Europa: ¿cómo lo llevas con el feminismo?

Artículo publicado el 24 de Octubre de 2007
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Artículo publicado el 24 de Octubre de 2007
Desde hace tiempo el feminismo es una de las tendencias políticas dominantes. Sin embargo, no ha ganado mucho terreno entre las mujeres desde los años ochenta. Algunas rechazan el concepto, mientras otras consideran que el “nuevo feminismo” está dando pasos hacia atrás.

Deathproof (Foto, The Weinstein Company)

Quentin Tarantino lo tiene todo: machos e inútiles, ingenuas rubias y temerarias especialistas. “Algunos me toman por un feminista”, citaba el canal alemán 3sat de un artículo firmado por el director de culto norteamericano sobre su última película Death Proof. Considerar a Tarantino como pionero en la lucha de los derechos de la mujer suena extraño, máxime después de saber que en la primera mitad de la película cuatro mujeres serán víctimas de un extraordinario machismo. Pero quizá sí refleje un momento de confusión general. El mundo se ha vuelto muy complicado. El movimiento feminista de los años setenta y ochenta ha conseguido con sus reivindicaciones que la imagen de la “mujer” o del “hombre” sea cada vez más difusa. De los Estados Unidos viene la teoría de los “Queer” hacia Europa. Los conceptos se difuminan y dejan espacio para nuevas definiciones.

Un concepto vago

Todo indica que la Revolución ha tenido lugar en las mentes, pero no así en la realidad. No hay duda de que el feminismo ha llegado a la sociedad, y de ello tenemos varias pruebas. Las mujeres pueden estudiar en Europa sin problemas, consiguen cada vez trabajos mejor remunerados, ocupando y aprovechando el terreno que las pioneras han allanado para ellas. Además de esto está la imagen que tienen las mujeres en política, cada vez más mediatizada, dando la impresión de que ya se ha alcanzado la igualdad en cuestiones laborales. Angela Merkel dirige ni más ni menos que Alemania, Ségolène Royal estuvo a punto de alcanzar la presidencia francesa, Julya Timoschenko lo mismo en en Ucrania..., ahora las mujeres hacen el papel de personajes poderosos.

Las políticas femeninas tienen una importante presencia en los titulares europeos, haciendo olvidar el hecho de que sólo 12 de los 122 presidentes de gobierno de todo el mundo son mujeres. Y es que, aunque el feminismo es ya parte del sistema, a las generaciones de mujeres más jóvenes no les ha ayudado demasiado hasta el momento. Así lo explica la líder feminista Alice Schwarzer en el semanario Die Zeit: “Las hijas del feminismo” se han tomado la emancipación al pie de la letra, sumergiéndose en el trabajo y sus quebraderos de cabeza, o sin salir de la habitación de los chicos”.

Los datos hablan

Los números les dan la razón: Alemania con casi un 22% de diferencia salarial entre hombres y mujeres, es uno de los países de la UE donde la igualdad de derechos debe recorrer mayor camino. También en Noruega, considerado país ejemplar en la igualdad de derechos, se practica la hipocresía según la organización feminista Norsk Kvinnenskasforening. Aunque los salarios entre hombres y mujeres son casi iguales, sólo un poco más de la mitad de las mujeres trabaja a tiempo completo, ganando por ello en promedio menos que los hombres.

Donde se han puesto en marcha políticas progresistas hoy por hoy es en España. Las voces feministas fueron reprimidas durante largo tiempo en este país de tradición ultracatólica, y no fue hasta 1978 cuando la igualdad de derechos entre hombres y mujeres se estableció en la Constitución. En el último año es cuando podemos considerar que se ha dado un gran paso hacia la igualdad de derechos con la Ley de Igualdad puesta en marcha por su Jefe de Gobierno, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Esta ley exige una cuota del 40% para ambos sexos en todas las elecciones públicas y en las actualizaciones de los consejos de las empresas que cotizan en bolsa. Zapatero dio un buen ejemplo durante la toma de la presidencia en 2004, y compuso un gabinete de ministros paritario. También el francés Sarkozy ha hecho lo mismo en su gobierno.

El feminismo está desfasado

Y sin embargo las cuotas no han probado ser un medio eficaz hasta la fecha, todo lo más son una muleta, según las líderes feministas europeas como la filósofa francesa Elisabeth Badinter. Esta feminista critica que con las cuotas se produce la entrada de la discriminación entre sexos en la Constitución. Ella muestra el problema del feminismo actual: las mujeres jóvenes buscan siempre sólo protección a través de las leyes, en lugar de cambiar la situación con “motivación frente a los problemas”.

En la nueva generación de mujeres el concepto feminismo está mal visto: aunque algunas autores como Marie Nimier, Catherine Breillat o Virginie Despentes escriben en Francia sobre pornografía, son los anticonceptivos y el aborto el mejor camino hacia la igualdad. En Alemania, la ministra de la Familia, Ursula von der Leyen, muestra cómo compaginar familia (siete hijos) y poder. Aunque a pesar de todo, las jóvenes europeas se atragantan con la palabra “feminista”.

Más adelante, cuando la “mujer” se da cuenta de que no es una super woman, tal y como había pensado; cuando Eva Hermann, una famosa expresentadora de las noticias en Alemania, inunda el mercado editorial con su contraproductiva novela La mujer de vuelta a la cocina –un duro alegato contra el feminismo- se aviva de nuevo el debate. El ego-feminismo no es suficiente. Quizá un nuevo concepto será la solución. Quizá deberían los “hombres y mujeres” del siglo XXI avanzar un paso más y luchar por fin juntos por la igualdad de derechos.

Fotos: Portada (©diego_cervo/istock); Deathproof (©The Weinstein Company); Alice Schwarzer (©Simon Müller/flickr); Gleichberechtigung (©diego_cervo/istock)