Europa: la vuelta del patriotismo

Artículo publicado el 23 de Abril de 2004
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Artículo publicado el 23 de Abril de 2004

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La crisis de los rehenes en Iraq ha exacerbado el patriotismo en Italia. Y parece que el fenómeno empieza a producirse a nivel europeo.

«Ahora os vamos a mostrar como muere un italiano». Las últimas palabras de Fabrizio Quattrocchi, el rehén italiano asesinado en Iraq la semana pasada, han provocado distintas reflexiones. En especial por cómo han tratado los medios y los políticos la cuestión de los secuestros. Según el Ministro de Asuntos Exteriores, Franco Frattini, Quattrocchi «ha muerto como un héroe»: un héroe «nacional» según el Corriere della Sera, «un patriota» según Panorama. Después de este incidente es evidente que el sentimiento nacionalista de los italianos ha alcanzado un máximo histórico.

11 de marzo: banderas españolas en las ventanas

Sin embargo, ¿es también cierto que, en la época de la aldea global y de la Europa ampliada a 25 Estados miembros, Europa está volviendo a experimentar el sentimiento de patriotismo que, sólo hace unos cuantos años, se consideraba perdido? No faltan ejemplos que contesten a esta pregunta. Basta sólo con pensar en la reacción de los españoles ante los terribles atentados del 11 de marzo: según Manuel Ansede, enviado especial de café Babel en Madrid, «en la capital española no se veía ni un edificio que no estuviera decorado con un conjunto uniforme de banderas nacionales». Como las banderas de “PACE” en Italia. No sólo eso, «las manifestaciones en las plazas eran una explosión de coros y esloganes: “Es-pa-ña, Es-pa-ña”». En resumen, «después del 11 de marzo los españoles se sienten más españoles», afirma Ansede. ¿Quiere eso decir que se sienten también menos europeos?

Alemania y los comespagueti

Según Ulrich, de 29 años, adjunto de café babel en Berlín, la realidad es otra: «en realidad una conciencia europea propia y verdadera no ha existido jamás. Lo que si es cierto, sin embargo, es que este resurgimiento del patriotismo acabará perjudicando a la construcción de Europa». En Alemania abundan los ejemplos en este sentido, como las recientes declaraciones anti-italianas del célebre presentador de televisión alemán Karl Moik, que el sábado pasado, en su celebradísimo programa seguido por 7 millones de telespectadores, ha definido a los italianos con el término despectivo de spaghettifressern, comespagueti. Este es sólo el último episodio de la saga de insultos cruzados entre Italia y Alemania. Una Alemania en la que, en los últimos años, se ha producido, en efecto, un resurgimiento del sentimiento patriótico, aunque, como explica Ulrich, sea todavía «raro, debido a nuestra historia, escuchar frases como “estoy orgulloso de ser alemán”». No obstante, la aguas han vuelto a su cauce. Siempre sobran los exponentes conservadores, sobretodo entre las filas de la CDU, se llama a la leitkultur: una “cultura-guía” alemana que ha de defenderse contra una inmigración percibida muy frecuentemente por la opinión pública como «invasiva», como una amenaza.

Opinión pública europea, adiós…

Ese es el quid de la cuestión. Son las amenazas contemporáneas (guerra, terrorismo, inmigración) las que hacen que nuestra visión de los hechos entre en crisis, distorsionándola irremediablemente. El hecho es que este resurgimiento del patriotismo nacional tiene cabida en un periodo histórico en el que los Estados nacionales tienen menos poder que nunca antes en su historia. ¿Por qué enfrentarse a amenazas que los Estados no pueden controlar por sí solos? El papel político de Italia en Iraq, con todos y cada uno de sus tres mil valientes hombres, no es otro sino el de un mísero actor secundario en una coalición donde las barras y estrellas ostentan una evidente supremacía. Del mismo modo, nada ha podido hacer la excelente inteligencia espanola para prever la enorme operación que tuvo lugar en Atocha: el terrorismo islámico, de hecho, es un fenómeno a nivel global cuyas consecuencias se sienten más allá de las fronteras nacionales. Este mismo discurso puede aplicarse a la inmigración: se diga lo que se diga, con el espacio Schengen que ha eliminado las fronteras entre los Estados de la UE, las políticas de inmigración nacional resultan anacrónicas.

La realidad es que Europa debería manterse unida frente a estos desafios. En caso contrario, no sólo se debilitará políticamente, sino que además estará desorientada, confundida y, sobre todo, manipulada: Italia estará siempre «al frente» como lo estuvo en la guerra de independencia del siglo XIX. Así, las opiniones públicas europeas continuarán sin comunicarse entre ellas y la creación de una opinión pública europea seguirá postergándose. Asi, jamás se conseguirá crear Europa.