¿Está preparada Europa para otra guerra por el gas?

Artículo publicado el 11 de Enero de 2010
Artículo publicado el 11 de Enero de 2010
Con la apertura en Austria del mayor centro de distribución de gas del continente, es evidente que Europa está ahora mejor preparada para afrontar interrupciones en el suministro causadas por factores geopolíticos, que han paralizado regiones de Europa en años recientes. Parece improbable que la crisis energética ruso-ucraniana se repita en 2010

Actualmente, el 80% de las exportaciones de gas ruso a Europa llegan a través de Ucrania. Los conflictos sobre el combustible han llevado, en ocasiones, a interrupciones en su suministro a los 18 estados que utilizan el mismo gaseoducto para importar gas natural desde Rusia. Durante el último de ellos, en enero de 2009, Bulgaria, Moldavia y Eslovaquia se vieron obligadas a poner en marcha medidas de emergencia durante dos semanas. Muchos gobiernos no tenían políticas adecuadas para hacer frente a dichas eventualidades, observa Ian Cronshaw, de la Oficina de Diversidad Energética de la Agencia Internacional de Energía (AIE). Dichos estados no pudieron poner en marcha planes de emergencia alternativos para mitigar el impacto de la crisis del último invierno.

¿Por qué no se pudo suministrar gas a los países que lo necesitaban?

Incluso en momentos de cortes en el suministro, Europa tiende a tener en su conjunto un excedente de gas, observa el doctor Colin Lyle, de la Federación Europea de Comerciantes de Gas. En primer lugar, el principal problema es la falta de capacidad en la interconexión de la infraestructura y el fracaso en poner esta a disposición del mercado. En parte, la decepcionante preparación de Europa ante un conflicto de este tipo fue un fracaso de los gobiernos a la hora de desarrollar medidas para afrontar los problemas políticos, comerciales, contractuales y de infraestructura que surgieron al hacer frente a la crisis. La falta de una legislación europea que unifique criterios dificulta la cooperación entre leyes nacionales de competencia y de energía. En segundo lugar, no todas las redes europeas de gas están unidas unas a otras. Muchas de las conexiones transfronterizas (en las zonas donde existen) o bien no tienen capacidad para hacer frente a volúmenes adicionales para casos de emergencia, o no utilizan un programa para la gestión de explotación del gaseoducto común, instalado para invertir los flujos de gas. En tercer lugar, hay una falta de transparencia de información del mercado, debido a los esfuerzos de los operadores de proteger información comercial delicada. Por último, gran parte del suministro en Europa está sujeto a contratos a largo plazo, lo que deja poco margen para cambios en caso de emergencia, especialmente teniendo en cuenta que el invierno pasado las reservas de gas de la UE eran bajas.

¿Qué ha cambiado?

El sector energético en Europa, en un trabajo conjunto con la UE y los gobiernos de los estados miembros, ha llevado a cabo análisis de riesgos para estar mejor preparado en caso de interrupción en el suministro. El doctor Colin Lyle señala que, debido a la actual recesión, la demanda anual europea de gas ha bajado un 10%. Un incremento en la producción global y la finalización de varios sistemas de transmisión de gas en la UE han permitido aumentar el volumen de gas disponible en el mercado europeo. Por ejemplo, los niveles almacenados son mucho mayores que antes de la crisis de 2009. Debido al trabajo del Grupo de Coordinación del Gas de la UE, muchas barreras del mercado y de infraestructura para la libre circulación a través de Europa se han ido suprimiendo de forma continuada. Los Balcanes es un caso a señalar, donde se están poniendo en práctica planes para integrar las diversas redes de gaseoductos que existen en un sistema único. El operador de gaseoductos griego DEFSA está aumentando la capacidad de suministro a la vecina Bulgaria de gas natural licuado (GNL)importado de la terminal cercana a Atenas, que a su vez obtiene el combustible en el extranjero.

“La demanda anual de gas europea ha descendido un 10% y las reservas de gas son mucho mayores”

Este año se ha abierto una terminal de gas natural licuado en Gales y otra cerca de Venecia. La iniciativa italiana es una maravilla de la ingeniería junto al litoral. Con un coste de 2.000 millones de euros, es del tamaño de dos campos de fútbol, tiene diez pisos de altura y capacidad para suministrar el 10% del gas que necesita Italia. Estas terminales juegan un papel vital para aumentar la capacidad de almacenaje de gas de Europa y diversificar sus fuentes, a fin de ser menos vulnerable ante disputas geopolíticas. La apertura en diciembre del Centro de Gas de Europa Central (CEGH, por sus siglas en inglés), en Baumgarten, en Austria, cerca de la frontera con Hungría y Eslovaquia, ya está mejorando la capacidad de la región para almacenar y distribuir gas a estados vecinos.

Construida en Algeciras, Cádiz, entre los años 2003 y 2008, la terminal se instala en la costa italiana.

El futuro

Hay dos propuestas para más terminales de gas natural licuado, entre ellas la de la austriaca OMV en la isla croata de Krk, para suministrar a este último país y sus vecinos. Asimismo, hay planes para cubrir los vacios en la red europea de gas de alta presión, incluido el proyecto para la construcción de un gaseoducto bajo el mar entre Grecia e Italia. En toda Europa, compañías energéticas están buscando fuentes de gas ‘no convencionales’. Hay gas en rocas de pizarra, un mineral escamoso sedimentario, que hasta la reciente invención de la técnica de taladro conocida como fractura hidráulica, era demasiado caro explotar. La AIE calcula que hay suficientes reservas de gas no convencional para reemplazar las importaciones europeas durante 40 años a los niveles actuales, si bien probablemente se tardará una década antes de que Europa vea al 100% los resultados de dicha inversión.

Foto: ©Edison Spa/ Wikimedia