Escocia: siempre 'scots' (primera parte)

Artículo publicado el 18 de Septiembre de 2014
Artículo publicado el 18 de Septiembre de 2014

Día 2 antes del reférendum por la independencia de Escocia. ¿Ganará el 'sí'? ¿Votará el país de las Highlands el 18 de septiembre por poner fin a su unión con Inglaterra, su vecino del sur y su antiguo enemigo al que se adhirió hace 307 años? A Glasgow, Edimburgo y Aberdeen hemos ido para ver cómo finalizaba la campaña. 

La fecha del referendum se fijó en marzo de 2013 y la campaña empezó oficialmente el pasado mayo, oficiosamente, bastante antes. Tras un año y medio de debates, los escoceses tienen la impresión de haber oído todos los argumentos para el sí y para el no. Ahora ya están listos para acudir a las urnas. 

"La independencia es buena para los espíritus románticos"

En Aberdeen, el gran puerto petrolero en el mar del Norte y tercera ciudad del país, el sol no brilla demasiado a menudo. Pero cuando se digna a salir, a Elsie le gusta sentarse sobre un banco frente a la interminable playa y aprovechar el soplo del viento y el murmullo de las olas. Originaria de Ghana, esta sabia mujer, ya jubilada, eligió mudarse a la capital petrolera en 1969 y se casó con un inglés. Juntos, criaron a un hijo que trabaja ahora en Inglaterra.

"¿Quién pagará mi jubilación si nos independizamos? La población escocesa está más envejecida que la media británica, y tenemos muchos beneficios de las organizaciones sociales. Los graduados se van a Londres. Y además, Aberdeen es una ciudad muy cara con la economía petrolera. Al hospital le cuesta contratar y mantener a su personal. Y no es que la independencia vaya a resolver estos problemas. Yo digo no", afirma la afro-escocesa con tono decidido. "La independencia es buena para los espíritus románticos, para la gente que no reflexiona con la cabeza. Las reservas de petróleo disminuyen ¿y es con eso con lo que pensamos financiar el sistema sanitario? Salmond no es verdaderamente realista con todas sus promesas. Y luego está la cuestión de la moneda, que aún no se ha aclarado. ¿Qué sentido tiene una independencia con el Banco de Inglaterra fijando nuestros tipos de interés?". 

Con 22 años, Sophie consagra todo su tiempo a la campaña por el no a la independencia. Licenciada en biología (con un Bachelor of Science) por la Universidad de Edimburgo, la joven decidió, en verano de 2013, hacer "una pausa de un año" para involucrarse totalmente en la salvaguarda de la Unión. Afortunadamente, consiguió un trabajo dentro de la organización "Better Together" (BE), la alianza de los tres principales partidos británicos contra el proyecto de independencia escocés. Además, su movilización por el no no es nada sorprendente, pues ella es miembro del Scottish Labour, el partido de los trabajadores de Escocia, unionista. "Pero cuando yo estudiaba en Edimburgo, la campaña por el referéndum ya había comenzado. Y allí, trabajaba como voluntaria seis horas a la semana para Better Together". Su contrato de duración determinada con BT durará hasta octubre. "Creo que Escocia debe permanecer en el seno del Reino Unido pues hay que ver las cosas a lo grande. Formando parte de un gran conjunto, todos tendremos más oportunidades profesionales, por ejemplo. Creo que Escocia debería gozar de una mayor autonomía regional, con una mayor descentralización; deberíamos tener más poderes en materia de recolección de impuestos, por ejemplo. Quiero un mayor grado de autonomía, sí, pero no la independencia, algo que pondrá en duda nuestra pertenencia a la Unión Europea". 

En medio de alboroto de la estación central de Glasgow en hora punta, Derek Wildman desea expresarse en francés. Está muy en contra de la presencia del arsenal atómico británico en Escocia, principalmente los submarinos nucleares del sistema bautizado como "Trident", emplazados en la base de la Royal Navy en Faslane, a cincuenta kilómetros al oeste de Glasgow. "En un primer momento tuvimos el programa Polaris, que ellos lanzaron en 1962, y luego tenemos al sistema Trident. El Reino Unido debería deshacerse de este sistema de defensa. Ni Harold Wilson [primer ministro de 1974 a 1976] ni Tony Blair cerraron la base militar. Son nuestros impuestos quienes pagan todo esto, y esto cuesta millones. Y todo para cuatro submarinos que ni siquiera tenemos el derecho de utilizar sin el permiso de los americanos. Yo pienso votar firmemente por el sí. No porque desee verdaderamente que Escocia sea independiente, sino porque si somos muy numerosos los que votamos el sí, esto obligará al gobierno británico a cerrar su base de Falsane. Es el único medio de presión del que disponemos para forzar a Londres a escucharnos. Hace falta de verdad que el pueblo escocés dé un puñetazo sobre la mesa. Pero no estoy convencido de que el sí vaya a ganar". 

"Nosotros somos más solidarios que los ingleses" 

En la City Square, la plaza del Ayuntamiento de Dundee, dos chicas jóvenes aprovechan los rayos de sol del mediodía. Dundee, antiguo puerto ballenero en la desembocadura del río Tay, es hoy en día la cuarta ciudad de escocia. "¡Nosotras somos yes-girls!", exclaman las dos amigas, estudiantes en Edimburgo que se encuentran de paso por su ciudad natal. "El dabate sobre la independencia gira demasiado en torno al dinero, la economía, la moneda. Para mí, esto no es lo más importante", explica Vicky Main. "De hecho, mientras no seamos independientes no sabremos cómo se desarrollarán las cosas. Pero lo que sí que es seguro es que Escocia tiene un sistema educativo más democrático que Inglaterra. La enseñanza superior es más accesible, menos cara. Nuestra sociedad es más solidaria, está más pendiente a los derechos de las mujeres. Queremos defender eso". Jasmin Watt realiza un voluntariado en el St. Catherine's Convent of Mercy, un convento de religiosas que acoge a personas sin hogar de Edimburgo. Jasmin rechaza la política de Westminster, que ataca a los pobres y ha recortado la financiación de asociaciones como "The Convent". "Hay gente que piensa que los independentistas escoceses 'odian a los ingleses'. Pero esto no es cierto en absoluto, al menos en lo que a mí respecta. Londres controla las finanzas y hace políticas para los ricos. No quiero este tipo de sociedad. Prefiero un modelo como el de Europa del Norte, por ejemplo. Con solidaridad. Y no me importa si hay que pagar más impuestos para ello. En Escandinavia, no parece que esto les suponga un problema". 

Todos los testimonios fueron recogidos por Jean-Michel Hauteville por toda Escocia. 

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