Europa central olvidada bajo las aguas

Artículo publicado el 28 de Julio de 2005
Artículo publicado el 28 de Julio de 2005

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Si la sequía asola la península ibérica, Rumania y Bulgaria han sido devastadas por las inundaciones. La pasividad de los políticos locales se agrava con el silencio del resto de Europa.

Mientras España y Portugal viven asfixiadas bajo las sucesivas olas de calor tropical y escrutan a la desesperada el cielo en busca de nubes cargadas de lluvia, el sureste del continente vive inundado desde finales de mayo. Sin embargo, la opinión pública europea presta poca atención al desastre que se vive en la actualidad en Rumania y en Bulgaria. Las televisiones y las agencias de prensa occidentales apenas han consagrado breves reportajes a las lluvias torrenciales, los relámpagos y las tormentas de granizo que ya han causado la muerte de decenas de personas y de miles de animales. Mientras toda la prensa búlgara se estremece con la muerte de un anciano enfermo, ahogado en su propia casa invadida por el agua, apenas unos cuantos occidentales han oído hablar de la destrucción de alrededor de 10.000 hogares en Transilvania. Como la mayoría de estas casas fue construida sin las autorizaciones pertinentes, los residentes no pueden acogerse a indemnizaciones del Estado o de aseguradoras privadas. Las víctimas piensan ya en el invierno que se les viene encima, con temperaturas que alcanzan los 20 °C bajo cero. Alrededor de la quinta parte de los campos de trigo búlgaros se han echado a perder y una gran parte de la cosecha ha sido devastada. Las calles, los puentes, las vías férreas y las canalizaciones han sido destruidos y muchas regiones han perdido el acceso al gas y a la electricidad. El coste de la vida diaria ha aumentado en Bulgaria, en donde la media de ingresos mensuales ronda los 130 euros, y el alza previsible de precios va a conducir a escasez de alimentos para mucha gente en los meses venideros.

Un desastre ignorado por los políticos

Los políticos permanecen ensimismados en sus propios juegos de poder como para preocuparse de la suerte de sus conciudadanos. En Rumania, el Primer Ministro Popescu-Tariceanu deshoja la margarita del adelanto de elecciones para reforzar su mayoría. En Sofía, desde la incapacidad de las elecciones del mes de junio para arrojar una mayoría clara, las coaliciones se disputan las carteras ministeriales y el poder sin darse cuartel. Mientras tanto, los partidos perdedores tratan de echar por tierra los precios inmobiliarios en la capital del país y en la costa del Mar Negro cuyo gran aumento ellos mismos habían provocado con anterioridad. Los despojados han sido olvidados por los políticos, ya sean de derechas o de izquierdas. La única solución que Milen Velchev, el ministro de economía saliente, ha logrado sacarse de la manga para paliar la catástrofe es la de una carta dirigida a la Comisión Europea pidiendo ayuda. Bulgaria aún no ha percibido la integridad de los 125 millones de euros necesarios para cubrir los menoscabos provocados por las inundaciones. Pero no le corresponde sólo a la Comisión el reconocer la miseria de las poblaciones residentes en Bulgaria y en Rumania, integradas en la Unión de aquí a 2007. Desde el Atlántico hasta el Báltico, las crecientes consecuencias de las catástrofes naturales nos conciernen a todos.