ESPAÑOLES EN ALEMANIA: ¿QUÉ DEMONIOS ES ESTO DEL GENITIVO?

Artículo publicado el 6 de Noviembre de 2013
Artículo publicado el 6 de Noviembre de 2013

Son jóvenes, con formación y ganas de emprender; sin embargo, no tienen ninguna posibilidad en su hogar. Por ello muchos españoles buscan suerte en Alemania. Ricardo García Méndez es uno de ellos.

Osnabrück. Ricardo aún recuerda al detalle su primera semana en Alemania. Era abril y hacía frío, mucho más frío que en su Vigo natal, en Galicia. Vino sabiendo apenas el idioma pero con grandes esperanzas, y se topó con el pan negro, la cerveza de trigo y una puntualidad que rayaba la exageración. Tras siete meses en Osnabrück, este mecánico de automóviles de 21 años lleva la puntualidad en la sangre, tanto como la precisión, tan importante para sus maestros alemanes.

Cuando Ricardo se desliza bajo el coche enfundado en su mono, todas las piezas encajan. Hábilmente y con rapidez, el joven de 21 años ajusta cada tuerca con su tornillo, desmonta motores y recoloca lunas. "Cosmética para coches" lo llaman aquí, en el centro Volkswagen de Osnabrück, donde Ricardo trabaja desde el 5 de abril.

¿PERO QUÉ DEMONIOS ES ESTO DEL GENITIVO?

Ricardo es uno de los 19 aprendices españoles que llegaron en abril a Osnabrück para trabajar en un periodo de prueba de tres meses en una empresa alemana. Jürgen Claus, del departamento de Educación, Cultura y Deporte del distrito de Osnabrück, es quien ha dado vida a este proyecto. Sabe que, desde que comenzó la crisis, los jóvenes españoles apenas tienen posibilidades en su país. Según los datos actuales, el paro se sitúa en un 26 %, y alcanza el 55 % si se trata de desempleo juvenil. "¿Quién se va a preocupar, si no lo hacemos nosotros?", se pregunta Jürgen Claus. Desde 2011 ha dado la oportunidad de hacer prácticas a 40 aprendices españoles. En octubre de 2013 otros siete jóvenes emprenderán este viaje, como un día lo hizo Ricardo.

La jornada de Ricardo empieza temprano para la costumbre española, ya desde las 9:00 tiene que estar en el taller. Tras un rápido "Hola, chicos", toca seguir en alemán, Ricardo tiene que practicar. "Al principio la comunicación fue difícil", explica Ricardo. "Entendía poco y simplemente asentía y esperaba que no fuera una pregunta". Sonríe como avergonzado mientras se asoman dos hoyuelos en las mejillas del hombretón de casi dos metros. Pero siempre se repite la misma pregunta: ¿Qué demonios es esto del genitivo?

El trabajo de Ricardo gira en torno a lo que llaman “daños de carrocería”. Coches averiados, abolladuras por impactos y, de vez en cuando, algún siniestro total. El mecánico repara cuidadosamente todos estos daños. "Es muy divertido", cuenta. "Cada coche es diferente". Se acerca al capó con dedos aceitosos y aprieta con un destornillador algunas tuercas sueltas. Casi todos los comentarios sobre su trabajo son positivos. "En la empresa somos 113 personas. Es increíble lo bien que Ricardo se ha integrado, a pesar de las barreras lingüísticas y el gran número de compañeros", dice Helge Stütze de Ricardo, su mentor.

Con tanto elogio, Ricardo se sonroja un poco, pero hace como si no hubiera oído nada y esconde las manos en su mono de trabajo, donde ya se lee su nombre en una gran etiqueta. Indica que lo ha conseguido, es uno más. Ricardo ya es un trabajador del centro de Volkswagen, gana más de 2000 euros brutos al mes y tiene contrato fijo hasta agosto de 2014 como mínimo. Otros 10 de los 19 aprendices en prácticas que llegaron al principio han firmado un contrato; para Jürgen Claus es un claro signo de que su proyecto funciona.

Una vez terminada la jornada laboral, Ricardo se acerca al centro histórico de Osnabrück para disfrutar de una u otra cerveza alemana. ¿Hay algo más, aparte de las cervezas, que le parezca especialmente bueno en Alemania? "Salchichas – Würstchen", contesta, de nuevo, con una tímida sonrisa. Contempla ensimismado su fría cerveza de trigo, como si fuera la clave para responder sus dudas. No sabe si se quedará a vivir en Alemania. No sabe si Raquel, su novia, que siguió sus pasos hace seis semanas, conseguirá una plaza en la facultad de Medicina. No sabe si España conseguirá salir de la crisis. 

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Cuando Ricardo habla de "la vida española" se le iluminan los ojos. Tanto significa su hogar natal para él. Sin embargo, este joven de 21 años sabe muy bien que en España no tendría futuro. "Si estuviera en España no tendría trabajo", reconoce. Muchos de sus amigos que se quedaron en España están ahora en el paro. En cambio, en Alemania, Ricardo se puede permitir vivir con su novia y tener un perro. Bruce, el cachorro de bóxer de 4 meses, lo es todo para Ricardo y Raquel y hace que la pareja, a pesar de vivir en el extranjero, se sienta un poco más en su hogar.

Lo compraron juntos el día que Raquel salió de España, antes de embarcarse en un viaje de 2000 km con el coche con destino a un país extranjero. "Vinimos sin sofá, sin televisión, sin la más mínima idea.... ¡pero con perro!", cuenta Raquel, quien habla animadamente. ¿Morriña? "Echamos de menos, sobre todo, a la familia y los amigos", dice Raquel. La pareja volverá a casa por Navidad, con Bruce, por supuesto

Pasean de la mano, por la puerta Heger Tor, por el centro histórico de Osnabrück, por el parque. Una joven pareja, optimista, que camina con su perro hacia un futuro que no sabe qué le deparará.