Europa en la subasta de los bloques: Tras el acuerdo del TTIP

Artículo publicado el 20 de Octubre de 2014
Artículo publicado el 20 de Octubre de 2014

Mientras que todas las miradas siguen fijas sobre la crisis de Ucrania, la Unión Europea y los Estados Unidos están en proceso de negociación del Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP según sus siglas en inglés), un tratado que podría alterar radicalmente las relaciones entre los dos bloques. Presidente Obama, ¡Europa está en venta! 

Este otoño, parece que las instituciones europeas se han enamorado perdidamente de los acuerdos comerciales. El 26 de septiembre la Unión Europea (UE)  y Canadá concluyeron sus negociaciones para el Acuerdo Comercial entre la UE y Canadá (CETA), que ahora espera ser ratificado por los estados miembros de la UE y las provincias canadienses. 

Existe un segundo acuerdo en ciernes: la UE está en plenas negociaciones con los Estados Unidos para desarrollar el acuerdo comercial más extenso y ambicioso del mundo. Las protestas contra el acuerdo saltaron en Londres, Berlín, Francia, Italia y España tan pronto como sus ciudadanos tomaron conciencia del proyecto. 

Para tal monumental ocasión, el arbitraje del Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP) ha tenido lugar a puerta cerrada en ambos lados del Atlántico, a espaldas de los ciudadanos. Sin embargo, existen razones para prestar atención a los procedimientos, como las promesas de traer cambios fundamentales a las reglas de los negocios globales, particularmente en las relaciones entre los gobiernos, las corporaciones y los ciudadanos.  

El TTIP en pocas palabras

En pocas palabras, el acuerdo propuesto serviría principalmente para reestructurar el sistema de relaciones comerciales entre la UE y los EEUU, recortando las tarifas, eliminando barreras comerciales y armonizando los estándares industriales y las relaciones que limitan el intercambio de bienes y servicios para abrir el acceso a los mercados. Según la página web de la Comisión Europea, el tratado propuesto ahorraría "tiempo y dinero innecesarios para las compañías que quieran vender sus productos en ambos mercados". Las grandes compañías serían las más beneficiadas de este acuerdo; sectores específicos como el de los vehículos a motor o la industria del metal esperan incrementar sus exportaciones en hasta un 40% e ingresos más altos a la vez que recortarían costos, algunas compañías prevén ahorar hasta el 80%

Otro popular dato utilizado para promocionar el tratado es el incremento del Producto Interior Bruto (PIB) a través del cual la UE espera aumentar la talla de la economía cada año con un extra de 119 billones de euros para la economía europea y de 95 billones de euros para la economía americana. A pesar de lo grandes que puedan parecer estas cifras, en realidad representan un pequeño porcentaje del total de ambos PIB, 0,5% y 0,4% respectivamente. Esto es particularmente cierto comparado con los beneficios que las grandes corporaciones esperan ganar si el tratado se ratifica. 

Mientras que se promociona como beneficioso para todos los europeos y americanos, se espera que los ciudadanos reciban unos beneficios mínimos del TTIP. Así, una familia media europea de cuatro miembros ganaría 545 euros más por año, un aumento de apenas el 2,7% en los ingresos anuales, basándonos en datos del Eurostat. En Estados Unidos, la familia media ganaría un extra de 655 euros al año, un aumento del 1,5% aproximadamente, según los datos compliados por la Oficina del Censo de Estados Unidos.

Mientras que el tratado facilitaría los intercambios gratuitos para compañías a través de las fronteras, éste no hace ninguna mención a un aumento en la movilidad o a la libertad de movimiento de los ciudadanos, lo que podría aliviar en algún punto las altas tasas de desempleo de la Unión Europea (11.5% en agosto de 2014), especialmente entre la gente joven. Tampoco se sabe en qué medida podrían aumentar las oportunidades de trabajo después del acuerdo. Según explica la Comisión Europea en su Análisis Económico, el número de empleos que se crearían potencialmente a partir del acuerdo no pueden "cuantificarse", a pesar de las grandilocuentes promesas que ha hecho el comisiario europeo para el tratado, Karel de Gucht, de que el tratado podría crear puestos de trabajo.

Compañías vs. Goberinos: ¿Quién gana realmente? 

El proyecto no solo liberalizaría las relaciones comerciales bilaterales entre la UE y los EEUU, sino que también persigue alterar los fundamentos de las relaciones entre los estados y las corporaciones, dejando a los gobiernos vulnerables ante cualquier acción legal si sus leyes afectan a los beneficios de una coroporación o de sus accionistas. 

Los canales a través de los cuales estos procedimientos legales podrían llevarse a cabo han supuesto uno de los principales debates en torno al TTIP. El Mecanismo de Solución de Controversias entre Inversores y Estados (ISDS, según sus siglas en inglés) permite a los inversores extranjeros presentar demandas contra el estado si un cambio en la legislación del gobierno afecta negativamente a sus ingresos. A pesar de ser algo común en los acuerdos de libre comercio, la cláusula resulta controvertida; la Comisión Europea recibió 150.000 registros relativos a la inclusión de la medida en el TTIP a través de un portal de Internet para que los ciudadanos expresaran su opinión sobre las negociaciones, sitúandole entre una de las mayores preocupaciones para los votantes.

En el modelo actual, las corporaciones tienen el mismo acceso a los recursos legales que cualquier otra entidad o particular, lo que las sitúa en el mismo plano que al resto de miembros de la sociedad, al mismo tiempo que se preserva el poder del Estado para poner en marcha leyes que estén demandadas por una mayoría de votantes. Sin embargo, el modelo ISDS diferencia entre los pleitos de las coroporaciones y los del resto, otorgando a las compañías unos tribunales de arbitraje especiales y facilitándoles un rápido y privilegiado acceso a los jueces, abogados y al estado. Así, se da prioridad a las corporaciones para poner en cuestión cualquier legislación del gobierno que pueda plantear inconvenientes en sus prácticas de negocios, elevándolas sobre el resto de ciudadanos y de gobiernos en este proceso. 

La resbaladiza pendiente de los trabajadores

La armonización no tiene porqué traducirse necesariamente en progreso, sino que a menudo se corresponde con el mínimo común denominador entre dos partes. Como parte del impulso para armonizar los estándares laborales en toda Europa y los EEUU, la erosión de los derechos de los trabajadores de la UE está garantizada. La Organización Internacional del Trabajo ha establecido ocho convenios para proteger los derechos de los trabajadores. Mientras que los estados miembros de la UE han ratificado los ocho, los Estados Unidos solo han ratificado dos. 

Otro asunto es la afición americana a ignorar el derecho a la representación colectiva. En el contexto del TTIP, los sindicatos representan "barreras" para los flujos de comercio internacional así como los muchos derechos de los que disfrutan los  trabajadores europeos. Como tales, las compañías serían capaces de escoger a su antojo dónde basar sus operaciones comparando los costos del trabajo anticipadamente -como los sueldos, las tasas, las contribuciones sociales, las vacaciones, los beneficios y la fuerza de los sindicatos- y simplemente elegir el país más barato y que genere menos "problemas". 

Humo y espejos

Pese a todas estas controversias, el aspecto más turbulento del TTIP es la falta de implicación pública durante las negociaciones. El proceso se ha llevado a cabo como un trato a puerta cerrada entre los desapegados burócratas y los hombres de negocios con un interés personal en el acuerdo en lugar de realizar una consulta que incluyera a los ciudadanos en el proceso. Mientras que la retórica en torno al TTIP se concentra en los inversores, los estados deberían considerar a sus ciudadanos como inversores, dándoles el poder de actuar mediante el voto para que estos pudieran participar en el proceso de decisión.