Europa frente al dilema turco

Artículo publicado el 5 de Octubre de 2004
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Artículo publicado el 5 de Octubre de 2004

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El controvertido matrimonio turco entre Ankara y Bruselas sigue dividiendo tanto a la diplomacia como a las instituciones Europeas

"En mi mapa escolar Turquía estaba en Asia": Helmut Kohl, el canciller de la reunificación alemana, liquidaba de este modo cualquier posible ambición turca de ingresar en la UE. En la misma línea se pronunció otro padre de Europa, el francés Valery Giscard d’Estaing. Sin embargo, a pesar de su indudable importancia, no serán estas opiniones las que resulten decisivas en el Consejo Europeo del 17 de diciembre, que deberá pronunciarse sobre la apertura de negociaciones para la adhesión de Turquía en la UE. Será entonces cuando los 25 deberán por fin decubrir sus cartas, posicionándose a favor o en contra de Ankara.

Estados miembros favorables pero no entusiastas

El primer banco de pruebas para Turquía, esto es, el informe final que publicará la Comisión el 6 de octubre, está destinado a abrir la discusión. Lo firmará el comisario responsable de la Ampliación, el alemán Günter Verheugen, el mismo que ha mediados de septiembre se convirtión en el centro de una áspera e inesperada polémica con el gobierno turco, relativa a la posposición de la reforma del código penal por parte del parlamento de Ankara. Y eso que Verheugen representa en la Comisión a los socialdemócratas alemanes, quienes, liderados por el pro-turco Schröder, ven con buenos ojos el ingreso de Ankara en Europa, con la condición de que el gigante de Anatolia respete los llamados “criterios de Copenague". Sin embargo, Ankara debe empezar a tener en cuenta la posibilidad de perder al aliado teutón: las recientes derrotas electorales del centro-izquierda alemán hacen pensar en una probable victoria de los conservadores de la CDU-CSU en las elecciones generales de 2006. La hostilidad del centro-derecha alemán hacia la adhesión turca es clara, incluso ha sido puesta por escrito hace pocas semanas por su líder Angela Merkel. No obstante, para ese entonces el proceso de adhesión podría ser ya irreversible.

El eje filo-atlántico que apoya el ingreso de Turquía en la Unión, formado por Gran Bretaña e Italia ( y más sigilosamente por la presidencia holandesa), debería constituir el punto de apoyo decisivo para dar vía libre a Turquía. A estas naciones hay que añadir Grecia, en la actualidad de lado del antiguo enemigo, y Chipre, cuya promesa de no vetar constituye un punto importante para Ankara.

El eje anglo-italiano debería por tanto tenerlo fácil para persuadir el naciente eje franco-hispano-germano : de los tres solamente París se muestra reticente sobre la posibilidad de la adhesión turca.

Curiosamente la verdadera partida se jugará en este caso en el interior del mismo partido de centro-derecha (UMP), en el poder en Francia, con el Presidente Jacques Chirac dispuesto a dar el sí a Ankara, aún a costa de enfrentarse a sus propios “barones” y a un Raffarin cada vez más escéptico.

Tres factores anti-turcos

¿Cuáles son entonces los obstáculos para la apertura de las negociaciones, sí los “pesos pesados” de la Unión no parecen abiertamente contrarios a la adhesión? Los próximos meses serán cruciales para responder este interrogante, aunque se pueden individualizar tres factores capaces de acabar con las previsiones más optimistas.

1. La opinión pública europea. Los principales líderes de la Unión podrían valorar atentamente las consecuencias de una decisión (de apertura de las negociaciones) que tan sólo ven favorablemente el 16% de los franceses, el 26% de los alemanes, el 31% de los daneses y el 33% de los ingleses. Es desde luego cierto que los indecisos son todavía muchos, pero la opinión pública no se muestra nada entusiasta respecto de una eventual adhesión turca.

2. El efecto avalancha: Que la adhesión turca sea considerada en algunas capitales europeas más una promesa que hay cumplir que una convicción real que hay que llevar a cabo, no es un misterio para nadie.

En Europa, pocos han tenido hasta ahora el coraje de declararse abiertamente partidarios del “no”: los casos más recientes: principalmente la carta del comisario Franz Fischler, el discurso fuertemente crítico de su colega Frits Bolkenstein y las reiteradas tomas de posición del gobierno austríaco, podrían despertar las conciencias más críticas alimentando también en Bruselas un insidioso veto a las ambiciones europeas de Turquía. A esto hay que añadir el apoyo de algunos sectores del Vaticano: en una reciente entrevista al periódico francés “Le Figaro”, el cardinal Joseph Ratzinger ha definido a Turquía como “otro continente, en permanente enfrentamiento con Europa”. En definitiva, el más que nebuloso frente anti-turco existe y podría ampliarse.

3. No podemos ignorar los últimos clamorosos tropiezos turcos. La inesperada propensión al harakiri del gobierno dirigido por Recep Tayyip Erdogan se ha puesto de manifiesto con el proyecto de reintroducir la penalización del adulterio. Un proyecto que finalmente fue deshechado el pasado 26 de septiembre para dar paso a un código penal en sintonía con los estándares europeos, y no con la sharia. Por supuesto que ulteriores señales en sentido contrario podrían llevar a no pocas cancillerías a dar marcha atrás.

El Europarlamento podría votar no

El papel del Parlamento Europeo parece en este momento más consultivo que sustancial: el recién investido Presidente, el español Josep Borrell, ya ha invitado a sus colegas a expresar una opinión ante la cumbre europea del próximo diciembre.

En el hemiciclo de Estrasburgo la influencia de los conservadores alemanes, que contituyen el sector numéricamente más importante del grupo popular europeo (PPE), podría estar deparandonos una sorpresa negativa para Turquía: El portavoz Pottering se ha declarado de hecho contrario a la adhesión.

Númericamente, sin embargo, una posible alianza entre socialistas y liberales (cuyo líder Graham Watson se encuentra entre los partidarios más decididos de la adhesión de Ankara) podría garantizar el “sí condicionado” a la apertura de negociaciones. Pero todo está por ver: no olvidemos que el pasado abril nada menos que 211 eurodiputados votaron a favor de un informe que rechazaba la adhesión de Turquía a la UE. Sólo 84 votaron a favor de Ankara.

Lo que es seguro es que el debate sobre el ingreso de Turquía está destinado a animar la escena política continental durante el último trimestre de 2004.

Sopesar las ventajas que entraña para el proyecto comunitario una eventual adhesión de Turquía representa la tarea más difícil, que no puede agotarse en disputas políticas a corto plazo. ¿Cómo cambiaría Europa con el ingreso de Ankara?¿ Se acentuaría su dimensión de gran espacio de libre mercado, o podría adquirir una verdadera estrategia de potencia internacional, necesaria para afrontar los retos del futuro? En la respuesta a esta fundamental pregunta se encuentra también la solución al dilema turco.