¿Europa hacia la izquierda?

Artículo publicado el 13 de Abril de 2004
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Artículo publicado el 13 de Abril de 2004

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Después de España, Francia: el 28 de marzo, las regiones francesas pasaron a la izquierda. ¿Será el comienzo de una segunda ola rosa, tras la de 1997, en el viejo continente? ¿España a la izquierda, Europa a la izquierda?

El 14M no es el resultado del miedo, sino del aburrimiento; fue la victoria de la madurez democrática del pueblo español. Los atentados de Madrid no cambiaron a España, sólo metieron la nariz de Aznar en sus propias contradicciones, despertaron la consciencia cívica y ciudadana de los españoles, les llevo hacia las urnas. Y España pasó a la izquierda. Voto sanción, sí, pero también reflejo de una voluntad profunda de cambio, reflejo de los deseos políticos de una clase tradicionalmente abstencionista. Ahora, sólo queda identificar y evaluar las consecuencias del cambio de gobierno en España sobre los Estados miembros y en la Unión Europea en general. ¿Existe el “efecto Zapatero”?

Vaivienes de olas rojas y azules...

Aunque la izquierda ha ganado ampliamente las elecciones regionales en Francia, sería exagerado relacionarlo directamente con la victoria del PSOE. Si la victoria de “ZP” tuvo un efecto sobre las elecciones en Francia –y lo tuvo, pero no se sabe en qué medida- no es en la intención de voto sino en la decisión de voto.

Lo que Francia debe a los españoles, es la demostración de que las urnas son el medio más eficaz puesto a disposición del pueblo para que se escuche su voz y se ejecute su voluntad: la abstención ha bajado en las elecciones regionales. El efecto Zapatero es un guiño a la abstención y a los abstencionistas. No son las ideas socialistas las que aparecen en primer plano sino el poder de los electores. Europa no pasará a la izquierda. La tremenda victoria de los socialistas en Francia es sobre todo consecuencia de la gestión desastrosa del gobierno de Raffarin, la expresión de un “no va más” de l’UMP.

Hablamos de una ola roja europea a finales de 1990: Jospin, Blair, Schröder, los unos tras de los otros, cogieron las riendas de las grandes democracias europeas. El 12 de marzo del 2000, la tendencia se invertió, el partido popular de José María Aznar, ya en el poder en la Moncloa, logró una amplia mayoría absoluta. Las victorias de la derecha se desencaderon entonces en Europa: el FPÖ entra en el gobierno austríaco al comienzo de 2000, Berlusconi fue elegido en mayo de 2001, luego le tocó a Noruega, Dinamarca. Portugal en 2002. Y qué decir del desastroso mes de abril de 2002 en Francia, con el radical Le Pen en segunda vuelta de las elecciones generales. Pero la ola azul no se paró allí. Recuerden Holanda en enero de 2003, y por fin Grecia: el último 7 de marzo, diez años de gobierno de izquierda llegan a su fin. Y no es ZP el que podrá cambiar esto.

¿Las elecciones, un catártico?

Las elecciones españolas deben hacernos reaccionar sobre la abstención y la práctica del voto sanción. ¿Qué significa votar en Europa hoy día? ¿Expresar una voluntad de cambio, y no una fidelidad a un partido, a unas ideas? Las elecciones españolas del 14 de marzo demostraron que los ciudadanos podían utilizar las urnas para poder expresar su rabia y su civismo. ¿Por qué no es esto algo automático? ¿Por qué los franceses de la manifestación del 1 de mayo del 2002 no fueron a votar en masa en las elecciones legislativas que tuvieron lugar poco tiempo después? ¿Dónde están los inscritos espontáneos en el Partido Socialista francés tras el 21 de abril? ¿Dónde está el entusiasmo de la calle? ¿Las elecciones tendrían entonces que convertirse, al igual que las manifestaciones, en un catártico para ciudadanos acomplejados?

El efecto Zapatero está en otra parte

El efecto Zapatero es sobre todo una esperanza para Europa. Firmante e instigador de la carta de los ocho, Aznar quería estar a la cabeza de lo que llamaba “una Europa nueva”, un guiño a la reflexión de Rumsfeld sobre la “vieja Europa”. El 14 de marzo, es el retorno en masa de los españoles a una UE independiente que toma posiciones en contra de la guerra de Irak. Hacia una Europa unida, hacia la puesta en marcha de una constitución.

El efecto Zapatero es el desbloqueo de un actor clave para la Unión. Ahora, estamos esperando a Italia. La caída de Aznar es un escollo serio a la “coalición” dirigida por los Estados-Unidos. Es este elemento el que tendrá una influencia sobre las próximas elecciones en Europa (¿y en Estados Unidos?), en particular en los países europeos involucrados en el tema iraquí. La cuestión es un poco distinta en lo que se refiere a Gran Bretaña: la alternativa a Tony Blair –cuyo título de laborista es cada día más dudoso- no es muy esperanzadora sobre todo en lo que se refiere a la guerra en Irak, a diferencia de España donde, desde el comienzo, Zapatero se había expresado en contra del envío de un convoy español. Hoy, intenta romper con George Bush, respondiendo a una exigencia del pueblo español. España se da la vuelta hacia Europa, la vieja Europa. Insiste en involucrarse en su continente y reorienta su dinamismo, su juventud y su convicción democrática hacia Europa. Maduro no significa viejo.