Euromaidán en Ucrania: ¿quién es vitali klitshko?

Artículo publicado el 29 de Enero de 2014
Artículo publicado el 29 de Enero de 2014

El campeón mundial emérito de pesos pesados Vitali Klitschko se ha iniciado en la política durante su semiretiro del boxeo. Y no se puede decir que lleve una sosegada vida de pensionista: está al frente de las protestas antigubernamentales de Kiev. Con Yanukovych cada vez más cerca de la derrota, Klitschko está más cerca de jugar un papel crucial en el gobierno. Pero ¿quién es Klitschko realmente?

La vio­len­cia au­men­ta en Ucra­nia. Cada vez hay más ofi­ci­nas del go­bierno ocu­pa­das, los edi­fi­cios están en lla­mas, vue­lan cóc­te­les mo­lo­tov, mue­ren ma­ni­fes­tan­tes... y la fuer­za con la que el pre­si­den­te Vik­tor Ya­nu­kovych se afe­rra al poder se de­bi­li­ta. Ya ha rea­li­za­do al­gu­nas con­ce­sio­nes como pro­po­ner el pues­to de pri­mer mi­nis­tro a Ar­se­niy Yat­sen­yuk, del par­ti­do ucra­niano Bat­kivsh­chi­na ("pa­tria"); y el de dipu­tado a Vi­ta­li Klits­ch­ko, quien en­ca­be­za un par­ti­do pro­pio, el Par­ti­do UDAR ("puño"), cuyo nom­bre se le ajus­ta como un guan­te. Pero Yat­sen­yuk y Klits­ch­ko per­ci­ben estas con­ce­sio­nes como un as­tu­to in­ten­to de podar las fuer­zas in­ci­pien­tes del cam­bio, por lo que no acep­ta­rán más que la di­mi­sión de Ya­nu­kovych y la con­vo­ca­to­ria de nue­vas elec­cio­nes. Elec­cio­nes que Vi­ta­li Klits­ch­ko pa­re­ce poder ganar. Pero, ¿quién es Klits­ch­ko real­men­te? ¿Cómo ha lo­gra­do este im­pul­so es­te­lar en la po­lí­ti­ca ucra­nia­na?

Al ser el pri­mer cam­peón mun­dial de boxeo con una ca­rre­ra, la com­bi­na­ción de ce­re­bro y múscu­lo de Klits­cho le ha hecho me­re­ce­dor del tí­tu­lo "Dr. Puño de hie­rro". Con 2 m de al­tu­ra y 108 kg de peso, este hom­bre es una ver­da­de­ra má­qui­na. Nunca lo han de­ja­do fuera de com­ba­te y ha ga­na­do 45 de sus 47 asal­tos pro­fe­sio­na­les. La vio­len­cia es un punto de com­pa­ra­ción muy útil entre Klits­ch­ko y su rival, el pre­si­den­te Ya­nu­kovych. El es­pí­ri­tu lu­cha­dor de Klits­ch­ko re­zu­ma ma­du­rez, calma y com­pa­sión. Tras su pri­me­ra vic­to­ria al dejar fuera de com­ba­te al bri­tá­ni­co Ri­chard Vince, en 1994, buscó a la fa­mi­lia de su con­trin­can­te para dis­cul­par­se, a la vez que se pro­me­tía que su fa­mi­lia nunca asis­ti­ría a sus com­ba­tes. Su ele­gan­cia en el cua­dri­lá­te­ro, su dé­ca­da como cam­peón mun­dial de pesos pe­sa­dos y su re­co­no­ci­da de­por­ti­vi­dad han sido mo­ti­vo de or­gu­llo na­cio­nal du­ran­te mucho tiem­po en Ucra­nia.

Ya­nu­kovych, sin em­bar­go, tiene un his­to­rial de vio­len­cia tan sór­di­do y ver­gon­zo­so que hace pre­gun­tar­se cómo tiene ac­ce­so a la po­lí­ti­ca. En 1967, fue sen­ten­cia­do a tres años de pri­sión por robar a un hom­bre al que sus ami­gos ha­bían gol­pea­do hasta de­jar­lo in­cons­cien­te. Ya­nu­kovych fue en­car­ce­la­do de nuevo en 1969, sen­tenciado a dos años por su par­ti­ci­pa­ción en una re­frie­ga de bo­rra­chos. No se han po­di­do pro­bar las acu­sa­cio­nes que ar­gu­men­tan que Ya­nu­kovych es­tu­vo in­vo­lu­cra­do en la vio­la­ción en grupo y pa­li­za de una mujer en Enakie­vo en los años se­ten­ta, pero con­tri­bu­yen a su man­cha­do y tur­bio pa­sa­do.

El doc­to­ra­do de Kl­itschko lo di­fe­ren­cia, no solo de los demás bo­xea­do­res, sino de otros po­lí­ti­cos. Sobre todo del pre­si­den­te al que está tra­tan­do de de­rro­car. La edu­ca­ción es otro ex­ce­len­te punto de com­pa­ra­ción entre ambos. El doc­to­ra­do de Kl­itschko le ha otor­ga­do su bien me­re­ci­do so­bre­nom­bre de Dr. Puño de hie­rro. El más­ter de Ya­nu­kovych en De­re­cho In­ter­na­cio­nal y su doc­to­ra­do en Eco­no­mía no han sido más que una es­pi­na para el man­da­ta­rio, bá­si­ca­men­te por­que fue­ron fal­si­fi­ca­dos. Ya­nu­kovych ob­tu­vo, pre­sun­ta­men­te, ambos cer­ti­fi­ca­dos mien­tras tra­ba­ja­ba a jor­na­da com­ple­ta como go­ber­na­dor de Do­netsk. Su se­cre­ta­rio de pren­sa, Iva­nes­ko, ni si­quie­ra ha sa­bi­do decir el nom­bre de la uni­ver­si­dad en la que es­tu­dió, aun­que ase­gu­ra que se en­cuen­tra por Do­netsk. "In­clu­so di­ri­gió un de­par­ta­men­to allí y dio con­fe­ren­cias", ar­gu­men­tó Iva­nes­ko.

La po­lí­ti­ca en Ucra­nia ha es­ta­do cla­ra­men­te de­fi­ni­da por la des­coor­di­na­ción entre las pa­la­bras y la ac­ción. Las úl­ti­mas dé­ca­das han es­ta­do do­mi­na­das por fal­sos al­bo­res. La eu­fo­ria de la in­de­pen­den­cia de 1991 pron­to dio paso a años de caos po­lí­ti­co y ca­ren­cias so­cia­les que re­sul­ta­ron en ruina eco­nó­mi­ca. La Re­vo­lu­ción Na­ran­ja de 2004 vio bri­llar al país con un op­ti­mis­mo que se vio ex­tin­gui­do por una pre­si­den­cia di­vi­di­da y con lu­chas in­ter­nas. Vik­tor Yush­chen­ko agrió este op­ti­mis­mo al no saber pa­liar la en­dé­mi­ca co­rrup­ción exis­ten­te, ni so­lu­cio­nar las dispu­tas por el gas con Rusia que die­ron lugar al cese de su­mi­nis­tros en pleno in­vierno; y por en­fren­tar­se con su pri­me­ra mi­nis­tra, Yulia Ty­moshenko, en dispu­tas que no hi­cie­ron más que pa­ra­li­zar la po­lí­ti­ca. Ar­seniy Yat­senyuk, quien com­par­te ad­ver­sa­rio con Klits­cho, tiene tam­bién un his­to­rial tur­bio sal­pi­ca­do por su ser­vi­cio como mi­nis­tro de Eco­no­mía bajo el go­bierno de Yus­hchen­ko.

El nivel de des­con­ten­to se ti­pi­fi­có con la ex­cep­cio­nal reha­bi­li­ta­ción po­lí­ti­ca de Vik­tor Ya­nu­kovych. En 2004, Ya­nu­kovych se con­vir­tió en el an­tihé­roe de la Re­vo­lu­ción Na­ran­ja, el paria frau­du­len­ta­men­te ins­ta­la­do por in­ter­fe­ren­cia rusa. Fue des­ti­tui­do por deseo del pue­blo cuan­do mi­llo­nes de per­so­nas to­ma­ron las ca­lles. Pero, en 2010, el paria re­gre­só y des­ban­có a Ty­moshenko en las elec­cio­nes.

A me­nu­do se cri­ti­ca que Kl­itschko ca­re­ce de ex­pe­rien­cia po­lí­ti­ca, pero qui­zás esta sea su mayor ven­ta­ja. No ha sido con­ta­mi­na­do por la trai­ción y co­rrup­ción en­dé­mi­ca que mar­can a los po­lí­ti­cos ex­pe­ri­men­ta­dos, quie­nes se han visto im­pli­ca­dos en el caos de la úl­ti­ma dé­ca­da. Se ha man­te­ni­do al mar­gen de las re­yer­tas po­lí­ti­cas y las ver­gon­zo­sas pe­leas par­la­men­ta­rias a puño lim­pio. Kl­itschko, en mitad de una dispu­ta par­la­men­ta­ria, con la ca­be­za y los hom­bros por en­ci­ma del resto, con sus te­mi­bles puños apre­ta­dos a pesar de la ten­ta­ción de pul­ve­ri­zar a los pue­ri­les po­lí­ti­cos que le ro­dean, es una ima­gen que sim­pa­ti­za entre los vo­tan­tes.

Po­dría des­cri­bir­se a Ucra­nia como un país bi­po­lar, di­vi­di­do, como ilus­tra su po­bla­ción se­pa­ra­da, casi a la mitad, entre los ha­blan­tes de ruso del este y los ha­blan­tes de ucra­niano del oeste. Ge­ne­ral­men­te, los votos van en co­rre­la­ción con la geo­gra­fía lingüís­ti­ca; sin em­bar­go, Klits­ch­ko va más allá de estas ba­rre­ras tra­di­cio­na­les. No se puede decir lo mismo del ac­tual pre­si­den­te ru­so­par­lan­te Vik­tor Ya­nu­kovych, quien re­ci­be el apoyo del este y las re­gio­nes del sur de Ucra­nia, donde se habla ruso. Ha tra­ta­do de ha­blar ucra­niano a lo largo de su ca­rre­ra po­lí­ti­ca y sus nu­me­ro­sas me­te­du­ras de pata re­sal­tan la di­fi­cul­tad de uni­fi­car un país que está muy di­vi­di­do. Du­ran­te su vi­si­ta a la ciu­dad de Lvov, donde se habla ucra­niano, du­ran­te su cam­pa­ña po­lí­ti­ca a la pre­si­den­cia de 2010, un lap­sus hizo que Ya­nu­kovych con­fun­die­ra "ge­no­ci­dio" con "acer­vo ge­né­ti­co"; y fe­li­ci­ta­ra a los lo­ca­les por tener el mejor "ge­no­ci­dio" del país. Klits­cho, por el con­tra­rio, habla los dos idio­mas y, aun­que en­sal­za los be­ne­fi­cios de una mayor in­te­gra­ción con la UE, se ha preo­cu­pa­do de no dar de lado al este ru­so­par­lan­te, como hi­cie­ron Yush­chen­ko y Ti­mos­hen­ko. Su di­plo­ma­cia no es solo un ardid en be­ne­fi­cio pro­pio, es tam­bién un hecho pro­me­te­dor para Ucra­nia con­tar con un po­si­ble pre­si­den­te con­ci­lia­dor en un país que se ha acos­tum­bra­do a po­lí­ti­cos po­la­ri­za­do­res.

La si­tua­ción en Ucra­nia cam­bia con cada hora que pasa. Ya­nu­kovych du­da­ba, ne­gán­do­se a com­pro­me­ter­se con la opo­si­ción, antes de que, de re­pen­te, les ofre­cie­ra pues­tos en el go­bierno el pa­sa­do sá­ba­do. El Mi­nis­te­rio de Jus­ti­cia ha sido ocu­pa­do. La mi­nis­tra de Jus­ti­cia, Olena Lu­kash, ha ame­na­za­do con de­cla­rar un es­ta­do de emer­gen­cia. Un ma­ni­fes­tan­te de­cla­ró a los pe­rio­dis­tas que "la toma del Mi­nis­te­rio de Jus­ti­cia es un acto sim­bó­li­co de las per­so­nas del le­van­ta­mien­to. Ahora estas au­to­ri­da­des no de­ci­den en ma­te­ria de jus­ti­cia". Es po­si­ble que si Lu­kash de­cla­ra un es­ta­do de emer­gen­cia, mu­chas de las pa­tru­llas y po­li­cías a los que lla­men para res­tau­rar el orden se iden­ti­fi­quen con las ideas del ma­ni­fes­tan­te antes men­cio­na­do. De­cla­rar un es­ta­do de emer­gen­cia po­dría ca­ta­li­zar la de­sin­te­gra­ción del ré­gi­men de Ya­nu­kovych. Puede que Ya­nu­kovych tenga algún que otro as en la manga, pero, hasta la fecha, la com­pos­tu­ra y sin­ce­ri­dad del Dr. Puños de hie­rro han de­mos­tra­do su fuer­za im­pa­ra­ble.