¿Europa es un velero o un trasatlántico?

Artículo publicado el 5 de Octubre de 2005
Artículo publicado el 5 de Octubre de 2005
¿Liberal o federal? ¿Ampliación o integración? En el puente de mando del navío bautizado como “Europa” hay disputas sobre el rumbo que tomar en el futuro.

Desde que el pueblo ha arrojado la Constitución al mar, el navío Europa boga sobre aguas turbulentas sin rumbo definido. Sus capitanes de a bordo, los 25 Jefes de Estado, se han atrincherado en dos campos: liberales contra federalistas. Tony Blair, portavoz de los liberales, reúne consigo a los 10 nuevos socios y detenta el timón hasta diciembre. Su rumbo sí es claro: el mercado debe seguir ampliándose. Sus oponentes, los federalistas, tienen por jefes de fila a una Alemania y a una Francia que sueñan con una unión política y de la legislación social y económica común. Los federalistas no dejan de prevenirnos contra una flexibilización de los mercados laborales: medidas transitorias deben proteger a sus Estados de las hordas de mano de obra barata provenientes del este y la liberalización de los servicios ha sido bloqueada de continuo.

Todos quieren embarcarse

En teoría, la UE va a seguir ampliándose: Bulgaria, Rumania, Croacia en incluso Turquía se dan codazos por subir al barco. Muchos federalistas insisten en que lo primero es poner en marcha el navío de nuevo. Para ellos, esto significa una profundización de la cooperación política necesaria antes de seguir embarcando a nuevos pasajeros. Y es que, una vez que la Unión se componga de 29 Estados, habrá 29 capitanes sujetando el timón por turnos cada seis meses.

Como no quieren hacer de Europa un trasatlántico, la ausencia de integración no asusta a los liberales. Al menos, así es como el pensador liberal y comisario de la Comunidad Europea, Ralf Dahrendorf, interpreta el fracaso de la Constitución. Con su política de subvenciones, sólo hubiera logrado lastrar aún más la burocracia bruselense impidiendo la libre circulación de las personas, de los bienes y de los servicios. Dahrendorf percibe a la UE como un club no contractual de economías de mercado democráticas en el seno de las cuales se podría englobar a Rusia y a los países del Magreb.

Profundización y ampliación

Los campos están bien definidos. Los federalistas y los liberales ya han inscrito en sus respectivos pabellones sus divisas: “profundización” y “ampliación”. ¿Pero acaso se puede hacer política y construir mercado a partir de dos enemigos irreconciliables? Hay elementos que demuestran que no.

En contra de lo que cree Dahrendorf, todo liberal debería aspirar a un sistema de toma de decisiones más ágil, es decir, a una profundización europea. Si la UE se estanca económicamente es porque cada Estado antepone sus intereses con su derecho de veto. Francia y Alemania protegen así su mercado laboral y los británicos se obstinan en defender su famoso “cheque”. Reducir la influencia de los Estados podría permitir una mejor organización del mercado común. La ampliación no puede funcionar si no se acompaña de una profundización.

Terminar con las barreras aduaneras –típica iniciativa nacional- ya no basta. La creación de una divisa única convierte a las demás en superfluas. Las empresas tienen cada vez más movilidad. Cuando encuentran mejores condiciones en otros países europeos, se exilian sin preocupaciones. Los sistemas impositivos están cada vez más sometidos a la presión de la competencia. Muchos ciudadanos se sienten amenazados por este proceso porque ven perder capacidad de influir en los cambios. Y es que, sin su consentimiento, un mercado europeo amplio nunca podrá funcionar. La ampliación del mercado debe acompañarse de un fortalecimiento de las instituciones democráticas y políticas.

Luchas ficticias

Perseguir la ampliación y la profundización, abrir los mercados y fortalecer la participación de los ciudadanos ¿acaso no equivaldría a la creación de un “Super-Estado”? Federalistas como Jacques Chirac o el filósofo alemán Jürgen Habermas sólo hablan de unión política fuerte cuando se trata de oponerse a los EE UU en la carrera por la supremacía en la escena internacional. Para los liberales, esta concepción de la UE les causa horror, y por ello se empeñan en evitar mayores profundizaciones de la integración.

La oposición entre profundización e integración sólo es aparente, ya que las democracias, a diferencia de las dictaduras, pueden cambiar el curso de sus políticas. La España de Aznar envió los soldados a Irak y la de Rodríguez Zapatero los ha devuelto a casa. Aznar quería reforzar el papel de la Iglesia católica, mientras Rodríguez Zapatero impulsa el matrimonio homosexual. ¿España es pro o antiamericana? ¿Católica o anticlerical? España es una democracia y como en cada democracia, distintas corrientes sociales compiten por el poder. Uno de los motivos por los que la UE en tanto federación democrática de Estados soberanos no se enfrenta sistemáticamente con los EE UU.

El equipaje del “Europa” debe dejarse de peleas sin fundamento. Los 25 capitanes deben a partir de ahora reflexionar en el modo en el que van a remozar todo el barco. Si fracasan, su barco seguirá condenado a quedarse al pairo en la alta mar de la política internacional, sin timón ni motor.