Escocia independiente: la apuesta de Edimburgo

Artículo publicado el 16 de Septiembre de 2014
Artículo publicado el 16 de Septiembre de 2014

¿Independencia de Londres? Se acerca la hora del referéndum, fijado por el Parlamento de la Royal Mile para el 18 de septiembre. En Edimburgo empieza la partida sobre la futura moneda y el petróleo. Mientras tanto, las casas de apuestas están de celebración: récord de apuestas en Glasgow y una recaudación prevista de siete dígitos.

El UKIP (Partido para la Independencia de Reino Unido) de Nigel Farage se apoderó de uno de los escaños escoceses del Parlamento Europeo. Llegó con fuerza, aunque no la suficiente como para superar al Scottish National Party (SNP) del ministro principal Alex Salmond. De hecho, la carrera del líder del UKIP se detuvo en el 10,5% frente al 29% del SNP, porcentaje este último muy reducido en comparación con las elecciones de 2011, en las que el SNP obtuvo el 45% de los votos y el 53,5% de los escaños del Parlamento escocés. Una derrota que podría tener consecuencias negativas en el gran objetivo del partido del gobierno, constantemente empeñado en recalcar las diferencias entre Escocia y el resto del Reino Unido.

Son varias las preguntas que los escoceses (y no escoceses) se plantean acerca de lo que podría suceder en caso de una victoria del . Basta con entrar en un pub y preguntar por ahí para darse cuenta de que hay mucha incertidumbre. Sobre la mesa están la moneda que se utilizará más allá del Muro de Adriano, la explotación de los yacimientos petrolíferos del mar del Norte o el destino de los misiles nucleares Trident de la base naval de Su Majestad de Clyde. E incluso qué estado del bienestar y qué tipo de educación habrá en la "nueva" Escocia o cómo será la relación con la Unión Europea. En fin, no solo haggis, whiskey y cornamusas. La batalla por la independencia es más que nunca geopolítica y económica.

Submarinos nucleares, moneda y petróleo

Linda Fa­bia­ni, parlamentaria del Scottish National Party y miembro Re­fe­re­dum Sco­tland Bill Commit­tee, nos recibe al término de un debate sobre la reforma de la justicia escocesa. El presidente saliente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, ha manifestado cierta frialdad respecto a la permanencia de Escocia en la Unión como miembro autónomo, mientras que desde cada vez más sectores se baraja esta posibilidad solo a condición de que Edimburgo solicite entrar en el euro. "La libra es una moneda escocesa, tanto como inglesa, norirlandesa o galesa", dice con franqueza la parlamentaria, que señala el "mantenimiento de la moneda" dentro de "una unión monetaria" como la posibilidad más atrayente para el SNP. Mediar sobre este tema con el primer ministro británico, Ca­me­ron, y con los otros bancos de Gran Bretaña, que por el momento no se muestran entusiastas con la propuesta, formará parte del sistema general de acuerdos al estilo do ut des que será necesario en caso de que de las urnas saliera un resultado positivo para los referendarios. El traslado de las armas atómicas británicas fuera de suelo escocés es un objetivo irrenunciable para el gobierno de Salmond. "Estamos en contra de las armas nucleares y punto", argumenta Fabiani. "Nos las han impuesto y deben irse". Si los misiles Trident están a 25 millas (unos 40 km) al oeste de Glasgow, más al norte, en el mar, está el petróleo, otro elemento sobre el que el Scottish National Party no tiene intención de echarse atrás. El gobierno trata de maximizar el atractivo de una Escocia independiente y rica productora de petróleo, aunque sobre este punto no faltan las críticas. El Times, datos en mano, sostiene que "los ingresos del petróleo han disminuido y disminuirán muy por debajo de las previsiones del gobierno escocés".

Pero el 'no' todavía está a la cabeza

La prensa, en general, parece o tomar poco partido o tender en mayor medida hacia el voto negativo. Analistas como Nicola McEwen, directora del Consejo para la Investigación Económica y Social (ESRC) de la Universidad de Edimburgo, lo confirman, aunque subrayando que "la campaña a favor del está contando con un mayor respaldo en la redes sociales". Votarán también los jóvenes de 16 años, los europeos residentes en Escocia y los ciudadanos de la Commonwealth que se hayan registrado antes del 2 de septiembre de 2014. Internet podría ser una buena ayuda para captar estos segmentos electorales. El no está todavía a la cabeza en los sondeos, pero no se puede dar la partida por terminada. "Durante los más de tres meses de campaña podría cambiar hacia dónde se decanta la balanza», también porque Yes­Sco­tland cuenta con «mayores recursos financieros y organizativos". Toni Giuliano, coordinador de los grupos sectoriales de YesScotland, habla de más de "250 comités sobre el terreno" para la que será "la mayor campaña que se haya visto jamás en Escocia". El factor emotivo jugará en este sentido un papel relevante. En efecto, de acuerdo con Nicola McEwen "la campaña Bet­ter­to­ge­ther, que tiene un problema de liderazgo, está insistiendo mucho en los costes de la independencia" usando argumentos principalmente negativos, mientras que, al contrario, los defensores del "pueden apelar a los factores emocionales más fuertes, que se traducen en mensajes positivos hacia la independencia". Los hombres parecen ser más propensos a la independencia que las mujeres, entre las cuales se cuenta el mayor número de electores indecisos.

La mayor apuesta política de todos los tiempos

Ladbrokes paga el no 2 a 7 y el 11 a 4. Traducido en cotizaciones continentales significa que, si por la permanencia en el Reino Unido se recibe 1,29 veces lo que se ha apostado, por la independencia se cobra 3,75. En William Hill se puede apostar sobre qué moneda tendrá Escocia desde el día que se efectúa la puesta hasta dos años después, o bien sobre el porcentaje de abstención. La casa de apuestas inglesa (con el a 3,25 y el no a 1,33) revela que el 52% de las personas ha apostado por el no mientras que el 48% lo ha hecho por el . Un escocés de 50 años ha jugado en Glasgow, en tres apuestas consecutivas, 200.000 libras contra la independencia en la que "se considera la mayor apuesta política de todos los tiempos". William Hill espera "un volumen de apuestas de siete dígitos" para la convocatoria del referéndum.

Incluso para los promotores del referéndum la votación adquiere el cariz de una apuesta. ¿Conseguirá el país, con sus 5,2 millones de habitantes, votar y soportar la enorme carga de responsabilidades —tanto políticas como económicas— que le seguirían? Quizá. Pero en el caso de que esta apuesta se perdiera no se podría cancelar simplemente tirando el resguardo.

Este artículo forma parde de una edición especial dedicada a Edimburgo y realizada en el marco del proyecto EU in Motion, con el apoyo del Parlamento Europeo y de la Fundación Hip­po­crè­ne. Pronto se podrán encontrar todos los artículos en Ca­fé­ba­bel.