Europa necesita una revolución pacífica

Artículo publicado el 27 de Marzo de 2014
Artículo publicado el 27 de Marzo de 2014

|Opi­nión| Estamos a solo dos meses de las elecciones europeas. Europa está todavía en crisis y la gente está cada vez más nerviosa y exasperada, y es más desconfiada. ¿Por qué tenemos que votar por una Unión Europea que ha fallado de una forma tan evidente no solo al prever y prepararse para la mayor crisis desde la Gran Depresión, sino también al enfrentarla y gestionarla adecuadamente?

 “Los po­lí­ti­cos tie­nen ten­den­cia a dejar las de­ci­sio­nes di­fí­ci­les para des­pués”, dice Lou­kas Tsou­ka­lis, pro­fe­sor de In­te­gra­ción Eu­ro­pea en la Uni­ver­si­dad de Ate­nas y pre­si­den­te de la Fun­da­ción He­lé­ni­ca para la Po­lí­ti­ca Ex­tran­je­ra Eu­ro­pea (ELIA­MEP).

HO­RRI­BLES MU­ÑE­CAS RUSAS

Él des­cri­be la cri­sis eco­nó­mi­ca como una serie de ho­rri­bles mu­ñe­cas rusas: la mayor es la bur­bu­ja ban­ca­ria in­ter­na­cio­nal que ex­plo­tó en 2008 de­bi­do a la caída de los mer­ca­dos; la si­guien­te es la cri­sis eu­ro­pea que de­mos­tró el pe­li­gro de tener una mo­ne­da común sin el apoyo de las ins­ti­tu­cio­nes per­ti­nen­tes, tras la que apa­re­cen los pro­ble­mas fis­ca­les na­cio­na­les a los que se en­fren­tan los es­ta­dos miem­bros, exa­cer­ba­dos por los prés­ta­mos ban­ca­rios anua­les. Ahora se acabó la fies­ta, dice Tsou­ka­lis, pero ¿quién pa­ga­rá la cuen­ta? Esta cri­sis na­cio­nal ya se ha con­ver­ti­do en una parte in­se­pa­ra­ble de la cri­sis sis­té­mi­ca del euro.

Tanto en el fren­te na­cio­nal como en el eu­ro­peo ha ha­bi­do erro­res. La UE ha per­di­do una dé­ca­da en­te­ra de­bi­do a la bur­bu­ja ban­ca­ria, y, como Tsou­ka­lis reite­ra, ten­dre­mos suer­te si para el 2016 hemos vuel­to al cre­ci­mien­to y a los ni­ve­les del PIB de 2007.

La UE sub­es­ti­mó las con­se­cuen­cias del re­ajus­te fis­cal y de las di­vi­sio­nes que este cau­sa­ría entre los es­ta­dos miem­bros. Y el hecho de que se alar­ga­ría tanto tiem­po.

AL BORDE DE UN CO­LAP­SO NER­VIO­SO

So­la­men­te Gre­cia ha per­di­do un ter­cio de su nivel de vida en los tres años en los que ha es­ta­do su­je­ta a duras me­di­das de aus­te­ri­dad (2009-2012) y ahora se in­clu­ye entre los paí­ses con peo­res des­equi­li­brios sa­la­ria­les, peor ca­li­dad de vida y ma­yo­res tasas de sui­ci­dio de la UE.  Las tasas de des­em­pleo aún son inacep­ta­ble­men­te altas, lo que es un se­ve­ro obs­tácu­lo para el cre­ci­mien­to y el desa­rro­llo. No im­por­ta lo buena que fuera la si­tua­ción de los es­ta­dos miem­bros antes de la cri­sis, casi la to­ta­li­dad de la eu­ro­zo­na sufre ahora las con­se­cuen­cias de la mala ges­tión, la irres­pon­sa­bi­li­dad y la in­efi­cien­cia.

Las so­cie­da­des están al borde del co­lap­so ner­vio­so. Mien­tras con­ti­nue­mos atra­pa­dos en el círcu­lo vi­cio­so de aus­te­ri­dad y re­ce­sión, re­du­cien­do los sa­la­rios pero au­men­tan­do los im­pues­tos, el ries­go de ex­plo­sión so­cial au­men­ta. Aún así, la ma­yo­ría de la gente en Eu­ro­pa sigue a favor del Euro por­que teme que las cosas pue­dan em­peo­rar aún más sin él. Es lo que Tsou­ka­lis des­cri­be como un “equi­li­brio del te­rror”.

Mu­chos pien­san que los ciu­da­da­nos han pa­ga­do un pre­cio alto, pero que ya es­ta­mos sa­lien­do de la cri­sis. Pero ¿sa­li­mos? El des­em­pleo to­da­vía au­men­ta, la deuda es to­da­vía inacep­ta­ble­men­te alta, y la UE sigue ade­lan­te to­da­vía sin pre­pa­rar­se.

un nuevo gran pacto

Eu­ro­pa ne­ce­si­ta una re­vo­lu­ción pa­cí­fi­ca, dice Tsou­ka­lis. Para que todo el con­jun­to de na­cio­nes de la UE sal­gan de la cri­sis, se ne­ce­si­tan más cam­bios, tanto en el fren­te do­més­ti­co como a nivel ins­ti­tu­cio­nal. La UE ne­ce­si­ta “un nuevo gran pacto”  para cam­biar su es­tra­te­gia de ges­tión de la cri­sis y “para es­ca­par de la men­ta­li­dad del juego de suma cero que ha pre­va­le­ci­do entre acree­do­res y deu­do­res, entre el Norte y el Sur”.

Tsou­ka­lis dis­cu­te que el gran desa­fío que ahora en­ca­ra la UE es si podrá se­guir re­cu­pe­rán­do­se, sin es­con­der sus pro­ble­mas bajo la al­fom­bra, y de­di­car­se al cre­ci­mien­to ac­ti­vo y sus­tan­cial me­dian­te el es­ta­ble­ci­mien­to del am­bien­te fa­vo­ra­ble ne­ce­sa­rio para que eso ocu­rra. La cri­sis solo ha ser­vi­do como re­cor­da­to­rio de la falta de me­ca­nis­mos de la UE para ma­ne­jar­la. El euro no so­bre­vi­vi­rá sin una base po­lí­ti­ca y eco­nó­mi­ca que lo sus­ten­te, ad­vier­te Tsou­ka­lis, y añade que una unión ban­ca­ria y una mejor coope­ra­ción entre la unión eco­nó­mi­ca y mo­ne­ta­ria es vital si que­re­mos sal­var a la UE del de­cli­ve.

Por ahora, las pers­pec­ti­vas de cre­ci­mien­to de Eu­ro­pa son dé­bi­les. Pero ahora se ne­ce­si­ta tomar de­ci­sio­nes do­lo­ro­sas, ya que cuan­to más es­pe­re­mos, más pro­fun­da­men­te se in­fec­ta la he­ri­da y más di­fí­cil será cu­rar­la.

“UNA AC­CIÓN OSADA, UNA AC­CIÓN CONS­TRUC­TI­VA”

Hay una falta de con­fian­za en Eu­ro­pa. La gente ha per­di­do la fe en el sis­te­ma po­lí­ti­co, en la Unión, en ellos mis­mos. Esto ha as­fal­ta­do el ca­mino a los na­cio­na­lis­mos, donde cada es­ta­do mira pri­me­ro por sus pro­pios in­tere­ses, algo que se re­fle­ja en las mis­mas so­cie­da­des, donde la gente se está vol­vien­do cada vez más ego­cén­tri­ca y menos preo­cu­pa­da por el bien común.

Pero este no es el mo­men­to de lu­char solos. Sería es­tú­pi­do ha­cer­lo. Es el mo­men­to de darse cuen­ta de la fuer­za de una alian­za de es­ta­dos miem­bros que pueda am­pli­fi­car su pres­ti­gio, su es­ta­tus y su poder en un mundo glo­ba­li­za­do.

La cri­sis per­pe­tua ha ani­ma­do el de­ba­te sobre qué se ne­ce­si­ta hacer, cuál es el fu­tu­ro que que­re­mos para Eu­ro­pa. Pero ya no es una cues­tión de más o de menos Eu­ro­pa. La res­pues­ta es clara: una mejor Eu­ro­pa. Y para hacer eso ne­ce­si­ta­mos en­ca­rar de una vez la cues­tión de cómo con­se­guir­lo. Las elec­cio­nes eu­ro­peas ofre­cen a los ciu­da­da­nos una opor­tu­ni­dad para hacer oír sus voces al res­pec­to y para com­pren­der las sa­bias pa­la­bras de Ro­bert Schu­mann: “ya no es una cues­tión de pa­la­bras vanas, sino una ac­ción osada, una ac­ción cons­truc­ti­va”.