Estambul restrictivo: no beberás en la calle (incluidas las terrazas)

Artículo publicado el 31 de Octubre de 2012
Artículo publicado el 31 de Octubre de 2012
En junio de 2011, las autoridades estambulitas cerraron todas las terrazas de los establecimientos del conocido barrio de Beyoğlu. Un año después, anuncian que esta prohibición será permanente. Sera, quien regenta uno de los innumerables bares del barrio, cuenta su historia. Como detalle final, desvela la receta de uno de sus mejores cócteles.

Sera está sentada en la calle cerca de la sala Babylon de Estambul, en el laberíntico barrio de Beyoğlu. Toma una copa para combatir el sofocante calor de la ciudad: una imagen que recuerda a una escena dirigida por el propio Spike Lee. Sera —vestida de negro, leggings arremangados y pelo recogido hacia atrás— está rodeada de sus amigos y compañeros de trabajo. Como en las películas del cineasta estadounidense, hay un trasfondo político, pero nadie aborda cuestiones sobre racismo o pobreza. “Lo que estoy haciendo ahora mismo es ilegal”, arroja Sera mientras echa una ojeada a su alrededor: está sentada en la terraza del bar que ha regentado durante ocho años. Si la sorprenden en el exterior una tercera vez, tendrá que pagar una multa en el acto.

A su paso por esta calle del barrio, Sera critica las terrazas limitadas: “Quedan horribles”.

Sera pide permanecer en el anonimato y que se proteja el nombre de su local para así evitar tener problemas con las autoridades, quienes cuentan con el respaldo incondicional de la policía. Que ocurran estas historias sobre leyes prohibitivas y “espacios públicos invadidos” en el bohemio barrio de Estambul puede sonar a leyenda urbana. Beyoğlu es conocido por ser un distrito difícil de explorar debido a sus calles estrechas y sinuosas. Durante la visita del primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, uno de los presentes tuvo la idea de alzarle la copa cuando este pasó por delante: fue tal la tensión del encuentro que el devoto líder turco, enfurecido, ordenó al alcalde de Estambul, Ahmet Misbah Demircan, que hiciera algo al respecto de inmediato.

“Recibí una carta la última semana de julio de 2011”, señala Sera. “Ya no tenía permiso para poner mesas y sillas en la terraza, parece ser que había caducado”. Los ingresos mensuales del bar disminuyeron de 120.000 liras turcas a diez mil en solamente un mes, cuando esta prohibitiva ley entró en vigor coincidiendo con el mes de ramadán. “El propietario lo entendió: accedió a reducirme el alquiler a la mitad y a eximirme de impuestos. El negocio va repuntando lentamente. Antes no estaba mal si recaudábamos unas dos mil liras por noche entre semana. Ahora no podemos quejarnos si hacemos sólo seiscientas”.

Bares atiborrados, gente bailando en las calles y hasta dificultades para cruzar la calle. Así de alborozada se muestra la ciudad de Estambul.

Antiguamente el bar fue un colmado situado en un barrio conocido por el consumo de droga. En la actualidad, los vecinos lo acechan con total desconfianza. A sólo cinco minutos del bar, las autoridades también se están encargando de eliminar los espacios públicos alrededor de la histórica torre de Gálata, donde los jóvenes se concentraban para beber. Las consecuencias económicas de esta ley han afectado al corazón del barrio: ahora las zonas de Beşiktaş, Bebek y Nişantaşı están a rebosar debido a los múltiples establecimientos que se han desplazado allí y que, por tanto, se han llevado la clientela.

He aquí algo que, aunque proceda de Tennessee (EE. UU.), seguramente estén echando de menos en Beyoğlu: la limonada Lynchburg.

Este cóctel debe tener 1/7 de Jack Daniel’s, 1/7 de sweet & sour (se trata de una mezcla de sirope de azúcar con zumo de limón. El sirope se elabora a partir de azúcar y agua), 1/7 de de Cointreau y 4/7 de Sprite o gaseosa.

Fotos: portada, (cc) weno/Flickr; texto, (cc) illustir/Flickr y © Nabeelah Shabbir.