Europa ha hablado, pero no ha apoyado a Juncker

Artículo publicado el 16 de Junio de 2014
Artículo publicado el 16 de Junio de 2014

Mar­tin Schulz, Guy Ver­hof­s­tadt, Jean-Clau­de Jun­cker, Ska Ke­ller y Ale­xis Tsi­pras. Exis­te una clara po­si­bi­li­dad de que nin­guno le sue­ne, pero qui­zás, in­di­rec­ta­men­te, les haya vo­ta­do en las elec­cio­nes eu­ro­peas. El Par­la­men­to Eu­ro­peo con­si­de­ra que Jun­cker es el justo he­re­de­ro del ac­tual pre­si­den­te Ba­rro­so, pero se equi­vo­can.

Hecho A: cinco par­ti­dos po­lí­ti­cos en el Par­la­men­to Eu­ro­peo pos­tu­laron, antes de las elec­cio­nes eu­ro­peas, su can­di­da­tu­ra  para el cargo de pre­si­den­te de la Co­mi­sión. 

Hecho B: los ciu­da­da­nos eu­ro­peos votan en las elec­cio­nes eu­ro­peas sin co­no­cer a estos can­di­da­tos y sin saber cómo va a in­fluir su voto en la pró­xi­ma presidencia de la Co­mi­sión. 

Pre­gun­ta: ¿En qué me­di­da creen que estos he­chos su­po­nen que la elec­ción del pre­si­den­te de la Co­mi­sión Eu­ro­pea es una elec­ción de­mo­crá­ti­ca?

Mar­tin Schulz, Guy Ver­hof­s­tadt, Jean-Clau­de Jun­cker, Ska Ke­ller y Ale­xis Tsi­pras. Hay una clara po­si­bi­li­dad de que nin­guno le sue­ne a no ser que tra­ba­je en Bru­se­las, sea es­tu­dian­te de po­líti­ca eu­ro­pea o al­guno de ellos per­te­nez­ca a su fa­mi­lia, pero es po­si­ble que in­di­rec­ta­men­te les vo­ta­se en las úl­ti­mas elec­cio­nes. Re­ve­le­mos toda la in­for­ma­ción: Jun­cker li­de­ra el par­ti­do con mayor nú­me­ro de es­ca­ños en el Par­la­men­to y sus co­le­gas creen que me­re­ce he­re­dar el pues­to del ac­tual pre­si­den­te de la Co­mi­sión, José Ma­nuel Ba­rro­so.

Pero se equi­vo­can. El Par­la­men­to Eu­ro­peo ha tra­ta­do de in­fluir en la elec­ción del pró­xi­mo líder del poder eje­cu­ti­vo eu­ro­peo tra­tan­do de sim­pli­fi­car un pro­ce­di­mien­to que es com­pli­ca­do. Sin em­bar­go, el re­sul­ta­do de las elec­cio­nes se puede mirar desde otra pers­pec­ti­va, la cual in­di­caría que Jun­cker es el peor can­di­da­to para la pre­si­den­cia de la Co­mi­sión.

Si los líde­res eu­ro­peos sa­ca­sen una con­clu­sión de los re­sul­ta­dos de las elec­cio­nes, esta sería que los ciu­da­da­nos no están fe­li­ces con la si­tua­ción ac­tual. No son ne­ce­sa­ria­men­te anti Eu­ro­pa, pero Fran­cia y Gran Bre­ta­ña se ba­lan­cean hacia la ex­tre­ma de­re­cha y el po­si­cio­na­mien­to de Por­tu­gal y Gre­cia hacia la iz­quier­da in­di­ca que un sta­tu quo ya no es a­cep­ta­ble. El voto a los par­ti­dos ex­tre­mos es un voto con­tra la aus­te­ri­dad. 

La elec­ción de Jun­cker, un demócrata cristiano conservador, clon de Ba­rro­so y po­si­ble­men­te más in­co­lo­ro y menos ca­ris­má­ti­co que este, sería por tanto un pro­ble­ma. El pri­mer mi­nis­tro de Lu­xem­bur­go no per­so­ni­fi­ca, de nin­gu­na ma­ne­ra, un cam­bio para la po­lí­ti­ca eu­ro­pea. En con­tra de los eu­ro­es­cép­ti­cos, Eu­ro­pa ne­ce­si­ta un líder que ins­pi­re es­pe­ran­za: un sím­bo­lo de una Eu­ro­pa dinámica. De este modo, la ele­cción de Jun­cker por parte del Par­ti­do Po­pu­lar Eu­ro­peo (EPP)  ha su­pues­to un pro­ble­ma para el Con­se­jo Eu­ro­peo, de­bi­do a que es la persona más presionada y menos deseada para el cargo. Por lo tanto, puede que haya que co­men­zar desde cero y bus­car un nuevo pre­si­den­te para la Co­mi­sión. Si el Con­se­jo Eu­ro­peo de­ci­die­ra re­ti­rar la de­man­da de Jun­cker al "trono", esto po­dría dar lugar al des­con­ten­to por parte de la gente, que cri­ti­ca­ría el hecho de que el pre­si­den­te de la Co­mi­sión sea, una vez más, ele­gi­do de forma an­ti­de­mo­crá­ti­ca.  Estas crí­ti­cas se­rían inapro­pia­das. Con­si­de­rar a Jun­cker un pre­si­den­te de la Co­mi­sión ele­gi­do de­mo­crá­ti­ca­men­te su­pon­dría que los ciu­da­da­nos vo­ta­ron cons­cien­te­men­te al EPP sa­bien­do que su voto su­pon­dría tam­bién un voto a favor de Jun­cker. 

Este no es el caso. EUo­bser­ver salió a la calle en cinco de los es­ta­dos miem­bros y con­fir­mó lo que ya hemos dicho: muy pocas per­so­nas ha­bían oido ha­blar del spit­zen­kan­di­da­ten (can­di­da­to) y eran menos to­da­vía las que co­no­cían cómo su voto en las ele­ccio­nes podía in­fluir en la pró­xi­ma pre­si­den­cia de la Co­mi­sión.

Ade­más, el re­sul­ta­do de las elec­cio­nes jus­ti­fi­ca la de­ci­sión de los lí­de­res eu­ro­peos de ig­no­rar a Jun­cker. Su par­ti­do per­dió 61 de los miem­bros del Par­la­men­to Eu­ro­peo (MEP), más que cual­quier otro par­ti­do. Todo esto, combi­na­do con un blo­que de la iz­quier­da más fuer­te y mu­chos más po­lí­ti­cos de de­re­chas en el Par­la­men­to, hace que de­sig­nar a otra per­so­na to­da­vía po­dría jus­ti­fi­car­se como que han es­cu­cha­do a los vo­tan­tes.

Pero, para evi­tar el mismo pro­ble­ma con otros can­di­da­tos, ten­drán que ele­gir a al­guien de fuera. Des­pués de todo, una gran ob­je­ción a las can­di­da­tu­ras a pre­si­den­te de la Co­mi­sión de Schulz, Ver­hols­tadt y Jun­cker era que, aún per­te­ne­cien­do a di­fe­ren­tes par­ti­dos, son más o menos lo mismo. Todos ellos son eu­ro­peos fe­de­ra­lis­tas a los que se con­si­de­ra de­ma­sia­do in­te­gra­dos en la bur­bu­ja que es Bru­se­las.

Esto es exac­ta­men­te lo que hizo que la gente vo­ta­se a par­ti­dos ex­tre­mis­tas en pri­mer lugar. Si la gente quie­re un cam­bio y no son ca­pa­ces de di­fe­ren­ciar entre so­cial­de­mó­cra­tas, de­mócra­tas cris­tia­nos y li­be­ra­les, ter­mi­na­rán inevi­ta­ble­men­te vo­tan­do a al­guien con un en­fo­que di­fe­ren­te.

¿Pero a quién?

Se han ana­li­za­do mu­chas al­ter­na­ti­vas en las úl­ti­mas se­ma­nas. A la di­rec­to­ra ge­ren­te del Fondo Mo­ne­ta­rio In­ter­na­cio­nal (FMI), Christine Lagarde, se la ha vin­cu­la­do fre­cuen­te­men­te con este cargo y, más re­cien­te­men­te, se ha ru­mo­rea­do que su com­pa­ñe­ro de par­ti­do Mi­chel Bar­nier y el ex pri­mer mi­nis­tro de Ho­lan­da, Jan Peter Bal­ke­nen­de, po­drían ser bue­nos can­di­da­tos. El pro­ble­ma de La­gar­de, Bar­nier y Bal­ke­nen­de es que todos son po­lí­ti­cos de cen­trode­re­cha que fa­vo­re­cen me­di­das de aus­te­ri­dad.

En­rico Letta, un de­mó­cra­ta ita­liano con con­vic­cio­nes de iz­quier­da y que per­te­ne­ce al par­ti­do del pri­mer mi­nis­tro Renzi, po­dría ser un can­di­da­to más ade­cua­do. Sin em­bar­go, sien­do Mario Draghi el ac­tual pre­si­den­te del Banco Cen­tral Eu­ro­peo es es­ta­dís­ti­ca­men­te impro­ba­ble que otro cargo im­por­tan­te quede en manos de otro ita­liano. 

Tony Blair po­dría ser otro can­dida­to ex­ce­len­te. Puede que en In­gla­te­rra haya di­vi­sión de opi­nio­nes pero, no obs­tan­te, po­dría ser la fi­gu­ra ca­ris­má­ti­ca que reali­zase ar­gu­men­tos pro Eu­ro­pa muy con­vin­cen­tes.

Al final, el Con­se­jo Euro­peo puede que vaya con Jun­cker y se con­sue­le con que el de pre­si­den­te de la Co­mi­sión no es el único pues­to en Bru­se­las. Pen­sar así sería un error. La vic­to­ria del EPP fue una vic­to­ria pí­rri­ca y el hecho de que su in­fluen­cia en el Par­la­men­to se re­du­je­se un 22% con­fir­ma que la de­mo­cra­cia cris­tia­na está en de­cli­ve en Eu­ro­pa. Ade­más, sería muy op­ti­mis­ta con­cluir que Jun­cker ten­dría un man­da­to de­mo­crá­ti­co cuan­do la ma­yo­ría de los vo­tan­tes fuera de Bru­se­las nunca han oído ha­blar de él.

El nuevo pre­si­den­te de la Co­mi­sión tiene que dar un res­pi­ro a las po­lí­ti­cas de aus­te­ri­dad tan con­ser­va­do­ras, tiene que ser un líder que pueda desa­fiar la re­tó­ri­ca an­ti­eu­ro­pea. Al mismo tiem­po, este nuevo ros­tro de Eu­ro­pa de­be­ría estar dis­pues­to a for­zar las re­for­mas ne­ce­sa­rias, en vez de arro­jar a Eu­ro­pa a un fe­de­ra­lis­mo al que sus ha­bi­tan­tes están echan­do el freno de mano. Jun­cker no tiene nin­gu­na de estas cua­li­da­des. 

Eu­ro­pa ha ha­bla­do pero, en vez de poner en tela de jui­cio lo que dicen los ciu­da­da­nos, los lí­de­res eu­ro­peos de­be­rían es­cu­char lo que dicen: poned fin a la aus­te­ri­dad, de­te­ned la in­te­gra­ción (eu­ro­pea) y co­men­zad las re­for­mas.