Estafa, crimen y periodismo

Artículo publicado el 16 de Agosto de 2010
Artículo publicado el 16 de Agosto de 2010
La corrupción política en Europa se ha convertido (otra vez) en el culebrón del verano. Ante las revelaciones difundidas por la prensa, los gobiernos de la Vieja Europa castigan e incluso tratan de amordazar las voces que temen. La tendencia está bien extendida y mientras en Gran Bretaña, Alemania y Polonia, las investigaciones provocan dimisiones; en Francia e Italia, nadie reacciona

Nada que envidiar a los tipos de 'Reservoir Dogs'...Informar mata. Sobre todo cuando uno se encapricha demasiado con los medios mafiosos. Parece una imitación de una vieja novela policíaca de los años 30, un periodista griego “que ha hecho públicos varios negocios”, según el periódico heleno Ta Nea, fue asesinado el pasado 19 de julio con un arma automática. De acuerdo a la investigación, Sokratis Giolias habría sido asesinado por un grupúsculo terrorista llamado La Secta de los revolucionarios. La verdad es que el periodista y bloguero de Troktiko pagó con su vida su curiosidad, que reveló el estado de corrupción actual en el cual vegeta el gobierno griego.

La prensa mete presión

Pero la plaga no se detiene en las fronteras griegas. El último informe de la ONG Transparencia Internacional advierte que la corrupción es una práctica que afecta a toda Europa. Sobre todo a Grecia, Italia y España. Hasta el punto que, el pasado 6 de mayo, el Parlamento Europeo pidió que la UE adoptara una  política clara ante este problema. Sin embargo, son los medios de comunicación los que decidieron poner en evidencia las prácticas de los gobiernos, a menudo demasiado opacas.

Lo mejor, el cortacésped de Alan DuncanDesde 2009, el trabajo del Daily Telegraph ha permitido revelar un escándalo financiero sin precedentes en Reino Unido que ha acabado con la dimisión del representante de la Cámara de los Comunes. A medida que el periódico británico destilaba nuevas informaciones, el gobierno de Gordon Brown se hundía en la peor humillación política. Al comprar un disco duro que contenía los gastos de todos los parlamentarios británicos, el Daily Telegraph demostró que los diputados habían pedido que se les reembolsara hasta el papel higiénico, el alimento para gatos y los cortacésped. Todo ello con dinero público. Of course.

Un soborno de 17,5 millones de euros

Anteriormente, en 2002, los medios de comunicación polacos descubrieron el escándalo más grande de corrupción del país desde su emancipación postcomunista. Adam Michnik, el redactor jefe del periódico nacional de mayor influencia, Gazeta Wyborcza, decidió publicar en portada la proposición más que indecente que le habría realizado el productor Lew Rywin para influir en el contenido editorial de la publicación. Rywin le ofreció 17,5 millones de euros de soborno a Michnik y declaró que actuaba en nombre de un grupo con poder, miembros del SLD (Alianza de la Izquierda Democrática), el partido de la oposición. La información desencadenó un seísmo político de tal magnitud que llevó, por primera vez en Polonia, a la creación de una comisión de investigación parlamentaria. Sus interrogatorios, emitidos en directo por la televisión polaca, consiguieron la sensibilización de la opinión pública sobre la corrupción. Después, varios politólogos señalaron que el Rywingate permitió que se abra una verdadera caja de Pandora, ya que los vínculos criminales de la política polaca con la mafia y los negocios sucios son fuertes.

Si los asuntos de corrupción se debaten en público es debido a la prensa, que tiene más o menos impacto según el país europeo que esté bajo la lupa. La prensa británica es un ejemplo positivo. El antiguo secretario del Tesoro británico, David Laws, dimitió después de que el Daily Telegraph revelara que había recibido indebidamente 40.000 libras, cerca de 47.000 euros, por diversas facturas. Mayor contundencia se ve en Alemania, donde bastó una frase para que Horst Köhler, el ex presidente de la República Federal Alemana, dejara su cargo a medio mandato. Mientras que en la prensa germana basta una línea, los medios franceses e italianos tienen que escribir libros. Y, aún así, nada. Aunque parece que la cosa empieza a cambiar.

Las escuchas telefónicas han ayudado a destapar escándalos de corrupción política, com el caso Bettencourt

En Italia, el silencio es oro

En la portada del 11 de junio de 2010 del periódico italiano de centro-izquierda La Reppublica, apareció un cuadrado amarillo sobre fondo blanco, simbolizando un post-it, con la inscripción: “La legge-bavaglio nega ai citadini il diritto di essera informati” (“La ley mordaza niega el derecho a la información de los ciudadanos”). Todos los medios de comunicación nacionales se manifestaron en contra de este proyecto de ley impulsado por el primer ministro, Silvio Berlusconi, destinado a sancionar a todos aquellos periódicos que revelaran el contenido de las escuchas telefónicas. El presidente del Consejo estuvo a punto de obtener la impunidad máxima. Pero la prensa, jugando al rey del silencio, ha dado lugar a un vendaval de indignación popular que basta para que Il Cavaliere dé marcha atrás.

También de escuchas se habla en Francia, en este caso, de las realizadas por el mayordomo de la tercera mujer más rica de Francia, Liliane Bettencourt y publicadas por el diario digital francés Médiapart, que han sacudido el mundo político y mediático francés. Al punto de pedirse la dimisión del ministro de Trabajo, Eric Woerth. Sin estas grabaciones, Médiapart no hubiera podido informar que la campaña del presidente galo, Nicolas Sarkozy, según se desprende de las escuchas, se financió de manera ilegal. Y la justicia no hubiera podido abrir una investigación. De hecho, los políticos afectados han optado por defenderse a través del insulto. Desde “Trotskistas” a “fascistas”, han sido algunos de los calificativos que la clase dirigente ha dedicado al trabajo de investigación realizado por los medios. “Ya está bien”, ha advertido Woerth, sospechoso de tener un conflicto de intereses entre su antiguo puesto en el ministerio del Tesoro y sus relaciones con Bettencourt. Desde hace unos días, la prensa francesa y europea subraya que el gobierno juega con el afecto de los franceses intentando maquillar un escándalo. Aquí ni siquiera necesitan la ley de la mordaza. En Inglaterra, Eric Woerth hubiera, sin duda, dimitido.

Fotos: principal ©Stian Olsen/Flickr; Brown y Blair, ©Eddie Dangerous/Flickr ; ©Hot Meteor/Flickr; casete, ©Stéfan/Flickr