Europa se convierte en un sueño peligroso para los jóvenes futbolistas africanos

Artículo publicado el 14 de Junio de 2010
Artículo publicado el 14 de Junio de 2010
Más o menos conocidos, los jugadores son un modelo a seguir para los adolescentes de sus países, que buscan seguir sus pasos. Pero, ¿a qué precio?

En 2003, el equipo KSK Beveren, de la primera división belga, alineó a diez jugadores de Costa de Marfil en los once titulares. Una pequeña revolución para el municipio de Flandes-Oriental, donde el Vlaams Block, el partido de extrema derecha flamenco, obtenía el 25% de los votos por aquel entonces. Todo comenzó en 2001, cuando Jean-Marc Guillou, fundador de una academia de fútbol en Costa de Marfil, fue nombrado administrador delegado del club, que estaba en quiebra. Guillou propuso una aportación anual de cuatro jugadores venidos de su academia para que el club se recuperase.

La academia de Jean-Marc Guillou (JMG académie) forma parte de los nuevos centro de formación que ciudadanos europeos han abierto en el continente africano. Las escuelas de fútbol florecen por todas partes, pero las estructuras oficiales siguen siendo escasas. En estos centros se forma a los jóvenes futbolistas locales, sin interrumpir su escolarización. A los que tienen más suerte, los envían a canteras nacionales o internacionales. Los que tienen menos aptitudes son reconvertidos.

pero las instituciones oficiales siguen siendo escasas

Seguir a sus ídolos

En Senegal, cerca de un millón de jóvenes tienen una licencia de fútbol. Son miles los que presentan para entrar en los centros de formación reconocidos. Todos guiados por sus modelos, que son ahora grandes estrellas del balón. Samuel Eto'o, Salif y Seydou Keïta, Salomon Kalou, 'Baky' Koné, Yaya Touré... Todos ellos crecieron en África y tienen hoy en día una carrera internacional. Todavía son numerosos los que se expatrían para probar suerte en Europa. Jóvenes prodigios del fútbol que sacrifican todo para llegar a Eldorado europeo, sus clubs míticos y sus salarios maravillosos. Pero si bien son muchos los que intentan la aventura, no todos siguen el buen camino. Entre las escuelas fantasma, los falsos agentes y las transferencias de menores, las estafas están a la orden del día.

Europa representa para los jugadores africanos una oportunidad de obtener el éxito... o el fracasoYannick Abéga tenía 13 años cuando salió de su Camerún natal camino de España. Una tía lejana lo puso en contacto con un agente ibérico, Marc Salicrú Massegú. Los padres firmaron un contrato y pagaron el billete de avión. "Por razones administrativas", la 'tita' pasó a ser tutora del niño. Con la cabeza llena de promesas, él estaba eufórico y soñaba ya con el Real Madrid, el club que había acogido a Samuel Eto'o algunos años antes. Al llegar a España, lo bambolearon poo el país para someterlo a pruebas poco concluyentes. Finalemente, aterrizó en un centro de formación en Mallorca, donde se quedó dos años. Despues, Yannick retomó las pruebas, pero sin éxito. Sin noticias de su agente, sin club y sin papeles, huyó a Francia. En París lo acogió la asociación Foot Solidaire, que lo ayudó a salir de su situación irregular.

Del sueño a la calle

A pesar del endurecimiento de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) en octubre del 2009, las estructuras oficiosas y los pseudo-agentes y pseudo-reclutadores siguen oficiando en el continente africano. La normativa de la FIFA, no obstante, es bien clara: queda prohibida toda transferencia internacional de menores. El club formador tiene que dar su autorización, la FIFA tiene que expedir un certificado y el jugador tiene que tener la licencia de la federación. Lo ideal es un contrato directo entre clubes, con un intermediario autorizado por el club de acogida.

Por desgracia, siguen siendo numerosas las víctimas de agentes poco escrupulosos. Seis chicas malís, de las que una sigue viviendo en la clandestinidad, sufrieron por completo los efectos del negocio del fútbol. Eran reconocidas en Mali, jugaban a nivel nacional, pero soñaban con una carrera en el extranjero. Un día, un "agente" las contactó. Les dijo que le había enviado el club francés RC Saint-Étienne y que buscaba jugadoras motivadas para mejorar el equipo. Las jóvenes firmaron un contrato sin plantearse muchas dudas y se fueron a la embajada francesa para obtener el preciado pase. Lo obtuvieron inmediatamente, cuando el procedimiento normal tarda días o incluso meses. Las chicas pagaron el billete de su bolsillo y partieron sin más rumbo a Saint-Étienne.Estaban emocionadas con la idea de estar en Europa, en un gran club nacional; vivirían en un apartamento prestado por el club, con el dinero que éste les daría para sus gastos. Sin contratos, sin salarios y con permisos de residencia que se sucedieron hasta la llegada al poder de Nicolas Sarkozy y el consiguiente endurecimiento de las normas. La prefectura ya no quiso volver a abrirles el preciado sésamo. A partir de ese día, el club las despidió y les echó del apartamento. Las jóvenes estaban en la calle.

Iniciativas

¿El objetivo? Convertir el fútbol en un factor de desarrollo

Sin embargo, no todo es tan negro como parece. La asociación Diambars, fundada por antiguos jugadores profesionales (Jimmy Adjovi Boco, Patrick Vieira y Bernard Lama) se ha instalado en Senegal y, posteriormente, también en Sudáfrica. Su eslogan es: "La pasión por el fútbol, un motor para la educación". Además de una formación deportiva, las estructuras Dimbars siguen escolarizando a niños para proporcionarles un futuro, pase lo que pase. Varios jugadores han firmado ya contratos con clubes europeos de Noruega o Francia. Un ejemplo y una esperanza para todo el continente.

Fotos: principal ©[phil h]/Flickr; campo de fútbol en África ©Alessandro Silipo/Flickr (visita su página en internet; Samuel Eto'o ©Sylvia Gutiérrez/Flickr; Stars in their Eyes ©Development works photos/Flickr, visita la página web de la fundación Stars in their Eyes