Es el momento del federalismo

Artículo publicado el 8 de Noviembre de 2004
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Artículo publicado el 8 de Noviembre de 2004

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A pesar de las apariencias, la Europa política está en malas condiciones. Por eso, Café Babel os emplaza a discutir sobre ello el 10 de noviembre en Bruselas.

Europa no está bien. Nada han podido hacer las fanfarrias del Campidoglio, las sonrisas forzadas y las proclamas con ocasión de la firma de la Constitución Europea el pasado 19 de octubre en Roma.

El drama de la Unión Europea: doce años de parálisis

Siendo cierto que el aplazamiento de la votación en el Parlamento Europeo sobre la Comisión Barroso constituye una victoria del único órgano democráticamente elegido de la Unión Europea, hay sin embargo que mirar de frente a la realidad. Por tanto, hay que reconocer que el "No" de Estrasburgo representa el enésimo tropiezo de un proyecto europeo que no termina de despegar en los últimos 12 años. Todas las grandes conquistas europeas de los últimos años, desde el lanzamiento del Euro a la Ampliación, fueron acordadas en Maastricht en 1992, en un efímero golpe de lucidez política. A fin de cuentas, el final de la guerra fría prácticamente impuso a Europa la visión de un proyecto para un continente apenas liberado del yugo totalitario. El mundo en su conjunto imploró a los europeos el dejar al menos algo bueno en el final de un siglo, el XX, que los vió protagonizar los más terroríficos genocidios.

Debemos siempre conformarnos

Après ça, le déluge ("mientras dura, vida y dulzura"), que dirían los franceses. El Tratado de Amsterdam de 1997 fue como coger agua con un cubo sin fondo. El de Niza en 2000, fue un "monstruo institucional" trabajosamente negociado (a puerta cerrada) y después rápidamente repudiado por su propios creadores. La prometedora experiencia del Tratado constitucional recién firmado ha sido llevada a buen puerto sólo después de meses y meses de formidable subasta (a puerta cerrada, claro está) organizada entre los Estados miembro. Todo esto para terminar en un menos que mínimo común denominador que podría naufragar si un único Estado -tal vez la propia Francia- lo rechaza en referendum.

No sólo eso. El propio Presidente designado de la Comisión, el portugués José Barroso, ha sido elegido mediante un proceso lento y poco transparente. Una decisión de compromiso, como se decía antaño. También es esta elección un "menos que mínimo común denominador", cuyo único mérito consiste en poner a todo el mundo de acuerdo. Todos, menos el Parlamento Europeo, claro, que ha obligado a Barroso a acometer una remodelación del colegio de comisarios. Un colegio que, recordémoslo, ha sido elegido por los Jefes de Estado y de Gobierno, no por Barroso como en cualquier sistema democrático que se precie.

El Federalismo: ¿una quimera?

Pero Europa se merece algo más. Los desafíos de la globalización, el conflicto de Oriente Medio, la economía que no arranca y los embates de la deslocalización industrial en Asia y de la escasa competitividad reclaman una Unión Europea mucho más ágil, eficiente y democrática: en una palabra, más federal. Por ello, Café Babel lanza el debate: ¿está muerto el federalismo europeo? En principio, centrar la idea federal dentro del debate público puede parecer una mera provocación. En estos tiempos de pragmatismo, de retorno de la realpolitik y del interés nacional, el federalismo parecería todavía más un sueño, "un mito", como nos recuerda Nicola Dell'Arciprete.

Y sin embargo, han pasado casi cincuenta años desde que se aprobaron los Tratados de Roma cuando, abriendo el proceso de integración económica, se dijo que paso a paso se alcanzaría la integración política plena del Viejo Continente. La promesa de Roma consistía en una Europa unida, impregnada de democracia en todos los niveles de gobierno. Hoy nos sentimos dramáticamente lejanos de aquel sueño. Ello es así, no obstante la integración económica esté hoy prácticamente finalizada con el Mercado Único, el Euro, la libertad de movimiento de los ciudadanos, y un derecho mercantil que se impone a las diferentes legislaciones nacionales.

¿A qué espera Europa para convertirse en Estado federal? Estamos aprobando una nueva Constitución, dirán algunos; el federalismo no está en el orden del día. Sin embrago, esta reacción, por más que justificada, está fuera de lugar. Al menos si creemos lo suficiente en el poder de la sociedad civil europea. Una Europa federal significa sobre todo un espacio político dotado de medios de comunicación, partidos, sindicatos y asociaciones transnacionales. Es por esto que hemos reunido en un mismo espacio físico a líderes políticos como el ex-disidente polaco Bronislaw Geremek, periodistas como Michel Theys, artesanos del federalismo como el que fuera mano derecha de Altiero Spinelli, Virgilio Dastoli, investigadores, y hombres de negocios como Bruno Bonduelle. El objetivo: poner en el centro del debate la espinosa cuestión de la construcción de una democracia transnacional. Sin tabúes, sin partidismos. Porque es el momento del federalismo. Cita el 10 de noviembre en Bruselas.