul indica lugares para visitar, y piensa en los amigos que en las distintas ciudades podrían acogerlos. Mercedes lo apunta todo en su agenda. Luis se pregunta sobre tiempos y kilómetros por recorrer. Trato de imaginar los nuevos lugares maravillosos que les esperan. Egeo, Anatolia, Capadocia.

Otra vez junto al mar, de nuevo triste por dejarlos, los despido. Pero puedo traer buenas noticias a quien me pregunte por ellos. La familia está unida, los viajeros preparados para el cambio.

Foto: Mar arado, Grecia

Tanto en coche como en tándem, en la bodega de un avión o a dos ruedas, seguirán viajando las ganas de observar, conocer, descubrir, adentrarse en aquello que convierte al Mediterráneo en algo tan fascinante: la diversidad y el encuentro.

Superando las dificultades para hacer emerger de ellas la riqueza y la belleza.

Marta Vigneri

Traducción: Elena Urbina

Fotos: Tandem Nostrum