Estrategia de Lisboa, última llamada

Artículo publicado el 15 de Noviembre de 2004
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Artículo publicado el 15 de Noviembre de 2004

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La UE necesita bajo la presidencia de Barroso un ejecuivo europeo basado en la economía y no en nuevos pactos y estrategias.

Fue un entierro de primera categoría. Según el informe relacionado con la estrategia de Lisboa presentado por el ex-presidente de los Países Bajos Wim Kok el 5 de noviembre, la meta de convertir a Europa de aquí a 2010 en el “área más dinámica y económicamente más competente del mundo” no se va a alcanzar. El Financial Times -diario de las élites europeas- define el balance medio de la agenda de reformas cerrada en marzo del 2000 como un “gran fracaso”.

Mirada furiosa hacia atrás

Romano Prodi, a punto de dejar la presidencia de la Comisión, se sirvió del informe Kok para arreglar las cuentas con los tres países miembro más importantes. Junto con los sospechosos habituales cuando se trata de liberalización económica –Francia y Alemania–, Prodi también acusa a Gran Bretaña. Se conoce que Tony Blair no logró controlar a Schröder y a Chirac tal y como Prodi esperaba.

Su particular drama consiste en que durante su mandato siempre encontró mas valor para enfrentarse a la prensa que a los gobiernos poderosos. De este modo, y despreciando los esfuerzos de Pedro Solbes, su primer comisario del cambio monetario, Prodi criticó duramente en Le Monde de 18 de octubre de 2002 el pacto de estabilidad. “El pacto de estabilidad es una” “tontería” “al igual que son tontas todas las decisiones rígidas e inflexibles”. Prodi es ahora el sepulturero de la estrategia de Lisboa en un desconsiderado gesto de cara a su sucesor Barroso.

Métodos abiertos y reglas inflexibles

Atendiendo al fiasco del pacto de estabilidad -como muestra de que las reglas inflexibles fracasan- y el balance poco prometedor de la estrategia de Lisboa -como ejemplo para ilustrar que el principio del “método abierto de coordinación” no funciona-, podemos concluir lo siguiente: la economía europea no se puede manejar ni con normativas distorsionadas por las estrictas regulaciones que imponen los políticos ni con acuerdos improvisados donde el potencial sancionador y la competencia centralizada están ausentes.

Aún así, Prodi dejará a su sucesor un legado positivo. Hace dos años Prodi ya definió la consecuencia del fracaso del pacto de estabilidad y de la estrategia de Lisboa: “El pacto de estabilidad es lo mínimo de lo mínimo. Necesitamos un instrumento más inteligente y flexible, pero sobre todo necesitamos una autoridad.“

La visión federal

Este instrumento inteligente, flexible y con autoridad tiene un nombre. La UE necesita un gobierno europeo de economía o "gobernanza económica". Una política que englobe todos los aspectos de la economía, tanto microeconómicos como macroeconómicos, tanto en política fiscal como en política de industria. Una política económica que sirva a los ciudadanos de contrapeso frente a la política timorata del Banco Central Europeo centrada en los mercados de capital. (BCE). Una política económica que aplique en todos los ámbitos el principio de mayoría, rompiendo así tanto el proteccionismo británico de los privilegios de impuestos como el proteccionismo camuflado en política social de las empresas alimenticias en Francia. Una política económica federal, que pueda organizar visiblemente una redistribución, sin desequilibrios tributarios entre Estados y sin que por ello se suban los impuestos comunitarios. Una política que, según la terminología del sociólogo Fritz W. Scharpf del Max Planck Institut de Colonia, gane su legitimidad de "input" (la legitimación democrática) a través de un papel fundamental en el Parlamento europeo y con altas responsabilidades en los parlamentos nacionales. Y que se gane, por otro lado, una legitimidad llamada de "output" (reconocimiento de las acciones) por los éxitos económicos que alcance.

Economistas al margen de las principales corrientes económicas han trabajado una y otra vez sobre este modelo. Una de las argumentaciones más detalladas procede de Stefan Collignon, profesor de "economía política para la integración europea" en la London School of Economics: The European Republic. Cuando Barroso busque una guía intelectual para su presidencia debería leer este libro publicado en 2003 y mandárselo como lectura obligatoria a su vez a todos sus comisarios y, con mayor urgencia, a todos los jefes de gobierno.

Fado y la "European Progressive Era"

Por culpa de los griegos, los portugueses no son este año campeones de la Copa de Europa de fútbol. Y por la política nacional de la industria que han llevado Alemania y Francia, junto con el despiste de Blair en la guerra de Irak, estas tres capitales no serán en el futuro un ejemplo positivo de recuperación económica. Ejemplo que Europa necesita encontrar con urgencia. Lo que le quedará a Lisboa es el fado mientras Europa sigue esperando un concepto para el desarrollo de la dinámica económica, tal y como se desarrolló con éxito en EE UU la Progressive Era" de principios del siglo XX.