Esperanza, ruido y tapas: el circo electoral en España

Artículo publicado el 9 de Junio de 2015
Artículo publicado el 9 de Junio de 2015

El 24 de mayo, España votó en las elecciones locales y autonómicas, y puede que haya dicho adiós a su sistema bipartidista. Nuevos partidos regionales han dado un duro golpe a PP y PSOE, con el pueblo español demostrando que están dispuestos a votar por la esperanza cuando esta se presenta. Un guiri cuenta su experiencia en el circo al que España llama elecciones. [Análisis]

Estar en España en periodo de campaña significa no tener que poner nunca el despertador; coches soltando eslóganes pidiendo el voto para uno y otro partido empiezan a hacer las rondas por la ciudad desde bien temprano. Como los coches de partidos rivales se suceden rápidamente, actúan como un botón de snooze imposible de apagar. Cada uno, probablemente cansado de gritar el mismo mensaje todo el día, se toma un descanso de la propaganda para recordarnos a todos que la noche del jueves es noche de tapas.

A menos que hayas huido a las montañas, no te escapas de estos vehículos armados con megáfonos, pero para estar bien seguros de que nadie se pierda su mensaje, también llenan de folletos los buzones. A los del partido valenciano Demòcrates-Units se les da especialmente bien. Sus mítines se celebran al mismo tiempo que las invitaciones se están aún repartiendo, sin dar así ninguna oportunidad a la gente a tener tiempo de poder asistir. Y así otro metro cuadrado de selva amazónica desaparece en vano.

El panorama político español ha estado dominado por dos partidos, el conservador PP y el socialista PSOE, por lo que los demás apenas pueden competir con ellos económicamente. Afortunadamente, estas pequeñas formaciones no se desaniman por la falta de financiación y con sus ganas les siguen el paso a sus rivales mejor financiados. Izquierda Unida, por ejemplo, recorre las calles para informar de que están organizando una comida, tradicionalmente marca del PP en campaña. Sin embargo, mientras que los conservadores obsequian a los asistentes con lujosos banquetes gracias a sus amplias donaciones, el partido de izquierdas anima a todos a llevar su propia comida y bebida. Lo bueno es que el parque, el lugar elegido, tiene entrada gratuita.

La mejor característica del período de campaña en España es el día anterior a las elecciones, llamado "día de reflexión", durante el cual a los partidos no se les permite persuadir a los votantes. Tras una cacofonía de ruido durante interminables días, la tranquilidad de este día le da a los ciudadanos un gusto renovado por el silencio y, poco a poco, recuperan la cordura. Estoy seguro de que nadie usa el día de reflexión para su propósito, reflexionar sobre lo que que han oído y decidir a quién van a votar. La mayoría habrán tomado la decisión mucho antes de que el circo haya comenzado y utilizan el día de reflexión para recuperarse de las fiestas en las que han celebrado el fin del período de propaganda y evaluar sus vidas antes que pensar en política.

He quedado con un amigo para las anunciadas tapas y juntos ojeamos la prensa. Le pregunto sobre los periódicos de izquierda y me cuenta que no existen. El periódico El Mundo parece especialmente obsesionado con Podemos, sacando en portada el titular "Los presos de ETA quieren a Podemos en el Gobierno", lo que causó en las redes sociales un aluvión de portadas falsas de El Mundo en las que personajes como Voldemort o el Dr. Maligno apoyan a Podemos. Puede ser la mejor respuesta a los prejuicios mediáticos llevados al absurdo, pero detrás de los chistes se encuentra una verdad que mi compañero articula: "En este país le llaman ETA a cualquier cosa de izquierdas y que pida un cambio social".

La falta de diversidad en las opiniones de los diarios es especialmente preocupante en un país en el que, hace solo 40 años, un dictador represivo de derechas pretendía asimilar a la fuerza una de las poblaciones más pluralistas de Europa. Como me esperaba, la España que me he encontrado no se parece en nada al retrato que ofrecen los medios. Los centralistas, personificados por el PP, Ciudadanos y la prensa, son como los que gritan por megáfono desde los coches para que solo se escuchen sus voces. Lejos de intentar unir al país, solo buscan convertirlo en algo que nunca ha sido y nunca será: un Estado uniforme. Puede que ahora tengas que llevar tu propia comida a los mítines de partidos regionalistas y de izquierdas, pero al menos con ellos las preocupaciones de la ciudadanía no caen en saco roto.

Quizás la gente se haya hartado de la interminable sucesión de escándalos de corrupción en el PP, o la ascensión de nuevos partidos como Podemos les hayan dado esperanzas. De cualquier manera, la sensación de cambio era palpable. El PP aparecía débil en los sondeos y el pueblo quería sangre. Puede que los conservadores hayan ganado la mayoría de los votos a nivel nacional, pero solo han mantenido el poder en tres Comunidades. Además, exceptuando a Málaga, el PP ha perdido el control de las principales ciudades, entre ellas Madrid y Valencia, donde han gobernado durante 20 y 24 años respectivamente. Con Barcelona eligiendo a una activista social para la alcaldía, es probable que las tres ciudades más grandes del país tengan un gobierno de izquierda. Esto podría suponer un precendente importante de cara a las elecciones generales a finales de año, que espero que traigan a España aun más esperanza, ruido y tapas.