Europa puede realizar aportes concretos en este G8

Artículo publicado el 10 de Julio de 2006
Artículo publicado el 10 de Julio de 2006

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Convidada de piedra o actriz: ¿Qué rol le otorga el G8 a la Unión Europea? Patrick Girard, profesor de geopolítica en Lyon, y Susanne Nies, directora de investigación sobre cuestiones europeas en el Instituto de relaciones internacionales y estratégicas (IRIS) nos ayudan a comprender la situación.

Desde 1977, Europa ocupa un espacio en las cumbres del G7 y luego del G8. En cambio, a diferencia de Rusia, que se integró en el hermético círculo de los jefes de Estado más ricos del mundo en 1998, se encuentra relegada al rango de observadora. ¿Por qué?

José Manuel Durão Barroso está presente en todas las fotos oficiales del G8, aunque nadie hable de un G9. ¿Por qué la UE no es miembro de pleno derecho?

SN: El G8 es un foro informal que no tiene un estatuto propio, como lo tienen la Organización Mundial del Comercio (OMC) o la ONU. La representación europea a nivel internacional comenzó con el GATT, luego con la OMC y, finalmente, con el G7 en tanto que observadora. El problema es que, como sus competencias no están claramente definidas, su presencia es simbólica. Su integración sería un gran paso político.

PG: El G8 funciona según un modelo de geometría variable. Europa sigue el recorrido de Rusia, que fue primero observadora en el G7 y luego invitada, para integrarse de lleno por fin en el círculo. Ahora bien, aún quedan algunos obstáculos para la integración de Europa en el G8. Para empezar, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia son miembros del G8. El hecho de tener, alrededor de una misma mesa, una representación de tipo federal, con representaciones de Estados federados, es bastante molesto. Para que la UE sea un miembro de pleno derecho, debería alcanzar una sola voz. En la OMC, los Estados nacionales se han retirado en favor de un solo representante europeo. Para aplicar el mismo procedimiento en el G8, los Estados miembro deben estar de acuerdo. En definitiva, todo depende de lo que se quiera hacer del G8. Aún así, es un club de Estados bastante criticado en el escenario mundial. Si el G8 intenta poco a poco abrirse a nuevos desafíos, pienso que nunca suscitaría tantos debates como en el seno de la OMC o de la ONU.

¿La Unión Europea habla con una sola voz en el G8? ¿Cómo se organiza? ¿Qué peso puede tener un país como Letonia?

SN: Todo depende de los temas tratados. A menudo, lo evocado durante el G8 ya ha sido debatido antes, como la cuestión de Irán. En tales casos, está claro que los veinticinco hablarán con una sola voz. Lo que va a provocar una discusión este año es el tema de la energía. Europa no va a poder representar la voluntad de cada uno de sus miembros. El problema está de hecho en el interior mismo de la UE, que no supera el enfoque nacional en materia de energía.

PG: Los países más pequeños se beneficiarán más de la cumbre del G8. La Unión Europea aún funciona como un “mercadeo”. Los chipriotas o los letones, en pie de igualdad con las grandes potencias europeas, pueden negociar otros temas con el fin de evitar un bloqueo en los asuntos del G8. Al final, para obtener un consenso en lo que respecta al G8, firmarán una propuesta descafeinada.

¿Es útil tener una representación europea en el seno del G8?

SN: Hay que favorecer entre todos la representación de la Unión Europea a escala internacional. Es necesario defender en Europa proyectos en base al “método europeo” fundado sobre el multilateralismo. Los Estados Unidos o Rusia tienen dificultades para entender esta conducta, pero el dossier de Irán ha sido un gran éxito para Europa. Se ha conseguido poner alrededor de la mesa de negociaciones, no solamente a Irán, Europa y Estados Unidos, sino también a China y a Rusia.

PG: El objetivo de Bruselas es posicionarse como verdadero actor del escenario internacional, al mismo nivel de Estados Unidos, Rusia y, pronto, de China. La presencia de la UE es, pues, un acto simbólico con visibilidad pero demuestra que hay a lo mejor otro modelo económico que seguir más allá de los modelos liberales del G7. La presencia europea es, además, una ventaja en la medida en la que los países cogen experiencia en la negociación desde hace bastantes años, necesaria para la toma de decisiones, de textos y tratados comunes. Sabemos que eso puede funcionar. Si Europa se implicase como un verdadero miembro, el G8 se transformaría y obraría para debatir asuntos más pragmáticos, como el lanzamiento de medidas para el medio ambiente o la regulación del liberalismo. Creo que Europa puede realizar aportes concretos en este G8.

¿Existen progresos atribuibles a la UE tras una cumbre del G8?

SN: No. El G8 es un foro informal de intercambio; no es la ONU. Se trata de un diálogo distendido del que no salen nunca verdaderos resultados.

PG: La idea del G8 es la de encontrarse los Jefes de Estado, atravesando todas las barreras, todos los intermediarios, para tratar asuntos al más alto nivel, de manera más rápida, espontánea y en un ambiente de camaradería. Pero desde hace una decena de años, el G7 y luego el G8, se han convertido en eventos más folklóricos y simbólicos que otra cosa.