Estaciones de esquí sin esquiadores

Artículo publicado el 15 de Febrero de 2007
Artículo publicado el 15 de Febrero de 2007
Este invierno de 2007 se está pareciendo demasiado a los precedentes: tibio, húmedo y sin nieve. Provocando sudores fríos a los fabricantes de esquís.

“No hay nieve”, se repite, desde los Alpes hasta los Vosgos, pasando por los Pirineos. Se cancela la Copa del Mundo de Esquí, se cierran en enero las estaciones de esquí, y los que parten de vacaciones a la montaña llevan en su equipaje bañadores. Mientras el calentamiento climático acapara los titulares, la industria de los deportes de invierno se echa a temblar.

En enero pasado, la OCDE publicaba un informe sobre los cambios climáticos que afectaban los Alpes europeos, afirmando sin matices que “la nieve básica en esta región será cada vez más escasa”. Si hasta ahora, un 90% de los emplazamientos alpinos aptos para esquiar (609 sobre 666) disponían de nieve al menos 100 días al año, un aumento de temperatura de solo 1ºC bastaría para reducir el número de estos emplazamientos a 500.

Según este estudio, el mes de noviembre de 2006 fue, en los Alpes, el más cálido de los últimos 140 años. Los años 2002, 2003 y 2004 han sido los más cálidos desde hace 500 años. La misma campana suena en el Centro de estudios de la nieve (CEN) del servicio meteorológico francés de Grenoble, que confirma que el calentamiento climático conduce de forma inevitable a “estaciones nivosas más tardías y cortas”.

Sin embargo, no en todos los países la amenaza es la misma. Si en Suiza el aumento de 1ºC de temperatura obligaría a cerrar un 10% de sus estaciones de esquí, en Alemania se cerraría el 60%. Se trataría de las estaciones de esquí situadas a menor altitud. La fiabilidad de las nevadas lleva a cuestionarse la economía de la cuenca alpina, muy vinculada al oro blanco.

Soluciones cortoplacistas

Se trata de un desafío de gran envergadura para las regiones alpinas europeas, que a menudo dependen en más de un 50% del turismo. En Saboya, por ejemplo, el turismo genera cada año 1.800 millones de euros de ingresos, más de la mitad de la riqueza del departamento (el equivalente de una provincia en España) y el 28% de los empleos directos. Los Alpes atraen entre 60 y 80 millones de turistas por año y unos 160.000 esquiadores cada día sobre el conjunto de las estaciones que dependen de Francia, Suiza, Austria y Alemania.

¿Qué hacer entonces? Desde hace unos veinte años se vienen realizando colosales esfuerzos financieros para lograr una solución “a corto plazo”, la producción de nieve artificial entre otras. Algunas estaciones no han dudado en endeudarse para equipar sus áreas con cañones de nieve. Una solución que tiene sus límites. Producir nieve artificial requiere temperaturas de entre -2º y –4ºC y además es una fórmula devoradora de agua: fabricar una hectárea de nieve requiere 3.000 metros cúbicos de agua.

En un medio frágil como el de la montaña, el problema de los recursos naturales es mucho más delicado. Para resolver los problemas de agua, las estaciones de esquí han construido balsas de agua o embalses en las colinas que flanquean las montañas, pero su impacto sobre la flora y la fauna, y sobre los riesgos de desprendimientos en las laderas, no hacen sino agregar problemas a los ya existentes.

Diversificar

Otro de los métodos propiciados por los administradores de las estaciones de esquí es el desarrollo de espacios para esquiar a cada vez mayor altura y la multiplicación de enlaces entre las diferentes estaciones. Esta estrategia daña por lo menos un poco más el medioambiente. En cuanto al aumento de la extensión de las pistas, tampoco impedirá el inevitable calentamiento climático.

Los políticos insisten en la necesidad de encarar los problemas de forma global. Para Thierry Combaz, de la oficina de turismo de Villard de Lans (estación de Vercors, Francia) una clientela “compuesta en un 40% de no esquiadores y con la permanente incertidumbre con relación al espesor de su capa de nieve empuja hacia una diversificación de las actividades invernales”. De modo que en las estaciones de altitud media, se han multiplicado los espacios para el entretenimiento, las piscinas, los ecomuseos, los patinódromos y los recorridos con raquetas de nieve, etc.

Otra tendencia es la de orientarse hacia el turismo verde. El pasado mes de enero, Avoriaz hospedaba la primera edición del Foro “Winter sport resorts for a better world”: los protagonistas de la industria del esquí se reunieron para discutir los desafíos del cambio climático y trataron de imaginar la estación ecológica del futuro. La estación austríaca de Werfenweng, al sur de Salzburgo, ha sido pionera al decidir la incorporación de los “desplazamientos light”. En esta estación, los veraneantes cambian las llaves de sus autos por un acceso gratuito a bicicletas, buses o coches eléctricos.

Si estas medidas aumentan el volumen de su mercadotecnia es que ha llegado el momento de concebir una verdadera política pública, coordinada a nivel europeo. Los deportes de invierno dependen de la ley del mercado y sin la intervención de los poderes públicos la adaptación duradera de las estaciones a los efectos del calentamiento climático tenderá a realizarse por el atajo de las soluciones de corto plazo.