Es la prensa,baby!..hablemos de ello…

Artículo publicado el 14 de Septiembre de 2007
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 14 de Septiembre de 2007
Muchos consideran que Italia es un país “cívico”, “democrático”, “abierto” y “tolerante” que respeta los derechos humanos, civiles y políticos en mayor medida que otros países…y por eso mismo, conjuntamente con otros pocos países del mundo, reclamamos el derecho (y hasta el deber) de congregarnos en cumbres y formar alianzas –todos bajo nombres estrafalarios- para debatir y decidir sobre la
suerte del resto de la humanidad, para definir y hacer frente a los problemas que ésta plantea, para dar fuerza al desarrollo económico. Somos los más afortunados y los más “desarrollados”, y damos por supuesto que todo el resto quiere llegar a nuestro nivel, a vivir, como nosotros, en “el mejor de los mundos posibles”. Gracias a la complicidad de la contaminación informativa hace tiempo que hemos dejado de reflexionar sobre esta nuestra “cándida” presunta verdad. Y sobre todo sobre las grandes contradicciones que se desprenden de ella. Por ejemplo, si bien es verdad que somos así de cívicos y respetuosos como nuestra Constitución afirma, ¿cómo es posible que nuestro país carezca de una ley sobre el derecho de asilo (sustituida provisionalmente por la llamada Bossi-Fini)? ¿Cómo podemos juzgar “el nivel de democracia” de otros países si cada día empujamos hacia la fronteras a todos los “clandestinos” o “desesperados” que escapan, precisamente de la escasez de derechos que reina en sus hogares y que nosotros pretendemos sustituir con bombas –o mediante acuerdos internacionales? ¿Cuáles son las unidades de medida del civismo?, ¿cuáles los índices de democratización y de libertad de un país? Quizás se trate de una valoración imposible de realizar…y por lo tanto debamos limitarnos a hacerlo según la “percepción”. ¿Qué es lo que denota que somos más libres y respetuosos para con los derechos? Si la gran mayoría de los medios de comunicación dedican casi la totalidad de las noticias que tienen que ver con la inmigración a delincuencia, emergencia y drama, lo que hay que preguntarse es cuáles son los principios y los valores que guían el trabajo y el papel de cada uno, cuando éste va dirigido a la opinión pública. Tendremos que ser nosotros, los ciudadanos, los que nos lo preguntemos. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para la Ayuda al Refugiado (ACNUR) ya lo ha hecho explícitamente con la propuesta de instaurar una nueva deontología. Seguramente, nos dirían: “tenemos familia”, “nosotros también tenemos que trabajar”, “existe una crisis de lectores”, “hay que crear lectores y llamar la atención para vender”, etc., etc., etc. ¡Ya! ¡Es la prensa, señor mío! Pero…hablemos de ello