Europa apoya la dictadura en Togo

Artículo publicado el 29 de Abril de 2005
Artículo publicado el 29 de Abril de 2005

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Aumenta el número de muertos en Togo tras las elecciones falseadas que satisfacen por ahora a Francia y Europa, mientras el Instituto de Cultura alemán de Lomé arde bajo acusaciones a Alemania de colaborar con la oposición togolesa.

“¡Suicida!” Así calificaba François Esso Boko, el jueves pasado, el mantenimiento de la fecha para las elecciones presidenciales del 24 de abril. Por entonces, era el ministro del interior y, por ello, el responsable de organizar la convocatoria. Un puesto que perdió al día siguiente. A pesar de esta declaración, nadie ha objetado nada en Europa en relación con la limpieza de estas elecciones. Tras la muerte el pasado 5 de febrero del dictador Eyadéma Gnassingbé, quien dirigió el país con mano de hierro durante 38 años, se presentaba a las presidenciales Faure Gnassingbé, el hijo del déspota y un personaje que se había aupado al poder dos meses antes mediante un golpe de Estado. Se vio forzado a dimitir por las presiones masivas procedentes de la Comunidad Económica de África Occidental (CEDEAO) y de la Unión Africana (UA), y prometió elecciones libres y transparentes.

De tal palo, tal astilla

La votación del 24 de abril desembocó en una farsa electoral. La libertad de prensa, ya restringida antes de las elecciones, se vio a partir de entonces más limitada y se cerraron emisoras de radio. Incluso la programación de Radio France internationale (RFI) se vio temporalmente interrumpida. Sibylle Faust, miembro de una red internacional que trata de garantizar el flujo de la información desde Togo hacia Europa, presente en Lomé, nos ha hablado de numerosas irregularidades. Según Sibylle Faust, a la entrada de uno de los colegios electorales “encontraron a una mujer con papeletas de voto ya cumplimentadas en una mano y un fajo de billetes en la otra para incitar a los votantes a usar dichas papeletas contestadas de antemano”.

Mientras tanto, Faure Gnassingbé ha sido declarado vencedor con el 60% de los votos a su favor. El candidato único opositor, Emmanuel Bob Akitani, obtuvo, según los mismos datos oficiales, un 38% de los sufragios. Ha habido 20 muertos en el transcurso de las manifestaciones desatadas tras el anuncio de estos resultados que no se aceptan, según fuentes oficiales. El ex secretario de Estado francés, Kofi Yamgnane, denuncia por su parte la existencia “de un centenar de muertos”.

La comunidad internacional no acierta hasta ahora a emitir valoraciones acerca de estas elecciones. El Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, se felicita por unas elecciones “tranquilas y ordenadas”. Michel Barnier, ministro francés de asuntos exteriores, ha calificado el desarrollo de estas elecciones como “satisfactorio en su conjunto”. Por último, según la CEDEAO, las elecciones han respetado de modo suficiente los criterios de transparencia requeridos en esta clase de citas. Sólo el representante del ministro portavoz estadounidense, Adam Ereli, se emplea con claridad: “La limpieza de las elecciones presidenciales no se halla a la altura de las esperanzas del pueblo togolés, ni de los amigos de Togo en el seno de la comunidad internacional”.

Una ignorancia cínica

La Unión Europea se encuentra lejos de adoptar una postura clara y común, mientras que la oposición en Togo espera mucho de Europa, sobre todo respecto de sus antiguas metrópolis: Francia y Alemania. Los europeos vuelven a caer en el clásico esquema de la defensa de los intereses nacionales por encima de todo, antes que apoyar económica y personalmente la organización efectiva de unas elecciones et de condenar sin paliativos las irregularidades acaecidas durante la jornada electoral, así como las restricciones a la libertad de prensa. La indiferencia en cierto punto cínica por las esperanzas de los togoleses, da pábulo al concepto tan denostado emitido por Rumfeld de “la vieja Europa”: Europa como coloso irresponsable y autosuficiente, que no se ocupa en absoluto de sus obligaciones históricas y morales.