Estudiantes en venta: La prostitución como billete de cambio en “Elles”

Artículo publicado el 6 de Febrero de 2012
Artículo publicado el 6 de Febrero de 2012
“Elles”, la nueva película de Juliette Binoche, llega a las salas de cine francesas. La película cuenta la historia de una periodista enfrentada a dos estudiantes, una polaca y una francesa, obligadas a prostituirse para pagar sus estudios. El tema no es nuevo, pero la trama es original y la periodista se deja atrapar por los encantos de las dos muchachas.
La más perjudicada, sin embargo, será la investigación.

Al principio había sido Sud-étudiant, organización de estudiantes franceses, la que había lanzado la primera piedra, afirmando en un informe de 2006 que 40.000 estudiantes habáin sido obligadas a prostituirse para pagar sus estudios; número que ha ido redimensionándose durante los años siguientes, seguido de investigaciones más en profundidad, pero que se mantiene como único punto de referencia para todas las indagaciones futuras. Sud-étudiant ha retirado el texto oficial del informe, construido sobre una base estadística demasiado frágil, pero esto no ha detenido las pesquisas de los medios tradicionales. Jóvenes, estudiantes y en venta: el título perfecto para atraer a lectores y a viciosos.

La prostitución de los estudiantes es un fenómeno irregular, ocasional, que viaja a través de la Red (“ménage con ropa sexy”, es el anuncio más común para atraer a los clientes), tiene lugar en apartamentos privados y no deja fácilmente acercarse a los periodistas y sus preguntas. Eso intenta Anne(Juliette Binoche), en la nueva película de Malgoska Szumovska,Elles en las salas el uno de febrero. Un tema que no es nuevo, ya introducido por "Student service" de Emmanuelle Bercot, pero tratado de un modo original. Con qué resultados, ya veremos.

La película es una coproducción europea que reúne a una productora francesa (Marianne Slot, de Slot Machines), una guionista alemana (Tine Byrckel) y una directora polaca Malgoska Szumowska. La historia gira en torno a dos ejes principales: la vida de Anne, periodista de investigación, y ama de casa, punto de apoyo de toda la familia, y la historia de Charlotte (Anaïs Demoustier) y Alicja (Joanna Kulig) , jóvenes estudiantes que se prostituyen para pagarse los estudios. El ritmo inicial es rápido, las historias personales se describen poco a poco entre las pausas entre una entrevista y otra. El montaje responde a las exigencias de la escena, dejando que la imaginación complete lo que no se dice de la historia. El clímax alcanza su cenit en el momento en que un “cliente” borracho sodomiza a Charlotte con una botella de cristal, indiferente a los lamentos desesperados de la muchacha. El disgusto entre los espectadores es general, el dedo que apunta contra los que abusan de las estudiantes es implacable e intransigente. Sin embargo, la película toma un cariz inesperado. La impresión, que se revela sólo al final de los 96 minutos de rodaje,de no saber todavía nada de la vida privada de Charlotte y de Alicja, estudiante polaca despojada de su maleta a su llegada a París. La primera se prostituye para no tener que pasar el tiempo libre detrás de una caja de un fast-food. Tiene una familia lejana, ignorante e indiferente. La segunda ha vencido su desafío personal con la pobreza, pero tiene que rendir cuentas a su madre, desconfiada y decidida a enderezar, a base de bofetadas, la trayectoria escolar de su hija.

Las preguntas más importantes hechas por la Binoche-periodista han quedado eludidas: sabemos que las chicas no se sienten humilladas, pero a veces también lloran. Sabemos que van regularmente a la escuela, que se “esconden” de algún modo, pero los únicos momentos en los que aparecen en escena son en los de las entrevistas. Las relaciones sexuales, a veces al límite de la perversión, son solo un leitmotiv que reaparece durante toda la película. Todas las cámaras son para ella: Anne, el ama de casa, la periodista que se deja seducir por los relatos seductores de la estudiante polaca. Hasta soñar, por un momento, en ponerse en el lugar de sus testimonios.

En esencia, aquel fenómeno subterráneo e invisible de la prostitución estudiantil ha quedado una vez más inexplorado. La cámara gira en torno a estas figuras seductoras y desinhibidas sin recoger un particular revelador. Aquello que sabemos y sólo aquello de lo que la periodista informará en su artículo, sin posibilidad de verificar sus fuentes. La confrontación con estas vida “al límite”, al principio conducida según un método profesional, acaba por perturbar, aunque sea por un instante, la vida privada de la periodista. El destino de las chicas, escondido bajo un pseudónimo de cabaret (Charlotte se hace llamar Lola y sólo al final desvela su verdadero nombre), se pierde al final de la última entrevista.

Fotos: concesión de © Haut et Court; vídeo: abcscope/youtube