Escritura inclusiva, la era digital al servicio de la lengua

Artículo publicado el 3 de Abril de 2018
Artículo publicado el 3 de Abril de 2018

¿Lenguaje inclusivo? Un "peligro mortal para la lengua" según la Academia Francesa. Hace ya un año que el tema crea polémica en Francia, sobre todo después de que el Gobierno de Macron prohibiera la gramática igualitaria en los textos oficiales para guardar una cierta "inteligibilidad y claridad". ¿Qué mejor manera que introducirnos en un hackathón dedicado al tema?

Viernes 12 de enero. Son las siete de la tarde y el edificio a las afueras de París donde he quedado, empieza a animarse poco a poco. Los locales de Simplon.co, que albergan a varias de las startups más famosas de la capital, han sido los elegidos para albergar el primer hackathón francés (encuentro de programadores para el desarrollo colaborativo de software) dedicado al lenguaje inclusivo. No es de extrañar que hayan elegido esta ubicación pues el mundo de las empresas emergentes francesas es un riguroso aliado de esta forma de escritura. Los y las participantes llegan gradualmente hasta llenar por completo el lugar. La primera sorpresa es que el número de hombres es similar al de mujeres. Un carácter mixto que también señala Aline Mayard, organizadora del evento. Entusiasmada, lo corrobora: "Creo que estamos en igualdad, es bastante sorprendente. Hay gente de todas las edades y no solo de la capital. Esto promete". 

Realidad o utopía: ¿dónde incluir el lenguaje inclusivo?

Son las siete y media de la tarde y la sala está llena. Sonrisas y abrazos se intercambian bajo la mirada comprensiva de Éliane Viennot – profesora de literatura emérita y mentora del evento -, mientras que las conversaciones giran en torno a las dificultades que supone la utilización del lenguaje inclusivo en el ámbito profesional. De repente, se hace el silencio: queda inaugurado el hackathón. Aline Mayard hace una presentación recordando el origen del proyecto: "He escrito un libro en lenguaje inclusivo. Ante la  falta de recursos, me puse en contacto con Mots-Clés, la agencia que creó la expresión 'lenguaje inclusivo'. Raphaël y el resto del equipo me invitaron a un curso sobre el tema. Todo el mundo estaba de acuerdo en que no había herramientas suficientes. Fue entonces cuando se propuso realizar el hackathón". Tras esta "recontextualización", era necesario recordar la definición y los usos de esta forma de escribir. Los y las participantes, apoyándose en una lista de preguntas y ejemplos, volvieron a manifestar las ideas preconcebidas que desacreditan al movimiento. Ya que, para poder utilizar el lenguaje inclusivo correctamente, es necesario conocerlo.

"El lenguaje inclusivo no sirve para nada"

A menudo, el lenguaje inclusivo es criticado por aquellos y aquellas que se oponen a su uso y lo tachan de deformación dañina del idioma. Sin embargo, no tiene nada que ver con la etiqueta de "feminazi" que algunos y algunas pretenden ponerle. Tal y como Raphaël Haddad, fundador y director asociado de Mots-Clés, nos recuerda: "El lenguaje hablado es el ámbito donde deben reflejarse los cambios de la sociedad. Por ejemplo, en relación al feminismo, podemos seguir añadiendo argumentos que expliquen la importancia de construir una sociedad más igualitaria pero, cuando observamos lo que sucede con el lenguaje, nos damos cuenta de que hay un desajuste entre los argumentos y un idioma que sigue manteniendo lo opuesto a aquello que nosotros defendemos, ya que, contribuye a la predominancia de lo masculino sobre lo femenino". El lenguaje inclusivo es, por lo tanto, la transcripción lingüística de la visibilidad de las mujeres en la palabra. Para desmentir el argumento engañoso de que el idioma no tiene una repercusión política o neurocognitiva, lo mejor es demostrarlo con pruebas reales. "Hemos comprobado que, si una oferta de trabajo aparece como "ingeniero e ingeniera", automáticamente se produce un aumento de la participación femenina del 10%".

"El lenguaje inclusivo recarga el idioma"

El principal argumento empleado en contra del lenguaje inclusivo es la pesadez de lectura, ejemplarizado, normalmente, con la utilización del punto medio (·) En primer lugar, tal y como lo recuerda un estudio de Harris interactive: "La dificultad de lectura desaparece a partir de la segunda línea" (según un estudio realizado por el psicolingüista Pascal Gygax y la psicóloga Noelia Gesto en 2007, titulado Féminisation et lourdeur de texte). Además, simplificar el lenguaje inclusivo al uso del punto medio es a la vez, parcial e inexacto. Hay otras formas de hacer visible lo femenino lingüísticamente hablando, como por ejemplo, utilizar sustantivos epicenos o la voz pasiva. Así lo explica Aline Mayard: "Las buenas prácticas se aprenden escribiendo. Según al tipo de público al que te dirijas, puedes usar epicenos, ambos géneros, o el punto medio. Cuanto más escribes, tu manera de redactar evoluciona y se hace más flexible. Arièle, que trabaja en RTL Girls, es un ejemplo de cómo un periodista puede hacer uso del lenguaje inclusivo sin utilizar nunca el punto medio. Hay muchas soluciones para evitar que el texto resulte pesado".

"La feminización de los nombres de las profesiones es una herejía del siglo XXI"

Por asombroso que parezca, la Edad Media se muestra mucho más adelantada en términos de presencia femenina en la lengua francesa que en nuestro siglo. La mayoría de las profesiones contaban con un nombre en femenino y masculino, de manera que, por ejemplo, era normal utilizar "autrice" para ambos géneros (término antiguo que significa autora. En la actualidad, en francés se utiliza el término "auteur" tanto para femenino como para masculino). La guinda del pastel la conforma la regla actual de la predominación del género masculino sobre el femenino que antes, ni siquiera existía. A principios del siglo XVII, se prefería, por ejemplo, el uso de la regla de proximidad (el adjetivo concuerda con el género del sustantivo más cercano).

La importancia de las herramientas

Después de la bienvenida y de la formación de los diferentes equipos, se da por comenzado el verdadero hackathón que consistirá en dos días de intenso trabajo durante los cuales los y las participantes se esforzarán en comprender y facilitar el uso del lenguaje inclusivo, sobre todo a través de la creación de dispositivos digitales. Tal y como señala Baki Youssoufou, mentor del hackathón: "Lo que me preocupa es cómo utilizan los ciudadanos y ciudadanas las herramientas tecnológicas. No basta con crear una herramienta atractiva, buena o útil si esta no es capaz de adecuarse a la comunidad. Coordino los distintos proyectos ayudando a la creación de la herramienta, guiando las funcionalidades, el diseño, etc. siempre teniendo en cuenta la comunidad a la que se dirige". El presidente de la red mundial de hackers Active Generation no tiene mucho tiempo libre, pero en una de sus pausas me hace partícipe de su trabajo personal con el lenguaje inclusivo: "Antes no me daba cuenta de la invisibilidad de la mujer en el espacio público, en el lenguaje. Esa toma de conciencia forma parte de un todo, de un proceso a través del cual poco a poco abandono la llamada 'masculinidad tóxica'. Hace cinco años que trabajo en ello y el avance es lento pero, el lenguaje inclusivo juega un papel importante en ese proceso".

Pasan las horas y el hackathón comienza a dar sus frutos. Encontramos varios proyectos interesantes como, por ejemplo, un sitio web que pretende favorecer el lenguaje inclusivo y la francofonía en los colegios. Otro de los ejemplos es un traductor llamado Incluzore, parecido a Google Translate, que adapta las frases proponiendo distintas opciones que visibilizan lo femenino. Raphaël Haddad se alegra de la abundancia de ideas y de la diversidad de perfiles: "Generalmente, es un tema que se emprende desde un prisma principalmente militante. Hay tanto mujeres y hombres con experiencia militante como gente que acaba de descubrir el movimiento. También hay personas que contribuyen con sus conocimientos técnicos. No sabíamos si íbamos a ser capaces de movilizar a diseñadores, diseñadoras, programadores y programadoras". Entre los numerosos proyectos existentes, uno de ellos llama en especial mi atención. La disparition (la desaparición), es un videojuego de aventuras en el que una periodista de investigación trabaja en diveros casos de desapariciones de mujeres. Claire, diseñadora de videojuegos, lo presenta de la siguiente manera: "A través de la búsqueda de indicios y de la resolución de enigmas, aprendemos las diversas reglas del lenguaje inclusivo. El objetivo es hacer comprender que el uso de este tipo de escritura permite hacer visible a las mujeres. Es todo un proceso, la noción no aparece nada más empezar el juego". La iniciativa de este grupo no se queda meramente en lo lingüístico: "Para nosotros, el lenguaje inclusivo es un elemento que forma parte de un todo. En el juego, también tratamos la ausencia de las mujeres en la historia, así como la 'interseccionalidad'. El objetivo es dar visibilidad y darse cuenta de los diferentes mecanismos de desaparición o de discriminación de las mujeres en general". Un proyecto lúdico cuya vida, según muchos de los equipos, durará más allá del hackathón.

Domingo, ocho de la tarde. En los rostros de los participantes se nota el cansancio pero también su satisfacción. Llega el momento de las valoraciones y de los resultados, y el hackathón destaca por haber sido capaz de diferenciarse por su dinámica de aprendizaje, de colaboración y de pedagogía. Esa atmósfera de cooperación altruista "que no suele darse siempre, más bien lo opuesto", -me susurra un programador - no significa que sean aficionados, sino todo lo contrario. Tal y como comenta Aline Mayard: "Tenemos la impresión de que los equipos están decididos a llevar adelante los proyectos. La mayoría se plantean, por ejemplo, publicar en línea los resultados obtenidos o comprar un dominio. Estoy impresionada por su motivación". Ante todo, como "el lenguaje estructura y orienta el pensamiento", el hackathón habrá servido para sensibilizarnos de la existencia de un método lingüístico imperfecto y además, tiene el mérito de haber promovido una mayor igualdad entre hombres y mujeres.

Antoine, programador de uno de los proyectos de traducción al lenguaje inclusivo, lo describe de esta manera: "Cuando llegué aquí, no sabía nada sobre este lenguaje. Había oído hablar vagamente en los medios de comunicación pero nada más. Soy programador, participo en muchas maratones de software, razón por la cual me inscribí en este. He aprendido muchísimo aunque admito que no estoy muy concienciado con el tema. Entiendo la importancia de la iniciativa y, sobre todo, me he dado cuenta de que hay un gran potencial en cuanto a innovaciones digitales en torno a esta problemática. Hay mucho por hacer". Y como conclusión, la satisfacción es visible: "Siempre hace ilusión saber que tus conocimientos técnicos contribuyen a una buena causa".

Nota de la editora: ¡Felicidades, has terminado la lectura de un texto redactado en lenguaje inclusivo!

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