"Europa debería actuar contra las medidas de Orbán"

Artículo publicado el 9 de Abril de 2014
Artículo publicado el 9 de Abril de 2014

Hablamos con Szabolcs Hegyi, experto en libertad política de la Unión Húngara por las Libertades Civiles sobre la "perversión" de la democracia en Hungría y el proceso de creación de una "Orbánlandia", un país moldeado al antojo de su primer ministro, Víktor Orbán, quien ha renovado su mandato por cuatro años más tras las últimas elecciones del país magiar. 

Con­ver­sa­mos con Sza­bolcs Hegyi, pro­fe­sor de Fi­lo­so­fía po­lí­ti­ca en la Uni­ver­si­dad de Mis­kolc y res­pon­sa­ble de de­re­chos hu­ma­nos en la Unión Hún­ga­ra por las Li­ber­ta­des Ci­vi­les (HCLU, según sus si­glas en in­glés), una or­ga­ni­za­ción que tra­ba­ja en el campo de los de­re­chos hu­ma­nos. En la aso­cia­ción, Hegyi se ocupa de in­for­mar sobre li­ti­gios re­la­cio­na­dos con el de­re­cho a la li­ber­tad de asam­blea y el de­re­cho a la li­ber­tad de pen­sa­mien­to, con­cien­cia y re­li­gión.

Ca­fé­Ba­bel: Nueva cons­ti­tu­ción, más de 300 re­for­mas cons­ti­tu­cio­na­les y 5 en­mien­das a leyes or­gá­ni­cas en tan solo 4 años. ¿Qué está ocu­rrien­do en Hun­gría?

Sza­bolcs Hegyi: La Cons­ti­tu­ción hún­ga­ra es­ta­ble­ce que cuan­do un par­ti­do ob­tie­ne los dos ter­cios de los votos en el Par­la­men­to, como fue el caso del par­ti­do go­ber­nan­te FI­DESZ (Fe­de­ra­ción de Jó­ve­nes De­mó­cra­tas), li­de­ra­do por el pri­mer mi­nis­tro Vik­tor Orbán, en las elec­cio­nes de mayo de 2010 no ne­ce­si­ta ne­go­ciar acuer­dos con par­ti­dos de la opo­si­ción. Tiene li­ber­tad plena para cam­biar las leyes que desee y nom­brar a los prin­ci­pa­les di­ri­gen­tes de las ins­ti­tu­cio­nes in­de­pen­dien­tes como el Banco Cen­tral hún­ga­ro o el Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal.

Ca­fé­Ba­bel: At­ti­la Mes­ter­házy, líder del Par­ti­do So­cia­lis­ta de Hun­gría (MSZP), ha ha­bla­do sobre una Or­bán­lan­dia. ¿Es Vik­tor Orbán el cul­pa­ble de tanta re­for­ma o más bien el sis­te­ma que lo con­sien­te?

Sza­bolcs Hegyi: La ley de los dos ter­cios fue pro­mul­ga­da para fo­men­tar el diá­lo­go po­lí­ti­co su­po­nien­do que al­can­zar los dos ter­cios era muy poco pro­ba­ble. De modo que aun­que Orbán hu­bie­ra con­se­gui­do una ma­yo­ría ab­so­lu­ta arro­lla­do­ra du­ran­te su se­gun­da le­gis­la­tu­ra, eso no le daría de­re­cho a ele­gir a los lí­de­res de las ins­ti­tu­cio­nes po­lí­ti­cas in­de­pen­dien­tes, mo­di­fi­car la Cons­ti­tu­ción, en­men­dar leyes or­gá­ni­cas, y en de­fi­ni­ti­va adap­tar el Es­ta­do de de­re­cho en su pro­pio be­ne­fi­cio sin con­tar con la opo­si­ción. 

Ca­fé­Ba­bel: ¿Diría que Hun­gría es ac­tual­men­te un Es­ta­do de­mo­crá­ti­co?

Sza­bolcs Hegyi: El valor de la de­mo­cra­cia re­si­de en la con­si­de­ra­ción de de­seos en­con­tra­dos y di­fe­ren­tes opi­nio­nes y en en­con­trar una so­lu­ción que in­tere­se a todos los ac­to­res. Así, úni­ca­men­te si no se lle­ga­ra a un acuer­do des­pués de haber es­cu­cha­do y de­li­be­ra­do todos los ar­gu­men­tos, se usa­ría la norma de la ma­yo­ría por de­fec­to. Sin em­bar­go, en Hun­gría el sig­ni­fi­ca­do de de­mo­cra­cia ha ad­qui­ri­do un matiz per­ver­so ya que la opi­nión de la ma­yo­ría se ha con­ver­ti­do en el único modo de go­ber­nar. Gran parte de los hún­ga­ros está can­sa­do de la crea­ción y ex­tin­ción de par­ti­dos, de de­ba­tes po­lí­ti­cos, y pre­fie­re se­guir a un solo líder como Orbán.

Ca­fé­Ba­bel: ¿De qué ma­ne­ra ha lo­gra­do Vik­tor Orbán afian­zar su poder du­ran­te estos 4 años y eli­mi­nar a su com­pe­ten­cia?

Sza­bolcs Hegyi: De un lado, du­ran­te estos años Orbán ha ce­sa­do a per­so­nas que es­ta­ban en pues­tos es­tra­té­gi­cos y los ha sus­ti­tui­do por per­so­nas lea­les a su Go­bierno e in­clu­so ha re­no­va­do su man­da­to a 9 años. De este modo, Orbán se ase­gu­ró sus apo­yos entre los jue­ces del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal o en la au­to­ri­dad que se en­car­ga de su­per­vi­sar los con­te­ni­dos de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Del otro, Vík­tor Orbán cuen­ta con una iz­quier­da di­vi­di­da que fa­vo­re­ce su si­tua­ción de li­de­raz­go ab­so­lu­to. 

Ca­fé­Ba­bel: Según un in­for­me del Co­mi­té Hel­sin­ki de Hun­gría, la re­duc­ción de edad de ju­bi­la­ción de 70 a 62 años afec­tó a 229 jue­ces. Tras el dic­ta­men del Tri­bu­nal de Jus­ti­cia de la UE en con­tra de esta ley, el Go­bierno ofre­ció a los jue­ces que ha­bían sido des­pe­di­dos que vol­vie­ran a sus car­gos, pero solo 56 acep­ta­ron vol­ver. ¿Por qué tanto re­vue­lo?

Sza­bolcs Hegyi: Esta ley re­pre­si­va im­pli­ca un gran pe­li­gro en la per­cep­ción de la in­de­pen­den­cia de los po­de­res. Cuan­do el Go­bierno apli­có esta ley, las ofi­ci­nas de los jue­ces ma­yo­res de 62 años que se vie­ron obli­ga­dos a aban­do­nar­las fue­ron ocu­pa­das por per­so­nas de­sig­na­das por la nueva di­rec­ción del poder ju­di­cial. Así que aun­que el pro­ce­di­mien­to que se llevó ante el Tri­bu­nal de la Unión Eu­ro­pea en Lu­xem­bur­go du­ra­ra tan solo 6 meses, bastó para que los jue­ces que que­rían re­cu­pe­rar sus car­gos no pu­die­ran ya que sus pues­tos ha­bían sido ocu­pa­dos. Ade­más, a estos el Go­bierno les ofre­ció una ge­ne­ro­sa suma de di­ne­ro como com­pen­sa­ción y mu­chos la acep­ta­ron. 

Ca­fé­Ba­bel: ¿Y qué opina sobre la ley de me­dios de co­mu­ni­ca­ción, que im­pli­ca la crea­ción de una au­to­ri­dad de con­trol de la in­for­ma­ción de­sig­na­da por el Go­bierno?

Sza­bolcs Hegyi: Es una ma­ne­ra de go­ber­nar muy in­te­li­gen­te que priva a la gente de co­no­cer toda la ver­dad, y que fa­vo­re­ce el con­trol y el "mol­dea­do" de la li­ber­tad de ex­pre­sión, al mismo tiem­po que per­mi­te que la gente haga su vida sin ne­ce­si­dad de cri­ti­car al Go­bierno. 

Ca­fé­Ba­bel: ¿Cree que las ins­ti­tu­cio­nes eu­ro­peas de­be­rían tomar un papel más ac­ti­vo para fa­vo­re­cer el cum­pli­mien­to de los de­re­chos hu­ma­nos en Hun­gría?

Sza­bolcs Hegyi: La Co­mi­sión Eu­ro­pea de­be­ría tener un papel más ac­ti­vo en con­tra de mu­chas me­di­das que toma el Go­bierno de Orbán. Tam­bién el Tri­bu­nal de Jus­ti­cia de la Unión Eu­ro­pea de­be­ría ser más efi­caz en sus sen­ten­cias, como en la que dic­ta­mi­nó en el caso del ade­lan­to de edad de ju­bi­la­ción de los jue­ces. Aun­que im­pug­nó la ley hún­ga­ra, no pudo ga­ran­ti­zar que los jue­ces que se ha­bían que­da­do sin pues­to lo vol­vie­ran a tener y evi­tar su sus­ti­tu­ción por los nue­vos lí­de­res.