Europa más allá del déficit

Artículo publicado el 17 de Enero de 2018
Artículo publicado el 17 de Enero de 2018

Tenemos ante nosotros la oportunidad de demostrar que nos preocupa algo más que el límite de déficit y la deuda pública, queda por ver si los Estados miembros están interesados en ello.

Deuda pública. Límite de déficit. Tipo de interés. Depreciación. Prima de riesgo. Hace algo más de diez años solo unos cuantos entendidos en economía y finanzas habrían sabido definir estos términos. A día de hoy, la voraz crisis financiera vivida en Europa (y de la que en la actualidad no terminamos de recuperarnos) ha hecho que este léxico se haya convertido en algo cotidiano para una importante parte de la población, para mala suerte de muchos. Ha hecho falta una debacle económica de unas magnitudes conocidas por todos para que la sociedad se interese por una información y unos datos que antes solo manejaban unos cuantos.  Algo positivo tenía que tener esta crisis económico-financiera después de todo.

Cuando el gobierno de Tsipras en Grecia amenazó con negarse a devolver la deuda a la Unión Europea hace tan solo unos años saltaron todas las alarmas. El país mediterráneo se convirtió, de la noche a la mañana en portada de los diarios internacionales que lo situaban al borde del abismo. En aquel momento pudimos seguir el minuto a minuto de un país cuya economía parecía dirigirse hacia el más atroz de los finales. Todos  sentimos la angustia de esos ahorradores y pensionistas helenos que durante el verano de 2015 no podían siquiera sacar su dinero de los cajeros. 

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de Estado de derecho? ¿Qué son los criterios de Copenhague? ¿Por qué existe el artículo 7 en el Tratado de la Unión Europea? ¿En qué consiste exactamente este procedimiento? ¿Por qué el incumplimiento de Grecia dio la vuelta al mundo pero apenas sabemos qué es lo que está sucediendo desde 2015 en Polonia? 

Desde hace más de dos años y medio el partido en el gobierno en Polonia, Ley y Justicia (PiS por sus siglas en polaco) se ha esforzado por dinamitar el Estado de Derecho, como mínimo en la misma medida en la que el gobierno de Grecia se obstinó en desobedecer sus obligaciones económicas. Sin embargo, aquellos que hace poco se llevaban las manos a la cabeza ante el osado incumplimiento de las normas económicas europeas, parece que no están tan preocupados cuando esas normas se alejan de la esfera económica y lo que están en juego son las libertades sociales de todo un país y la independencia de un sistema judicial que se ha convertido en una extensión más de los tentáculos del partido en el gobierno. 

La Comisión Europea, tras más de un año de conversaciones ha decidido dar un paso al frente y ha puesto en marcha el artículo 7 del Tratado de la Unión Europea. Este artículo, incluido en el Derecho Europeo con la reforma de Ámsterdam y modificado posteriormente en Niza, prevé la posibilidad de sancionar a un Estado miembro privándole de su derecho a voto en el Consejo. Se trata de un supuesto que fue incorporado al Tratado con la intención de no tener que ser invocado nunca, al igual que ocurrió con el artículo 50 activado con el 'Brexit'. De hecho, ha sido considerado durante mucho tiempo por las instituciones europeas como el “botón nuclear” del TUE. Quizá por ello nadie se ha atrevido a utilizarlo a pesar de los excesos húngaros durante los últimos años -bastante parecidos a los de Polonia-.

Si bien es cierto que resulta complejo que un ente supranacional como lo es la UE sancione a un Estado soberano, es necesario tener en cuenta que si las normas económicas son sagradas, los criterios de Copenhague, que incluyen el respeto del Estado de Derecho, son uno de los requisitos indispensables para entrar en el club europeo y que, de hecho, mantiene en las puertas como Estado candidato a la admisión a Turquía desde hace ya más de diez años.

Sin embargo, para que la sanción prevista en el artículo 7 se produzca deben ser el resto de socios europeos los que, por unanimidad, decidan aplicar el castigo. El gobierno polaco comenzó sus primeras reformas controvertidas a finales de 2015, fue entonces cuando la Comisión Europea comenzó una serie de intentos de diálogo y tibieza en su reacción esperando que Polonia diera marcha atrás. De momento, ha conseguido que el nuevo primer ministro en Polonia haya decidido sustituir a los titulares más controvertidos del gobierno. Queda por ver si se trata de un cambio significativo en las nuevas normas polacas o si es un simple lavado de cara. 

Con todo ello, tenemos ante nosotros la oportunidad de demostrar que nos preocupa algo más que el límite de déficit y la deuda pública, queda por ver si a los Estados miembros están interesados en ello.