Estigmatización y juego sucio: El truco turco del agujero

Artículo publicado el 23 de Febrero de 2012
Artículo publicado el 23 de Febrero de 2012
Muchos son los clichés que profieren los europeos sobre los turcos. Sin embargo, hay uno que acentúa la estigmatización frecuente a la par que sesgada: los popularmente llamados baños "turcos".

Dentro de la familia cliché turca, yo quería ser el padre, escupiendo todo el día las volutas de nicotina como una locomotora. Mal pico. En su lugar, he terminado con el intrépido escritor americano, fumador de hachís, William "Billy" Hayes, en la misión Midnight Express hablando de las cárceles de Estambul. Acabar con un cabeza de turco al otro lado del Atlántico no es precisamente un juego. Afortunadamente, ya he hecho la adquisición del resto de la hermandad arquetípica turca durante mis paseos anteriores: de la abuela productora de delicias turcas al abuelo de bigote espeso, pasando por la madre – con un manto por cuero cabelludo abovedado-, el hijo, ferviente adorador de Atatürk y, al final, la hija, adepta al hammam y la danza del vientre.

La estigmatización de los turcos es, en realidad, un "juego de sociedad" popular, muy apreciado entre la  población de entre 7 y 77 años de toda Francia y cuyo modo de empleo parece bastante inteligible. La astucia más simple que se puede adoptar para terminar vencedor de la partida consiste, en general, en atacar los llamados baños "a la turca" o "turcos". Cuando un individuo con la vegija saturada se enfrenta a un simple agujero cavado en el mismo suelo a modo de letrina, su primer instinto es exclamar: "'¡Dios mío! ¡Ya pueden decir que estos son baños turcos; en materia de higiene no es todavía Bizancio!".

Sin embargo, la anécdota indica que fue Bert Vandegeim, en su Bélgica natal medieval, el que inventó los encantadores baños. Con el objetivo de no manchar ni un céntímetro cuadrado de su pantalón, se lo habría enrollado alrededor de su cabeza a modo de turbante antes de agacharse, en posición de baltracio, encima de su creación. Haciendo gala de su sombrero, su compañero, rusieño, le habría comparado con un sultán turco, bautizando entonces como turcos los baños recién imaginados.

El agujero ¿turco? de la discordia

En términos de incomodidad, los baños tradicionales japoneses parecen, de lejos, destronar a los calificados como "turcos". También llamados "washikis", obligan en efecto al usuario a adoptar una posición casi fetal y no menos peligrosa para aliviarse. Por el contrario, los turcos niegan depositar sus excrementos de un tamanera tan incómoda. Llegan incluso a jactarse de haber pedido prestado a los japoneses solo el aspecto más higiénico de sus sanitarios: el chorro de agua de aclarado después del acto, lo que permite ahorrar kilómetros de papel higiénico cada año.

No se ha comprobado, sin embargo, que los turcos sufran por las habladurías sobre sus baños pues, en efecto, la mayoría atribuye la paternidad del espartano agujero a sus vecinos griegos. Si bien es más que cierto que Diógenes defecaba en el mismo suelo con placer, el pueblo helénico prefiere pensar que son los búlgaros los primeros que cavaron el suelo a modo con fines urinarios.

Al final, delante de estos baños "turcos", los franceses no son solo exigentes y deslenguados, sino que además hacen oídos sordos. Pocos son los galos conscientes de que nuestros amigos ingleses y holandeses consideran este tipo de baños franceses más inhospitalarios que los turcos, una conivicción que se ha reforzado gracias a sus repetidas y repelentes experiencias en las estaciones de servicio del Hexágono.

¿Se merecen entonces los baños turcos esta denominación? Existe afortunadamente en turco una expresión que nos permite zafarnos una vez más. "Franzız kalmak", literalmente "mantenerse francés" que significa, en efecto, mantenerse extranjero a un fenómeno, no comprender el tema de conversación. En buen francés, rechazamos ver a Turquía como verdaderamente es, prefiriendo relajarnos en el caparazón de los chismes y los lugares comunes. Salvo que veamos en realidad el descubirimiento que harían los diputados europeos de origen turco en Bruselas o a Estrasburgo cuando, al salir del hemiciclo para ir al baño, desembocaran en una cerámica adornada con un simple agujero.

Fotos: Portada (cc) Vitor Sá/flickr ; Texto : baños turcos (cc) alainmarie2/flickr ; PQ (cc)  TheGiantVermin/flickr