Europa se pasa a la energía verde

Artículo publicado el 16 de Junio de 2008
Artículo publicado el 16 de Junio de 2008
Con una economía dependiente del CO2 pero todavía en expansión, el elemento clave es la flexibilidad, necesaria para un plan europeo de la energía y el clima. Relato de una polémica.

Para que los Estados miembro y el sector industrial se preparen lo mejor posible para asumir las nuevas cargas y las inversiones de una economía más verde, hace falta que la legislación europea precise las formas en las que llevar a cabo su proyecto y los esfuerzos que se deben realizar por parte de todos. Desde que las conversaciones comenzaron durante el Consejo del medioambiente del 5 de junio de 2008, el debate no ha parado. 

Un giro histórico para la política medioambiental de la UE

Foto, Rafael Style / FlickrEl 23 de enero de 2008, la Comisión Europea presentó en el Parlamento su plan Energía y Clima. Una jornada histórica para el medioambiente, “que influirá profundamente en nuestra manera de comportarnos y de pensar”, según el eurodiputado belga Maryanne Thyssen, del Partido Popular Europeo. Este conjunto de medidas, relativas a las cuotas de emisión de CO2, a las energías renovables, a la captación y almacenamiento de CO2 y a las ayudas estatales para el medioambiente; son el eco de las conclusiones del Consejo Europeo del 3 y 4 de marzo de 2007. El Consejo invitó a la Comisión a proponer nuevas medidas para reducir un 20% la emisión de gases de efecto invernadero y desarrollar en un 20% las fuentes de energía renovables (con un 10% de biocarburantes), de aquí a 2020.

Por su parte, el sector energético desea que las soluciones de la Comisión a la pérdida de competitividad eventual frente a otras empresas del mismo tipo se conozcan antes de la fecha prevista, en 2011. Unas empresas que están ya sometidas a obligaciones medioambientales como la aplicación de las cuotas de emisión de CO2. Si resulta imposible para la industria europea competir con armas legales a los mercados internaciones, la UE puede asistir a un verdadero éxodo de empresas hacia países donde la legislación medioambiental sea menos estricta.

Competitividad y crisis alimentaria

Foto, Alain bachellier / FlickrLa flexibilidad para mantener la competitividad depende, para algunos Estados miembro, de la libertad en la elección de energías limpias. Por ejemplo Francia, que emite gracias a la energía nuclear alrededor de un 25% menos de CO2 que sus vecinos, rechaza la imposición de esas energías renovables en favor de otra energía limpia que considera más realista desde un punto de vista científico y financiero. Principio con el que también se ha mostrado de acuerdo el gobierno de Berlusconi durante su consejo de ministros. 

Es sobre la definición del concepto de energía renovable que gira el debate las últimas semanas, con la crisis alimentaria mundial de fondo. Algunos culpan a los biocarburantes y a la explotación de cultivos más allá de los fines alimenticios de provocar un efecto negativo a nivel social y medioambiental. El eurodiputado alemán Friedrich Wilhem declaró en el hemiciclo, el pasado 22 de abril, que “a escala mundial, no es posible tener reservas (energéticas) llevas y platos llenos”. El grupo de los Verdes, al que pertenece Wilhem, pide una moratoria para los agrocarburantes y la supresión del objetivo de alcanzar un 10% de biocarburantes para 2020 en el transporte.

Liderazgo europeo

Foto, Txipiflick / FlickrSolo la eficacia energética, el avance de la investigación y la comercialización de nuevas tecnologías, permitirán asegurar a la vez la competitividad de la UE en un mercado próspero y su transición hacia una economía sin CO2. En la base, muchos de los protagonistas ya han llegado a un acuerdo, a pesar de que en las resoluciones del Consejo Europeo del 19 de junio quede alguna duda acerca de la capacidad de la UE de alcanzar sus objetivos en materia de competitividad y lucha contra el cambio climático. 

Con cierta prisa, dada la apretada agenda medioambiental (Conferencia del Clima de Bon en junio y de Gana en agosto, Conferencias anuales de Partidos en la Convención del Clima y en el Protocolo de Kioto de Poznan en 2008 y de Copenague en 2009), la Comisión mantiene que es necesario comenzar a actuar ya. Y apuesta fuerte, ya que en vista del fin de su mandato, el avance del paquete energía-clima será la ocasión de poner a prueba su credibilidad sobre la escena internacional y su capacidad de manejar una política climática que, intentando funcionar de manera transversal, exige pragmatismo y coherencia.