Errico Malatesta, sueño y despertar de un anarquista europeo

Artículo publicado el 1 de Mayo de 2012
Artículo publicado el 1 de Mayo de 2012
Esta es la historia de un héroe de otra época, Errico Malatesta (1853-1932), propagandista y revolucionario, director del periódico Umanità nuova. Un nuevo libro reconstruye su historia, desde sus primeros años en el sur de Italia hasta su exilio en Inglaterra y posterior regreso a su patria.

Barba larga y negra, ojos fijos en el objetivo que captura la fotografía: es Errico Malatesta (1853-1932), el anarquista que atravesó fronteras y habló en mítines por todo el mundo para difundir la idea más obstinada y derrotada de la historia y que ahora regresa a nuestros días de la mano de Vittorio Giacopini, un escritor italiano que, en su último manuscrito, Non ho bisogno di stare tranquillo (Eleuthèra edizioni, 2012), nos presenta al “revolucionario más temido por todos los gobiernos y comisarías del reino", como indica el atractivo subtítulo del libro, publicado en enero.

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El hilo conductor de esta obra es el recuerdo; un anciano débil, enfermo y encadenado a una bombona de oxígeno, que vive escondido en la calle Andrea Doria, en Roma, y cuyos días transcurren monótonos pero colmados con el eco del recuerdo. Descubrimos así una vida "decimonónica", por ser romántica y heroica, pero embestida por la convulsa historia del siglo XX. Nos encontramos con un ideal testarudo, temido, excluso, que aguarda y estalla y que, sin duda, pierde. Pero si la historia de los perdedores, ignorada por las grandes crónicas, tiene mucho que decir, Errico Malatesta muestra una tenacidad completamente humana, que cae, se levanta, y sonríe.

Una historia revolucionaria que atraviesa Europa

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La literatura cubre el hueco de la intimidad, una dimensión ausente en los escritos de Malatesta, e ilumina a un personaje que, irónicamente y a su pesar, se convierte en una especie de “santo” de la época, el “Lenin italiano”, el agitador, la mecha de una revolución que nunca estalló. Así, el autor recrea una figura que permanece en verdad heroica, a su modo, pero que duda, se preocupa, recuerda con ironía y, en definitiva, asume sus derrotas, necesarias pero jamás inútiles.

La revuelta del Matese, llevada a cabo por jóvenes anarquistas tan armados como desorganizados, un sur de Italia rural al que sublevar y pueblos perplejos ante tanta teoría política, es donde Malatesta irrumpirá diciendo “los fusiles y los escudos os los hemos dado, los cuchillos ya los tenéis. Si queréis, levantaos, y si no, os jodéis”. Después de eso, no se "jodió" por nada.

La prisión, el exilio, los viajes, los mítines y las esperas, interminables, agotadoras, antes de la acción, antes del estallido del movimiento, son como una brecha revolucionaria, que altera el orden durante horas, días y, cuando va bien, semanas, convirtiendo el ideal en algo tangible. “Soñar con un mundo en el que todos sean felices”, podría ser el título de la redacción de un colegial. Sin embargo, descubrimos que era un ideal, una dura lucha, feroz y extraordinariamente tenaz, que atravesaba Europa,  de Italia hasta Londres, París, y que después se embarcaba hasta Egipto y, más adelante, al otro lado del océano.

“Sueños desmesurados y necesarios”

La historia ha tomado otros caminos e ideologías con resultados notoriamente trágicos, y la actual cultura política, al igual que la literatura, no se hacen eco del pensamiento anarquista. Es lógico… la sociedad no osa debatir sobre sí misma, hasta tal punto que en los libros de Historia los movimientos, las revueltas y las experiencias de interés común ocupan unas pocas líneas, cruel equivalente de sus pocos días de vida. Atentados, robos, violencia; todos los disturbios eran atribuidos a los anarquistas (una vieja práctica que hoy en día sigue en boga), esos personajes míticos e idealizados, peligrosos y terroristas (no todos), persecutores, peones, encarcelados, excluidos de la Internacional y de todos los demás movimientos por sus sueños y proclamas exageradas, demasiado alejadas de todo. Solos y justos, con “sueños desmesurados y necesarios”.

Grasiento por el aceite y fascinado por los vehículos a dos ruedas, Malatesta vende, repara y fabrica bicicletas en el lluvioso Londres de principios del siglo XX. De esta manera, como si de un personaje futurista salido de la pluma de Marinetti se tratara, parece un ecologista de otra época, pero aún así un hombre práctico que une el pensar con los sucios trabajos manuales, como si, de vez en cuando, cansado de tanto hablar y de tanto escuchar, quisiera crear algo tangible, un medio que se pudiese coger con las manos. Allí, el recuerdo se desencadena desde Ancona, laboratorio anárquico, hasta la bomba en el teatro Kursaal Diana de Porta Venezia, en Milán: rabia, crimen y devastación.

Estamos ante unas páginas que, voluntariamente, confunden historia, leyenda y pura literatura (los lectores habituales de Giacopini pueden jugar a desempolvar su fantasía como ocurría en L’arte dell’inganno), pero poco importa, lo dijo Malatesta y el autor lo suscribe: transmitir estas historias, poco conocidas o distorsionadas, es un “destello de luz que impulsa a la reflexión” y la fantasía no resta necesariamente valor histórico. Los excesos actuales y la crisis del sistema capitalista nos obligan a volver la vista a estas experiencias: redescubrir la solidaridad, el cambio y la voluntad de tener menos, si así se consigue que tengan todos. No se pone en tela de juicio al Estado, que garantiza, más o menos, nuestros derechos, pero aún se mira, a veces inconscientemente, a esta doctrina, o más bien a su esencia, para reencontrar una dimensión más humana y crear una “vida consciente y activa”.

Londres, julio de 1913, frío, lluvioso, extranjero (hasta para un anarquista que rechaza el concepto mismo de frontera) es la ciudad de la espera y del exilio. Pero allí tampoco muere la idea; se entremezcla con la vida y espera. El febril deseo de acción une al anarquista que regresa a Italia a un capitán de barco de la compañía de D'Annunzio, Giuseppe Giulietti. Ambos están dispuestos a “arriesgarlo todo” por la insurrección. ¿Es cierto? ¿Sucedió de verdad? Descubridlo vosotros.

Fotos: portada, drawpunk/flickr; texto:Malatesta, © Centrostudilibertari.it; portada del libro: © Eleuthéra Editrice; video  tributo a Malatesta replicanotube/youtube.