Entrevista con el diputado José Asenjo sobre la entrada de España en la UE

Artículo publicado el 3 de Febrero de 2003
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 3 de Febrero de 2003

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

"El ingreso en la CEE fue un motor que hizo que las elites políticas y económicas del país favoreciesen el proceso democrático. "

Como planteamiento general, ¿tuvo la CEE una influencia efectiva en los procesos de democratización de nuestro país, o estos procesos obedecen a una necesidad intrínseca de la política y la sociedad española del momento?

El ingreso en la CEE fue un motor que hizo que las elites políticas y económicas del país favoreciesen el proceso democrático. Por otra parte, para los demócratas españoles Europa era el modelo a seguir, el horizonte en el que nos fijábamos.

¿Fue esta influencia algo concreto, marcado por un calendario establecido, o se basó más en valores abstractos que sobrevolaban la atmósfera de cambio de aquella época?

En España lo que motiva más el cambio político y social fue el desarrollo económico de los años 60. Eso, a lo largo de los años 70 va generando una demanda democrática, una oposición al régimen. El calendario lo fija la muerte de Franco, pero lo que preparó el ingreso en Europa fue el cambio económico, ya que dio lugar a una generación que quería homologarse a los países modernos.

...Y en ese cambio de mentalidad también influyó el feedback de la inmigración que se había ido a Europa, que había visto ese horizonte...

Sin duda. Los millones de españoles que emigraron a Europa contribuyeron al desarrollo económico del país con la entrada de divisas. Pero esa gente también conoció otros modelos sociales y económicos, basados en la democracia, que luego se pudieron importar a España.

¿En qué sectores políticos se sentía con más fuerza el interés por la CEE?

Hay que tener en cuenta que la izquierda encontró bastante respaldo en partidos homólogos en Europa, alemanes, franceses, italianos. Tanto los comunistas como los socialistas europeos apoyaron a los partidos españoles de la oposición al régimen y eso favoreció la identificación con Europa. Había una minoría de la derecha, del centro derecha, que también se sentía próximos a la idea de Europa. Pero fue la izquierda el sector que más se identificó con Europa y el que tuvo como estrategia la homologación con los países europeos.

Pero en España tenemos el ejemplo de partidos de izquierda, de tinte comunista como IU, que a posteriori se han opuesto a Europa, identificándola con el capitalismo y el neoliberalismo, y no con una Europa más social, más próxima a los ciudadanos.

Una cosa es la seducción por las democracias europeas que se podía sentir en la izquierda y otra la aceptación del modelo de Unión Europea que, en el caso de los comunistas, no se ha aceptado.

¿Había conciencia en la sociedad, en el pueblo, de la importancia de Europa o fue algo que partió de los políticos y elites intelectuales y que luego se pasaría al pueblo?

Yo creo que ha habido siempre una atracción, que los españoles siempre han visto a Europa como el modelo a seguir, además históricamente. Otra cosa es la aceptación o la difusión de las políticas concretas a aplicar... El pueblo español es muy europeísta y había un deseo muy fuerte de que España dejase de ser esa “rareza” aislada del continente. Sentirnos europeos era un afán de toda la sociedad.

¿Se veía la CEE como una meta imprescindible durante la transición o como objetivo fue algo que vino después, ya con la estabilidad política?

Más que una meta fue un instrumento. El objetivo democrático era en sí mismo importante, pero este objetivo iba vinculado a la política europea. Si entrar en Europa era una aspiración política, social y económica, para conseguirlo se era consciente de que había que ser un país homologable a Europa desde el punto de vista democrático. Además, las instituciones económicas españolas sabían que el futuro económico de España pasaba por Europa, y los poderes fácticos obraron en este sentido.

¿Se veía la entrada en la CEE como una necesidad política de apertura al exterior tras años de aislamiento, o pesaban más los factores económicos?

En la sociedad española Europa se relacionaba con el bienestar. No había tanto una voluntad política de acabar con una España aislada como un deseo de bienestar. Incluso desde el punto de vista ideológico, la izquierda tradicionalmente más europeísta española, es decir el PSOE, no tenía un planteamiento homogéneo sobre las cuestiones de política exterior.

¿Hubo en ese sentido un cambio en el PSOE cuando se llegó al poder como ocurrió con la OTAN?

No, el caso de la OTAN fue radical. Mientras que sobre Europa había quienes se sentían más próximos, políticamente hablando, al entorno mediterráneo que al europeo, la mayoría aceptaba sin problemas que el bienestar pasaba por el acercamiento a Europa, entendiendo ésta como la CEE, el modelo centroeuropeo. Con la OTAN todos estuvimos en contra de ella, y luego todos a favor. Lo cierto es que, una vez dentro de Europa, era casi imposible no vincular el modelo político con el modelo de defensa.

Como diputado andaluz, ¿cómo se ha experimentado la Unión Europea en zonas tradicionalmente menos desarrolladas como Andalucía o Extremadura?

El caso de Andalucía y de otras regiones ha sido espectacular. Si Andalucía ha tenido un crecimiento anual por encima del 3% puede ser que dos de esos puntos hayan sido gracias a las ayudas europeas. Andalucía ha cambiado su piel, sus infraestructuras, su sociedad y ha sido en parte gracias a Europa. En ese sentido Andalucía siempre ha sido muy pro-europea porque sabía de lo beneficioso que era estar en Europa.

Actualmente, con la posible ampliación de la UE a países del Este, surgen recelos por parte de determinados países y sectores que verán perjudicados sus intereses. Esto también ocurrió cuando España entró en la CEE, ¿existía conciencia de estas animadversiones? ¿cuál fue la experiencia?

En general en aquella época la CEE tenía muchos intereses en la ampliación hacia el mediterráneo. Evidentemente, un país con una agricultura potente como España, que iba a provocar un aumento en las aportaciones a las subvenciones agrícolas, suscitaba recelos. Había dos cuestiones: por un lado la extensión hacia el Mediterráneo de la CEE; por otro, había unos liderazgos europeos que hacían avanzar los procesos de ampliación por encima de los intereses nacionales.

¿Ve posible que hoy día estos intereses particulares puedan llegar a paralizar una ampliación?

Los nacionalismos cada vez tienen más peso. Es un elemento que distorsiona la marcha de la UE. Sin embargo, creo que la ampliación es un proceso imparable, desde el punto de vista político y económico. España va a ser un país perjudicado por la ampliación, pero este proceso no se discute, es imparable. Ninguno de los partidos que pueden tener homologación en Europa discute que el proceso es imparable, lo que no sé es si los partidos [de izquierdas] tendremos capacidad para desvincularnos de los Estados-nación y ser más transnacionales. Ahí tenemos que avanzar mucho y ser algo más que la suma de partidos nacionales, para poder desarrollar políticas transnacionales.

Además de la limitación hacia arriba, hacia lo transnacional, parece que la izquierda se encuentra con enemigos por ”abajo”, nacionalismos regionales...

La crisis del Estado-nación ha favorecido los localismos, pero hace falta que los partidos nacionales se conviertan en partidos transnacionales. Los intereses de la derecha son más claros, son puramente económicos y van a defender lo transnacional desde ese punto de vista. La izquierda tiene que construir el espacio transnacional político, social, que haya sindicatos transnacionales, que haya partidos transnacionales... eso es mucho más complicado.