Estilo báltico

Artículo publicado el 21 de Diciembre de 2006
Artículo publicado el 21 de Diciembre de 2006
Daiva Urbonaviciüté, de 33 años, es diseñadora en Vilnius, Lituania. Su marca original, que combina estilo y comodidad, lleva las de ganar para infectar a Occidente.

En la calle peatonal Stikliu, cerca del ayuntamiento de la capital lituana, Vilnius, una tienda llamada Zoraza llama la atención de todo aquel que pasa por delante. El lugar es minúsculo, a penas unos metros cuadrados en los que chaquetas de cuero, pieles, vestidos de encaje, botas multicolores, vestidos de algodón, faldas floreadas, camisetas personalizadas, un gran espejo y dos sillones antiguos están dispuestos en un alegre desorden. En esta habitación con aspecto de sala de exposiciones, Daiva Urbonaviciüté presenta sus creaciones.

Una tienda-taller con aires de saloncito. Detrás, encontramos un pequeño taller abarrotado de retales, recortes de revistas de moda y patrones. Un ordenador completa la mesa de dibujo en la que están esparcidas las fotos de su último desfile.

Daïva parece orgullosa del camino que ha recorrido y de su pequeña tienda en el corazón de este barrio por el que se deja caer la flor y nata de la capital. Lejos está la estudiante de la Academia de Bellas Artes de Vilnius que trabajó durante 5 meses con su pequeña máquina de coser para crear una colección y que invirtió todos sus ahorros en un pequeño desfile.

Ahora Daiva Urbonaviciüté, ya es una diseñadora conocida y apreciada por la jet-set y los altos ejecutivos, que tiene su propia marca, Zoraza, y que ha empleado a una gerente para administrar la venta de sus creaciones.

Vilnius es una ciudad pequeña y la marca Zoraza se ha forjado enseguida una buena reputación. La moda es la pasión insaciable y contagiosa de esta tímida mujer. Zoraza proviene de la palabra de argot ruso que significa "infección": según la diseñadora “la moda tiene que infectar a todo el mundo". Su creación es explosiva y sorprendente.

A sus empleadas, que trabajan en un pequeño taller encima de la tienda, les ruega que olviden lo que han aprendido para adquirir su mentalidad y su estilo, “por ejemplo, que no hagan una costura derecha y perfecta sino más bien inestable y curvada para que la ropa sea más viva y ligera".

Su moda

Como un virus, el estilo Zoraza contamina poco a poco. Desdeñando cualquier tendencia internacional, Daïva Urbonaviciüté crea ropa según lo que le apetece y no según la moda. Se inspira en trajes de piezas de teatro, su propia imaginación, ilustraciones de viejas revistas… dibuja e inventa casi sin darse cuenta. Sus dos principios son la comodidad y el estilo.

Lo esencial para esta joven creadora inclasificable es el poder sentirse a gusto con la ropa que lleva, antes que con estilo, por lo que ella misma viste sólo con sus propias creaciones, y no por esnobismo, sino para sentirse bien.

Daïva Urbonaviciüté crea moda sin seguir la moda y es esto lo que seduce. Ni clásico, ni contemporáneo, está al margen desde sus inicios a finales de los noventa. De hecho, previene a sus clientes desde el principio: “Tenéis que sentiros a gusto, ya que con mi ropa todo el mundo os va a mirar en la calle”.

Humilde con respecto a su éxito y consciente de su potencial, recuerda los comentarios de algunos extranjeros, en su inicios, que al entrar en su tienda preguntaban “¿viene de Londres? ¿De París? ¿De Milán?” “No,” les respondía orgullosa, “¡de Vilnius!”

Conquistaremos Londres

A pesar de que nada le ha sido fácil, esta mujer sonriente de manos de oro no guarda ningún mal recuerdo de las dificultades por las que tuvo que pasar. “Al principio, fue difícil para mí, nunca había creado para vender; creaba de modo artístico y los desfiles eran para mí ante todo un resultado artístico.” Hoy, Daïva vive bien y sueña con trabajar durante unos años con Comme des garçons, Christian Lacroix, Vivienne Westwood o incluso abrir una tienda en Londres o en Tokio.

Los ojos de esta mujer reservada brillan cuando nos cuenta la historia de una de sus amigas, cantante, que vive en Londres. A menudo, su amiga le pide por teléfono que vaya a Londres a instalarse, ya que “no puede salir a la calle con la chaqueta que le diseñé sin que todo el mundo la pare para saber donde la ha conseguido.” Por el momento, es mejor quedarse en Vilnius. “Puede que ganase más dinero fuera, pero aquí, a la gente le gusta lo que hago y no sé como sería recibida mi producción. Para mí, lo esencial es recibir una respuesta a mi creación.”

En cuanto habla de costura, el rostro de Daïva Urbonaviciüté se ilumina, sonriente. A esta diseñadora de imaginación inagotable le gusta su trabajo. Con humildad, confiesa que no siempre reconoce su ropa una vez que la gente la lleva puesta o incluso cuando está acabada. “A menudo, cuando las costureras me traen la ropa que les había dejado en croquis algunas semanas antes, no la reconozco. Es a veces tan bonito y asombroso que no entiendo cómo he podido tener una idea así.”

Fotos, Patricio Diez