Euromed: ¿un fracaso económico?

Artículo publicado el 29 de Noviembre de 2005
Artículo publicado el 29 de Noviembre de 2005

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Los bajos niveles de intercambio comercial y la persistencia de políticas proteccionistas parecen poner en entredicho los beneficios del acuerdo que mantienen los países de la cuenca Mediterránea y la Unión Europea.

El Proceso de Barcelona, también conocido como el Partenariado Euromediterráneo, arrancó hace 10 años con el objetivo de construir los pilares de un nuevo marco de cooperación regional entre la Unión Europea y los 10 países del Norte de África y el Este del Mediterráneo firmantes del acuerdo. El objetivo más ambicioso era la creación de una zona de libre comercio entre las dos orillas del Mediterráneo para el año 2010.

A paso de tortuga

¿Qué tal le ha ido en este período a la Asociación Euromediterránea? Según palabras de Christian Leffler, resposable del área Sur del Mediterráneo de la Dirección General de Relaciones Exteriores de la UE, el proceso sería comparable a un "fiable coche familiar" que a veces se cala e incluso se estropea, pero que al final siempre continúa funcionando. Habría que tomar estos términos empleados por la UE como una señal, en tanto en cuanto abandona su entusiasta e inspirador lenguaje para describir una política como un coche familiar de cuatro puertas.

El diagnóstico de periodistas, líderes de opinión y académicos es igualmente deslucido y, mientras la brecha entre los países de la UE y los del Sur del Mediterráneo se mantiene invariable tras 10 años de acuerdo, ¿a quién culpar? Las principales críticas al Partenariado Euromediterráneo radican en que la tímida liberalización económica ha servido de poco a los países de la ribera sur, cuyo PIB persiste en la cifra del 18% de la de los países de la UE.

La organización jordano-palestina-israelí Friends of the Earth Middle East resalta la importancia de la agricultura en el desarrollo económico del espacio Euromediterráneo, un sector que no se beneficia de los mismos acuerdos de libre comercio que rigen el comercio de los bienes manufacturados. Intermon Oxfam también tiene sus reservas respecto a las políticas del Euromed en lo relativo al comercio agrícola. Para ellos, estas políticas sobre el comercio agrícola son políticas hechas según las circunstancias del momento; en esta actitud reacia a fomentar que los países de la ribera sur compitan con los agricultores europeos radicaría por tanto uno de los talones de aquiles del Proceso de Barcelona.

Pobreza subsidiada

Además, la mayoría de los productos agrícolas de los países del Sur del Mediterráneo con ventajas sobre los productos de la UE están sujetos a las restricciones que marca la Política Agrícola Común (PAC). Las tarifas comerciales sobre frutas y verduras varían según el producto y la temporada, con picos impuestos durante épocas en las que las importaciones tienen que verse las caras con los productos nacionales. El aceite de oliva es un buen ejemplo de cómo los países de la ribera sur no podrían competir con los productos de la Unión Europea si no fuera por los 2.300 millones de euros que los productores de aceite de oliva europeos reciben de la PAC cada año. Por desgracia, la amarga disputa en curso entre la Comisión Europea y los Estados miembro de la UE sobre las tarifas comerciales y la PAC, hacen entrever que este aspecto del acuerdo Euromed se mantendrá inamovible.

El acuerdo Euromed no sólo está lejos de conseguir sus metas económicas en el ámbito de la agricultura. En el campo del comercio y las Inversiones Directas Extranjeras, el Proceso de Barcelona ha tenido pocas repercusiones. En el área comercial, entre los años 1995 y 2003, el volumen de intercambios entre la UE y sus socios mediterráneos ha caído en picado. Las cifras de Inversiones Directas Extranjeras son incluso menos ilusionantes, pues la totalidad de estas inversiones en 2003 para los diez países del Sur del Mediterráneo se mantuvo en los mismos niveles que en 1990. Y lo que es más chocante, este dato apenas supera lo que Polonia recibió en ese mismo año.

Con la mirada puesta en el Este

Las estadísticas abren un nuevo interrogante sobre el proceso de Barcelona. Los líderes de los países del Sur del Mediterráneo consideran que la Unión Europea ha aparcado el Acuerdo Euromediterráneo para concentrarse en el proceso de ampliación de la UE hacia el Este. En muchos aspectos sus críticas estarían justificadas, ya que la UE dedica la mayoría de sus esfuerzos técnicos y financieros al futuro de sus nuevos miembros. Hacia 2003, la UE había asignado 454 euros per capita anuales a estos países, en comparación con los ridículos 14 euros per capita anuales a los países de la ribera sur. A esta situación de saldo desfavorable, habría que añadir el hecho de que los nuevos miembros de la Unión Europea han agotado la necesidad de comercio con algunos países del Sur del Mediterráneo, dando como resultado, por ejemplo, que el volumen exportaciones agrícolas egipcias se haya visto reducido drásticamente.

Así las cosas, ¿cómo se presenta el futuro para la Asociación Euromediterránea? La UE, a quien nunca le falta un plan, está utilizando ahora su Política Europea de Vecindad como un modo de revitalizar el Proceso de Barcelona. En 2004, la UE ofreció a sus vecinos la oportunidad de firmar los acuerdos de la Política de Buena Vecindad, incrementando la cooperación bilateral entre los países implicados y la UE. Una vez que todos los países del Sur del Mediterráneo han firmado estos planes de acción -excepto Turquía, que es ahora candidato a entrar en la UE- la comisión confía en que estas políticas bilaterales desemboquen en un acuerdo multilateral con la Asociación Euromediterránea para que fortalezca la cooperación interregional.

Si esto no resultara una garantía suficiente para el futuro éxito del Proceso de Barcelona, podemos conformarnos con el hecho de que la comisión haya lanzado un programa de trabajo de cinco años con el objetivo de dar cumplimiento a las metas marcadas por el Partenariado Euromediterráneo. Un plan quinquenal… ¡qué propicio!