Españolas en Alemania: el "molesto inmigrante" 

Artículo publicado el 31 de Enero de 2015
Artículo publicado el 31 de Enero de 2015

Hace unos meses, el INE reveló que cerca de 4.000 españoles pusieron rumbo a Alemania durante el primer semestre de 2014. Dos años antes, Sara Cruz y Ainara Lázaro, hicieron las maletas hacia Düsseldorf en un momento en el que la llegada de extranjeros europeos aumentó de forma notable en el país germano. Desde entonces son inmigrantes, como aquellos que hasta hace poco eran “molestos” en España.

A finales de octubre de 2012, las dos jóvenes se embarcaron en un vuelo hacia Düsseldorf desde Bilbao sin fecha de regreso. Sara, impulsada por la migración de su familia a Alemania, convenció a Ainara, que no lograba encontrar trabajo en España, para empezar una nueva vida lejos de sus casas. “La situación familiar de ambas influyó, pero principalmente nos fuimos porque no teníamos trabajo”, recuerda Sara.

Si hay una sensación que evocan más firmemente de aquel momento en el que aterrizaron en la capital de Renania del Norte, es la incertidumbre. Además de los nervios ante la tierra desconocida, su principal preocupación era enfrentarse a un idioma completamente distinto al suyo (ambas son nativas en castellano y vasco). Ninguna sabía que pocos meses después iban a superar aquella barrera con la ayuda de muchos que, simultáneamente, aterrizaban en Alemania por el mismo motivo.

 “Pedimos ayudas al Estado, empezamos a trabajar y a hacer cursos de formación”, dice Ainara aludiendo a que en una situación como la suya lo importante es no quedarse de brazos cruzados.

Yo y el 'otro’

La población disminuye en España, porque la gente se marcha. Cada vez son más los que se ven obligados a arrancar sus raíces de las tierras donde nacieron para probar un futuro más próspero en otro país. El sueño español se ha modernizado y en los últimos tiempos pone los ojos fuera de sus propios límites territoriales para sobrevivir. Así lo constata el último informe publicado por el INE, donde se apunta a una bajada de más de 48.000 personas en España durante la primera mitad de 2014.

De esta manera es como poco a poco se han convertido los de España en el inmigrante que, hasta hace poco, era "molesto" para algunos. Y es que de acuerdo con el estudio de Actitudes Hacia la Inmigración de 2012 publicado por el CIS, para el 38% de los encuestados el número de inmigrantes en España “era excesivo”. “Hay muchas cosas que piensas sobre ellos que, hasta que no te ves en la misma situación no te planteas que puedes haber estado equivocada”, se excusa Sara y reconoce sentirse identificada con algunos de los prejuicios enquistados en la sociedad hacia los inmigrantes mientras vivía en España. “Era una bocazas”, admite jocosa y añade que “uno no se da cuenta realmente de cómo tratan al extranjero” en un país hasta que no le toca vivirlo. De hecho, recalcan cómo la concepción del "que viene de fuera a quitar el trabajo” referido a ciertos colectivos, en Alemania recae también en los españoles. Califican la región en la que viven como poco empática hacia los inmigrantes e incluso “difícil”. Aún les cuesta identificarse como tales pese a ser conscientes de que lo son.

Comienzos difíciles por ‘no ser de aquí’

Recuerdan sus inicios en el país como algo “terrible”. “Por ser extranjero te lo niegan todo: tienes incluso problemas para pedir las prestaciones sociales que impone la ley” ejemplifica Sara, a lo que Ainara añade que “aun siendo europeos necesitábamos un permiso de libre circulación para vivir aquí” incluso cuando la ley que lo exigía fue eliminada por el Parlamento Europeo. Su situación llegó a tal extremo que hasta se vieron obligadas a recurrir a la justicia.

Relacionan sus comienzos de la misma manera en la que lo hacen los inmigrantes en España: “empezamos a hacer los trabajos que nadie quería”, cuenta Lázaro. A día de hoy sienten que no acaban de congeniar con el perfil alemán. Ainara  asegura haber escuchado a veces a los alemanes quejarse de que 2.500 euros para una sola persona no es suficiente dinero. “No entienden nuestras preocupaciones”, dice Sara. “Sus visitas a España consisten en ir de vacaciones a hoteles y sitios determinados donde la crisis no está tan a la vista como en otros”.

Si en algo les ha ayudado el cambio de territorio, es en forjar amistades de lo más variopintas. Ahora tienen un grupo de amigos que integra desde turcos a rusos, pasando por colombianos, griegos y árabes. Españoles más bien ninguno. “Culturalmente somos muy diferentes pero eso nos gusta”, explica a Ainara. “No me voy hasta Alemania para juntarme sólo con españoles”, apostilla Ainara. La discriminación por el color de piel, aseguran, no es tan patente como en otros países, aunque reconocen que la hay.

Por otro lado, perciben cierta desigualdad social entre los inmigrantes. Por ejemplo, “las ayudas al desempleo que nosotras recibimos del Estado, son mucho más accesibles para la gente de Turquía”, se queja Ainara. “Ellos pueden incluir a familiares en la cartilla, cosa que franceses o españoles no”, añade Sara.

Final feliz, pero en España

Ainara y Sara emprendieron juntas una aventura a ciegas que quieren acabar en su hogar de origen. Su andadura, que poco tiene que ver con la mezcla de Indiana Jones y Willy Fog a la que la ministra Fátima Bañez hizo referencia en 2012 sobre los jóvenes que dejan España, tiene como meta la posibilidad de tener una vida independiente en su país. “Yo todavía no veo salida por ningún lado”, avanza con negatividad Ainara. Una de las condiciones que ponen para volver a casa es la de un cambio de Gobierno. “Yo creo que tendría que ganar Podemos”, bromea Sara, “que quitasen al Partido Popular y que el país saliera un poco a flote”. Esa es la mayor premisa: una mejora del país.

Tienen claro que volver, volverán. Lo ven con la misma claridad con la que asumieron aquel 25 de octubre de 2012 que se subían a un avión sin fecha de regreso. Ya van camino de los tres años como inmigrantes en Alemania y reconocen que su estancia en tierras germanas les ha aportado mucho.

Con un bagaje del que no todo el mundo podrá presumir regresarán algún día las dos españolas a sus casas. La de Ainara y Sara no es más que una de las historias a las que se le suman las más de 4.000 últimas emigraciones de españoles a Alemania cifradas por el INE en el primer semestre de 2014. Al final, lo importante es que vuelvan.