Es tiempo de que la Comisión Barroso actúe

Artículo publicado el 7 de Febrero de 2005
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Artículo publicado el 7 de Febrero de 2005

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Las parlamentarias europeas y defensoras de los derechos de la mujer Lissy Gröner y Pia Locatelli expresan su opinión sobre la posible entrada de Turquía en la UE.

El debate sobre la adhesión de Turquía a la UE ha despertado el temor sobre el impacto que la entrada de un país tan poblado, con una historia y una tradición cultural en gran medida tan diferentes, puede tener sobre la UE. No se puede negar la legitimidad de algunas dudas que han surgido en el debate, en particular sobre el fracaso de Turquía para garantizar la protección de los derechos humanos de sus ciudadanos, y muy especialmente de las mujeres. Lissy Gröner, miembro de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Oportunidades del Parlamento Europeo y la europarlamentaria italiana Pia Locatelli, presidenta de la ONG Internacional Socialista de Mujeres son dos de las voces que han expresado su preocupación al respecto.

Reconociendo el problema

Gröner describe los derechos de las mujeres como un “asunto clave”, al condicionar de forma notable su posición respecto a la entrada de Turquía en la UE. Como Locatelly, se posiciona a favor de comenzar las negociaciones con Ankara, pero subraya en que el país tiene aún mucho que avanzar antes de poder ser considerado una parte de la Unión Europea. “No está garantizado que la apertura de negociaciones dé como resultado un “sí” a la entrada de Turquía” afirma Gröner. “Turquía ha realizado un gran esfuerzo para aplicar los criterios de Copenhague. Pero los Criterios de Copenhague suponen también una aplicación completa de la democracia, y no hay democracia completa si los derechos de las mujeres no se aplican de forma completa”. Locatelli es un poco más positiva señalando que “al menos ahora se reconoce la existencia de la violencia contra las mujeres en la sociedad turca, cuando hace algunos años no se consideraba un problema”.

Uno de los principales problemas para Gröner es la ausencia de voz política de las mujeres turcas, a pesar de la existencia de mujeres políticas y habiendo existido incluso una mujer Primer Ministro entre 1993 y 1995. Locatelli contribuye en cierta medida a explicar este fenómeno: “recuerdo una conversación con Turkan Akyol, antigua Ministra turca para las Mujeres. Ella me explicó que es difícil llegar a las mujeres por las diferentes situaciones y mentalidades que se pueden encontrar en Turquía”. Ahora el Parlamento Europeo se ha fijado la tarea de establecer hasta qué punto los derechos de las mujeres (como el derecho a la integridad mental y física, la libertad de expresión y el derecho a elegir el matrimonio) están protegidos. Una delegación de miembros del Parlamento Europeo visitará el país en febrero, celebrando reuniones con mujeres y políticos, con el objetivo de redactar un informe sobre la realidad de Turquía. Sobre el papel, la situación de los derechos de la mujer en Turquía es ejemplar. La labor de la delegación del Parlamento será establecer si la situación es así en realidad. En algunas zonas, particularmente en las que la Sharia sigue vigente, esto parece improbable.

¿Debería actuar la UE?

Pero, ¿es función de la UE controlar los derechos de las mujeres en Turquía, o incluso en los actuales países miembro?. Gröner así lo cree y para ello cita la Constitución de la UE: “Quizá no existe un artículo específico sobre la violencia contra las mujeres, pero creo que las referencias a los derechos de los ciudadanos y la Carta de Derechos Fundamentales otorgan a las instituciones de la UE competencias para la intervención”. Sin embargo, el Parlamento Europeo no está dispuesto a esperar a la ratificación de la Constitución para proteger los derechos de las mujeres. En noviembre, el grupo socialista del Parlamento Europeo lanzó un plan de acción sobre la violencia contra las mujeres, aplicable tanto dentro como fuera de la UE. El plan, liderado por Gröner, realiza cinco peticiones a la Comisión: políticas vinculantes para combatir toda forma de violencia contra las mujeres y proteger los derechos de las mujeres; exhaustivas estadísticas sobre la violencia sufrida por las mujeres en la UE; una campaña de “tolerancia cero” con la violencia ejercida contra las mujeres; la designación del año 2006 como Año Europeo de Acción contra la Violencia de Género; y el desarrollo del programa europeo Daphne II, que apoya las organizaciones que tratan de prevenir la violencia contra la infancia, juventud y mujeres. “Articulamos este plan de acción porque creo que ha llegado el momento de que actúe la Comisión Barroso”, defiende Gröner. “Hemos tomado decisiones, hemos debatido estos asuntos en el Parlamento, pero finalmente los asuntos de violencia de género no están suficientemente en la agenda política”.

En realidad, Turquía no es el único país con una situación dudosa respecto a los derechos de las mujeres. Gröner afirma rotundamente que Turquía no debería ser el único país que destacara por malas prácticas, ya que, defiende, las mujeres están mejor integradas en la economía que en algunos miembros actuales de la UE y están bien representadas en la Universidad. “Los identificaremos y les acusaremos si fuera necesario” añade refiriéndose a los 25 miembros actuales. Pero a pesar de la diversidad de situaciones en la UE respecto a los derechos de la mujer, Gröner cree que la aspiración de Turquía de unirse al club europeo tiene que acompañarse de mejoras en la situación de la mujer. “Esperemos que Turquía se adhiera a la UE si ello significa una mejora de las condiciones de vida de la mujer turca. “Es cierto además, concluye Locatelli, que Turquía tiene una alta importancia estratégica para la Unión Europea, ya que podría actuar como un puente cultural hacia el medio oriente musulmán”.