Europa es más fuerte cuanto más unida esté, más débil cuanto más dividida

Artículo publicado el 8 de Abril de 2015
Artículo publicado el 8 de Abril de 2015

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El Primer Ministro griego quiere que Alemania pague por los crímenes de guerra nazis. La prensa alemana exige una disculpa a Varoufakis por (¿no?) hacerle la peineta a su país. Episodios que ilustran la actual tendencia entre los europeos del norte y del sur a lanzarse reproches. En lugar de buscar culpables, ¿por qué no intentamos encontrar una solución a la crisis europea de forma colectiva?

Cuesta justificar las distintas actitudes que muestra Bruselas con según qué Estados miembros. En el caso de Francia, la UE está dispuesta a pensar de forma constructiva, razón por la cual el país consigue continuas extensiones para cumplir los estrictos requisitos presupuestarios. Para Grecia, sin embargo, parece no haber margen de maniobra. Algo curioso, considerando que tanto Francia como Alemania (la mayor entusiasta de la austeridad) fueron los primeros en quebrantar el pacto de estabilidad y crecimiento a principios de la década de 2000. Desde el 2002, Francia incluso se ha saltado el pacto todos los años excepto en 2006. Aun así, es Grecia la que se encuentra en el ojo del huracán.

Es cierto que Alemania resurgió con fuerza de su crisis económica tras introducir una serie de reformas, pero esto no significa que las mismas medidas vayan a tener el mismo efecto en Grecia. Algunos pacientes requieren un tratamiento distinto a otros, y parece que la medicina alemana, la austeridad, ha sido contraproducente para Grecia. Sostener que el paciente no se ha tomado su dosis no tiene sentido.

Como señala Paul Krugman en su columna en el New York Times: “Grecia ha impuesto recortes salvajes en los servicios públicos, los salarios de los funcionarios y las prestaciones sociales” y, a causa de la presión de Bruselas, “el gasto público se ha reducido mucho más de lo previsto en el programa original”. Pero esto no ha surtido efecto y el remedio ha sido peor que la enfermedad.

La verdadera cuestión es que la dañada economía griega se sigue tratando como un problema griego, cuando es en realidad un problema de la eurozona. La única forma de que Europa salga reforzada de esta crisis es con más solidaridad entre sus miembros, lo cual es más fácil de decir que de hacer. Después de todo, a los Estados soberanos europeos les ha llevado siglos crear algún sentido de unidad dentro de sus fronteras.

Como consecuencia, los Estados tienen la capacidad de redistribuir la riqueza para garantizar que los estándares de vida no difieran mucho entre regiones. Es vital que esta solidaridad se extienda más allá de los límites nacionales. Con el Acuerdo de Schengen se suprimió la comprobación de pasaportes entre la mayoría de los países de la UE; de la misma forma, nuestras fronteras no deben seguir dificultando el paso de la solidaridad mutua.

¿Cuál es la alternativa? O bien Grecia sale del euro o este sobrevive en su forma actual, pero en ambos casos seguirá habiendo resentimientos. El norte de Europa seguirá pensando que el sur no estuvo dispuesto a llevar a cabo reformas mientras que el sur culpará al norte por sus años de miseria. No es una forma sana de avanzar. Europa estaría así construyendo un hogar común sobre terreno envenenado, lo que puede convertir todo el proyecto en una bomba de relojería que explotará a la próxima ocasión.

Estaba claro que la implantación de una divisa común sin la existencia de un estado europeo unificado sería algo complicado. Sin embargo, solo tenemos que mirar cualquier billete de euro para recordar su objetivo: tender puentes entre los pueblos de Europa. Sería útil no volverse los unos en contra de los otros en cuanto surgen los problemas. Necesitamos apoyarnos mutuamente, no pasarnos la pelota. En palabras de J.K. Rowling: “Seremos más fuertes cuanto más unidos estemos, y más débiles cuanto más divididos”.