Escuelas internacionales: dos lenguas y doble oportunidad

Artículo publicado el 18 de Septiembre de 2006
Artículo publicado el 18 de Septiembre de 2006
Las familias que trabajan en el extranjero envían a sus hijos a las escuelas internacionales del lugar. No es sencillo obtener una de sus codiciadas plazas. Tomemos el ejemlo de Polonia.

“Ni siquiera sé si debo pagar la escuela de mi hijo”, suspira Eric. No es que Eric esté en el paro. Al contrario, tiene un empleo bien remunerado. Su problema es que trabaja en Polonia aun siendo francés. Llegó a Polonia hace tres años para trabajar en la cadena de supermercados Cefic Polska y hace unas semanas ha decidido traerse a su familia. Ahora está inmerso en papeleos de toda clase. Sus cuatro hijos deberán ir a una escuela internacional en Varsovia, pero no tiene claro si es la compañía quien debe pagar esta escuela o bien él mismo.

Muchos ciudadanos europeos se encuentran en la misma situación que Eric. Con la apertura de mercados, cada vez más trabajadores cruzan las fronteras de sus países para trabajar, llevándose a cuestas a sus hijos. A menudo no saben a qué escuela mandarlos y quién debe pagar su costosa educación en las escasas escuelas bilingües de cada país. La mayoría de las compañías internacionales que operan en Polonia suelen costear la educación de los hijos de sus trabajadores expatriados. Dicho esto, este servicio viene casi siempre acompañado de pesados trámites burocráticos. “Todo depende de las condiciones contractuales”, afirma Agnieszka Szniter, empleada en el departamento de recursos humanos de Cefic Polska. “Estas condiciones deben negociarse antes del traslado del trabajador al extranjero, lo cual es complicadísimo, pues en cada país existe una legislación y un sistema fiscal diferentes”.

Sensación de seguridad

Las compañías tienen buenas razones para pagar la educación de los hijos de sus trabajadores en el extranjero. Incluso para los padres, que rara vez dominan la lengua de su nuevo país de establecimiento, es una gran ventaja, pues pueden llevarse a sus hijos al extranjero sin comprometer su educación. De hecho, los programas educativos de las escuelas internacionales suelen coincidir con los de las escuelas de los países de origen de los alumnos.

A los trabajadores les resulta, pues, más sencillo expatriarse, y las compañías aprovechan para llevar al extranjero a sus mejores trabajadores y aumentar su competitividad. Así, muchas compañías deciden subvencionar en sus totalidad la educación de los hijos de sus trabajadores en el extranjero. La cadena hotelera Accor es un ejemplo de esto último. “Los trabajadores eligen enseguida la mejor escuela del lugar”, dice Alijia Szynanska, empleada en el departamento de recursos humanos de Accor Polonia. “Los franceses manda a sus hijos incluso a la British School de Varsovia, pues goza de mayor reputación que la escuela francesa.”

Acudir a una escuela bilingue ayuda a los jóvenes a integrarse mejor en su nuevo país. “El traslado a un nuevo lugar, con nuevas constumbres ya supone de por sí suficiente estrés”, dice Anne, una niña extranjera en la escuela inglesa de Varsovia. En el colegio, al menos, está en contacto con sus compatriotas que hablan su propia lengua, lo que otorga una sensación de estabilidad que impide chocarse con la realidad de una sola vez.

En las escuelas internacionales, los estudiantes gozan de la oportunidad de conocer y aprender la lengua y la cultura del país de acogida. “Es increíble ver a cuatro críos que hablan cuatro lenguas distintas entenderse entre ellos”, dice Gosia, antigua profesora del liceo francés de Varsovia. “Los críos hablan unos con otros sin molestarse lo más mínimo por el hecho de que niunguno de ellos hable una lengua comprensible para el otro.”

Sorpresas

Dicho esto, no todas las familias tienen la suerte de obtener ayuda económica de sus empresas. Las escuelas internacionales en todo el mundo existen gracias al sotenimiento económico de las embajadas y al empeño de las familias de llevar a sus hijos a dichas escuelas. Ahora bien, estos últimos se ven obligados a buscar espónsores y medios financieros para la adquisición de libros, material informático e instalaciones deportivas.

Un ejemplo es la escuela polaca de Atenas, una de las pocas en el mundo. Para los polacos que viven en Atenas, es muy importante conservar su lengua y su cltura incluso en el extranjero. Así, desde inicios de los años noventa llamaron a la puerta de diversas empresas para lograr fondos para la escuela polaca. No pararon hasta que lograron su objetivo.

Para muchos, vale la pena insistir. No sólo porque el nivel educativo en las escuelas plurilingües es en general más elevado que en las escuelas normales, sino porque además, esta educación provee de consecuencias ineperadas. “Cuando mandamos a nuestra hija Lucja a una escuela internacional, pensábamos que aprendería sólo el inglés y el francés”, dice Ada, una madre polaca residente en París. “Sin embargo, enseguida vimos cómo en el patio jugaba a menudo con alumnos africanos, logrando comunicarse en su lengua africana.”