Entrevista de la NSA a Obama: lo que importa es la buena onda

Artículo publicado el 25 de Enero de 2014
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Artículo publicado el 25 de Enero de 2014

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Obama por fin con­ce­dió su an­he­la­da en­tre­vis­ta con la te­le­vi­sión ale­ma­na. Tras el es­can­da­lo de es­pio­na­je de la NSA, Ale­ma­nia an­siaba tener res­pues­tas. En la en­tre­vis­ta hay al­gu­nos pun­tos a des­ta­car, pero nada de lo que se es­pe­ra­ba. Lo que es evi­den­te a pri­me­ra vista es la ha­bi­li­dad que tiene Obama de asen­tir con sim­pa­tía y crear con­fian­za.

La in­for­ma­ción en que la al­can­za­da ver­dad del es­pio­na­je de la NSA había sido re­ve­la­da gra­cias a un solo hom­bre, Ed­ward Snow­den, no se hace nin­gu­na men­ción al res­pec­to. Es ló­gi­co, ya que los días en que la vi­gi­lan­cia 'amis­to­sa' de EE.​ UU. a Eu­ro­pa están muy lejos de ter­mi­nar. Obama evoca "con­fian­za" por­que real­men­te no tiene nada que hacer. 

Lo que queda en su lugar son obli­ga­cio­nes au­to­im­pues­tas, tales como el dar por sen­ta­do que el móvil de Mer­kel de­ja­rá de ser in­ter­cep­ta­do. No habrá acuer­dos bi­la­te­ra­les para con­sa­grar tales cosas por es­cri­to. Obama ha de­ja­do en claro una cosa: lo que im­por­ta es la me­jo­ra de los sen­ti­mien­tos ale­ma­nes hacia los EE.​UU., no una mejor ga­ran­tía con­tra el robo de datos. No era, por lo tanto, una dis­cul­pa de EE.​UU. por la in­tru­sión en la so­cie­dad ale­ma­na.

Aún más asom­bro­so es como Claus Kle­ber, edi­tor del ZDF (Se­cond Ge­many Te­le­vi­sion, Ed.) to­da­vía cree en el pri­mer dis­cur­so pro­nun­cia­do de Obama hace cinco años ante el mo­nu­men­to de gue­rra, la Co­lum­na de la vic­to­ria. Kle­ber des­cri­be con gran de­ta­lle uno de los días más ex­ci­tan­tes de su ca­rre­ra pe­rio­dís­ti­ca- el día que cu­bría el dis­cur­so de Obama. Kle­ber, to­da­vía en­tu­sias­ma­do acer­ca de la 'es­pe­ran­za' que pro­me­tió Obama; Kle­ber le hace un gran favor al pre­si­den­te es­ta­dou­ni­den­se.

Obama comenta con so­ber­bia, que el día a día, le ha dado su mejor nivel como pre­si­den­te. Eso es de agra­de­cer. La buena me­mo­ria de Kle­ber des­vía nues­tra aten­ción lejos de las es­cu­chas te­le­fó­ni­cas, algo que en reali­dad de­be­ría estar pues­to bajo de­ba­te. Pero desde luego, lo que real­men­te im­por­taba era vol­ver a re­cu­pe­rar la "buena onda".