¿Está Turquía preparada para la adhesión?

Artículo publicado el 29 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 29 de Septiembre de 2005

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Parece que ni la aparente carencia de apoyo público, ni el debate sobre la cuestión chipriota o el escepticismo político impedirán que la próxima semana se inicien las negociaciones para la entrada de Turquía en la Unión Europea.

Desde que la Comisión Europea dio el pistoletazo de salida al comienzo de las negociaciones de adhesión, la agenda no ha podido estar más apretada. La polémica suscitada tras la negativa turca a reconocer a la República de Chipre, la ascensión de la cristiano-demócrata Ángela Merkel en Alemania y el No francés y holandés a la Constitución Europea son sólo algunos de los acontecimientos que han amenazado con arruinar las negociaciones incluso antes de que hayan empezado. Con el 3 de octubre -fecha oficial del inicio de las negociaciones- a la vuelta de la esquina, es el momento de echar un vistazo a algunos de estos temas.

Un punto decisivo

Chipre, miembro de la UE desde mayo del pasado año, es sin duda una incómoda piedra en el zapato turco. Ankara no reconoce la autoridad greco-chipriota sobre el norte de la isla, que está habitada por turco-chipriotas. Aún así, parece que las posturas se aproximaron cuando el pasado julio Turquía firmó el denominado Protocolo de Ankara, una extensión del acuerdo aduanero a los diez nuevos Estados de la Unión Europea, y por lo tanto, a Chipre.

Sin embargo, en una declaración aparte, el gobierno turco subrayó que este acuerdo de ninguna manera implicaba reconocimiento alguno sobre la República chipriota. Sobre esta cuestión, tanto Chipre como Francia declararon que sin el reconocimiento explícito de Chipre como Estado, las negociaciones de adhesión no deberían comenzar. No obstante, tras un feroz debate entre los 25 miembros de la UE, el 19 de septiembre se difundió el borrador de la contra-declaración europea (aún pendiente de la aprobación del Consejo de Ministros) manifestando que hasta que Turquía no reconozca de forma oficial a la República de Chipre, las negociaciones no podrán desarrollarse como están proyectadas. El debate parece centrarse ahora sobre en qué punto de las negociaciones Turquía se verá obligada a reconocer a Chipre.

La condición de socio privilegiado puesta sobre la mesa

Mientras la Unión Europea está convencida de que el camino hacia la integración turca está más o menos despejado, no todos sus políticos se muestran tan optimistas. Ángela Merkel, candidata conservadora que se presentó a la cancillería alemana en las selecciones del pasado 18 de septiembre, es absolutamente contraria a la entrada turca en la UE. Haciendo de esta negativa una de sus puntas de lanza, llegó a afirmar en alguno de sus discursos electorales que nunca permitiría el ingreso de Turquía. Su postura es apoyada por el número dos del gobierno francés y candidato a la presidencia francesa Nicolas Sarkozy, lo que no significa que ambos quieran romper o posponer las actuales negociaciones. Su principal objetivo es cambiar su rumbo acercando Turquía a la UE con un estatuto de socio privilegiado en lugar de como miembro de pleno derecho. Por supuesto, este nuevo estatuto no conllevaría los mismos derechos que la adhesión como miembro. Aparentemente, esta opción es inaceptable para Turquía. Si la nueva vía de acercamiento a la UE se materializase, sería el propio gobierno turco el que podría retirarse de la mesa de negociaciones. Por fortuna para Turquía, la propuesta de socio privilegiado no ha sido incluida en el texto final de la contra-declaración europea.

Pero no todo son malas noticias para Turquía. Después del golpe que supuso el huracán Katrina para Estados Unidos a principios de septiembre, así como la consiguiente subida de los precios del crudo, la UE debe enfrentarse ahora a una considerable crisis energética. Una de las principales razones que mueve a la Unión a desear el ingreso de Turquía en su club ha sido siempre la estratégica ubicación de la península de Anatolia en las rutas que abastecen al continente de fuentes energéticas. Este mismo mes de mayo, fue inaugurado el oleoducto entre Bakú y Ceyhan. Esta arteria energética llevará millones de toneladas de crudo desde Azerbaiyán hasta el puerto turco de Ceyhan. Al menos en este terreno, Bruselas necesita hoy a Turquía más que nunca. Se trata de una situación que sin duda ayudará a suavizar muchas de las objeciones suscitadas ante el inicio, el día 3 de octubre, de las definitivas conversaciones para el ingreso turco.

Los europeos no están muy convencidos

Con independencia de si las negociaciones comienzan o no en la fecha acordada, no cabe duda que la UE encontrará serias dificultades para que la población apruebe la entrada de Turquía. Técnicamente hablando, el No francés y holandés a la Constitución Europea no supone una amenaza a la entrada turca en la familia comunitaria, dado que el texto rechazado no hace ninguna mención al respecto. Aún así, no se puede ignorar que el No alberga grandes dosis de rechazo a la probable adhesión. Se trata de un sentimiento fundado en el miedo de los votantes a vivir en una Europa en la que Turquía disfrute de cierta capacidad de decisión.

En las encuestas realizadas antes y después de ambos referendos, sólo el 6% de los votantes franceses así como el 3% de los holandeses admitieron que la cuestión turca era la principal razón de su No a la Constitución. Sería absurdo negar que este asunto es uno de los más polémicos entre los electores europeos. Una encuesta reciente realizada por la Fundación Alemana Marshall concluye que sólo el 22% de los ciudadanos de la UE apoya la candidatura de Turquía mientras que a un 39% la idea no le atrae demasiado. Al mismo tiempo, el apoyo del propio pueblo turco a su ingreso en el seno de la UE ha caído desde el 73% hasta el actual 63% en sólo un año.

Turquía como protagonista

La Comisión Europea, consciente del escaso apoyo público, ha anunciado que promoverá el diálogo entre ciudadanos europeos y Turquía. Llevado a la práctica, esto significa que la UE deberá destinar importantes fondos para convencer a la opinión pública de que aceptar a Turquía dentro de la UE no es una mala idea. Al mismo tiempo, han surgido críticos que piensan que si promocionar las ventajas del ingreso de Turquía va a suponer un importante mordisco en el presupuesto europeo, es muy probable que lo que se consiga sea todo lo contrario. Lo que en definitiva esto demuestra es que para la Comisión, la falta de apoyo popular por si sola, no es suficiente para posponer el inicio de las conversaciones.

Tanto antes del 3 octubre como en adelante, pueden suceder aún muchas cosas que hagan descarrilar las negociaciones. De hecho, sólo una cosa parece cierta. Cuando éstas comiencen, el camino a recorrer será largo y estará plagado de baches. Mientras tanto, los observadores turcos no deberían bajar aún la guardia.