Esculturas de la discordia en Europa

Artículo publicado el 2 de Agosto de 2007
Revista publicada
Artículo publicado el 2 de Agosto de 2007
El observador del siglo XXI las alaba con encono o les niega la mirada con cabreo: extravagantes esculturas marcan el paisaje urbano de las metrópolis europeas del siglo XXI.

Berlín: el caballo de balancín

En la Plaza de Europa, delante de la estación central de Berlín, se levanta un impetuoso caballo, el llamado Rolling Horse del escultor alemán Jürgen Goertz. Se parece a un caballo de balancín con un arco metálico, detenido en una postura como si fuese a escorarse en exceso hacia un lado y empezar a rodar en esa dirección. En mayo de 2007 fue destapada esta obra artística, medio caballo y medio rueda de tren, y ahora observa atentamente con sus ojos azules de acero a los viajeros que por allí pasan.

La escultura, encargada por la compañía Deutsche Bahn (empresa pública ferroviaria alemana) no ha propiciado aplausos ensordecedores. La Asociación de Creadores de Artes Plásticas de Berlín (BBK) ya se indignaba una semana antes de su inauguración debido a la “catetada” que representaba la escultura, insistiendo en que “el caballo maltrata el espacio público”.

(Foto: Lam Thuy Vo)

Hombres basura en Barcelona

La Plaça Reial de Barcelona fue decorada en junio de este año con mil hombres basura, como se les llama, hechos de desperdicios de nuestra vida diaria. Entre ellos hay también una pila de basura más grande, el Ford Galaxy Man, una escultura construida a base de trozos de un antiguo Ford Galaxy. “Son los incesantes nómadas de nuestros tiempos, embajadores que nos recuerdan a todos a los problemas globales”, dice el autor de la obra HA Schult sobre su ejército de desechos. Este grupo escultórico ya ha sido exhibida delante de las pirámides egipcias, en la Plaza Roja de Moscú, en la Grande Place de Bruselas, en la Piazza del Popolo en Roma, en la Plaza Roncalli frente a la catedral de Colonia y delante de la Gran Muralla china.

Las figuras de los hombres basura de un metro ochenta y 6.000 euros cada uno viajan tras su corta estancia vacacional en Barcelona hacia Nueva York. En 2008 irán a la Antártida.

(Foto: Kodakhrome)

La Guardia Londinense de Gormley

Desde mayo de este año se pueden observar en la orilla del Támesis 31 figuras humanas de tamaño natural: los soldadillos de plomo fundidos en bronce del artista británico Anthony Gormley. Se encuentran tanto al alcance de la mano en el Puente de Waterloo como apenas visibles encima del edificio de la compañía Shell.

Repartidos en el horizonte, los pequeños hombres representan la siempre creciente población urbana. Quizás la exposición de soldados de la guardia de bronce contribuya a poner a su creador en el ojo público: en la actualidad, expone sus obras en la cercana Hayward Gallery bajo el título Blind Light (Luz ciega).

A los habitantes de Londres no parecen molestarles mucho las estatuas de Gormley. Sin embargo, a Scotland Yard si le han traído ya varios quebraderos de cabeza. No todos los londinenses “reconocen” la creación artística de Gormley, y algunos han llamado histéricos al servicio de emergencia policial para avisar sobre supuestas tentativas de suicidio por parte de lo que en realidad son estatuas colocadas en los tejados. Por suerte para los ya de por sí nerviosos policías de Londres, las estatuas de bronce, junto con la exposición, dejarán atrás la capital británica el 19 de agosto para recorrer nuevos horizontes.

(Foto: David Tett/www.davidtett.com)

Praga patas arriba

David Cerny, Enfant Terrible de la República Checa, es capaz de provocar tanto risas como cabreos con sus obras. Bien sean los grandes Bebés que escalan la torre de la televisión de Praga en dirección al cielo, o un tanque pintado de rosa, o un caballo que cuelga cabeza abajo y sobre el que un jinete trata de erguirse, está claro que es difícil decidir cuál de las obras de Cerny es la más provocativa.

Lo más llamativo es que hasta hace poco, sus obras no habían suscitado demasiado la indignación del público, sino todo lo contrario. El Ayuntamiento de la ciudad apoyó al artista incluso en su proyecto de integrar sus acciones artísticas guerrilleras de manera permanente en el espacio de la capital checa. Así, en 1991, en una acción nocturna, Cerny pintó de rosa un monumento a un Panzer soviético, para desenmascarar como opresores a los liberadores de la República Checa en la Segunda Guerra Mundial. Al entrometerse el ejército y devolver al tanque su color original, la ciudad decidió con la rapidez del viento pintarlo de nuevo en rosa.

Lo que pasa es que en 2002 Cerny quiso poner en el escenario del teatro nacional a un hombre masturbándose, y ahí se terminó la diversión, y la ciudad le retiró su apoyo.

(Foto: Lam Thuy Vo)