Europa según la universidad de verano de Cluny

Artículo publicado el 12 de Agosto de 2010
Artículo publicado el 12 de Agosto de 2010
En pleno estío y después de 10 días de empedernido debate sobre cómo debería ser Europa en 2030, ya no podemos atrevernos a decir que los jóvenes no se interesan por las instituciones de la UE. El Campus Europeo de Cluny 2010 ha permitido una vez más que 50 europeos se unan en la diversidad y anticipen la instauración del Open Space como método de trabajo para el futuro

“Nosotros, los jóvenes europeos, estamos convencidos de que el futuro de Europa necesita una visión clara y objetivos que reflejen sus valores, creencias y principios comunes”. Así lo declaran en un manifiesto común firmado por los 50 participantes de la universidad de verano en la Convención de jóvenes ciudadanos europeos de Cluny, quienes proponen a las autoridades europeas estos tres grandes objetivos para Europa en 2030, ¿conseguirán que permanezcan en la cabeza de los comisarios europeos en los próximos diez años? Tres participantes nos dan su opinión

Aprender a estar unidos

Ljubica, una joven macedonia de 22 años que estudia Traducción e Interpretación en Eslovenia, reconoce que ha venido “para practicar el francés”. En un principio, el objetivo de la convención no podía ser más utópico pero, según la joven, al final “no me esperaba eso en absoluto y estoy muy orgullosa de haber aprendido cómo funciona la Unión Europea. La diplomacia es un papel muy importante porque es demasiado difícil llegar a un acuerdo”. Pero, ¿merece la pena sacrificar las vacaciones para ir a una universidad de verano durante 10 días solo por esto? Parece que no, y el verbo sacrificar parece demasiado fuerte en este caso, ya que Ljubica advierte que el trabajo solo era por las mañanas. “Por la tarde hacíamos veladas, teatros, leíamos poesía, hacíamos actividades musicales... ¡Terminábamos a las tres de la madrugada para estar a la mañana siguiente despiertos a las siete!” Y todo esto durante 10 días, del 8 al 18 de julio, el tiempo necesario para hacer una simulación del Consejo Europeo, participar en los Open Spaces sobre temas tan variados como educación, desarrollo sostenible o inmigración, pero sobre todo, has conseguido ponerse de acuerdo totalmente en una cosa: “Es muy duro llegar a un acuerdo”, opina Boriana. Lección número uno: construir la Europa de los 27 es largo y comprometido.

Volverse exigente

El consenso no apareció incluso cuando llegó la hora de elegir un presidente en un simulacro del Consejo Europeo. El 11 de julio nos enteramos de que “la presidencia húngara acababa de anunciar el fracaso del Consejo Europeo en la nominación de un presidente”. Lección número dos: Si Herman Van Rompuy es elegido presidente del Consejo, tal vez con la ausencia de unanimidad, quizá se haya buscado más bien nombrar a un negociador que a un líder carismático. Sin embargo, en Cluny, los jóvenes europeos no llegan a un acuerdo tan fácilmente, ¿acaso son demasiado exigentes? ¿O es que no están acostumbrados a tender su mano y acoger la del otro? Stéphanie, una estudiante española de Traducción e Interpretación que ha formado parte de estos debates, está segura de una cosa: “Siempre se dice que los jóvenes estamos muy desvinculados de temas políticos y económicos, lo que es totalmente falso”.

Diez días con 50 jóvenes de opiniones muy diferentes (más de dos tercios de participantes eran de Europa del Este), por lo que obviamente cada uno aporta su punto de vista, pero tanto la búlgara Boriana, como la macedonia Ljubica o la española Stéphanie, si en algo están de acuerdo es en que el arte del compromiso puede llegar a ser agotador y que para avanzar en ello es indispensable el desorden europeo. En Cluny, los debates que más se han complicado, según Stéphanie, han sido los que trataban sobre Turquía, la energía nuclear y la relación con Rusia. Siendo el principal objetivo de este Campus europeo realizar un retrato robot sobre la Europa en 2030, también ha habido diferencia de opiniones: “Más del 70% de los participantes son del Este, ellos son más pesimistas y más prudentes. Cuando España entró en la Unión Europea, lo hizo entera y completamente comprometiéndose del todo, pero en Europa del Este cuentan son muchos defectos en sus políticas, de educación de salud, etc. Es por ello que tienen una visión tan pesimista”, analiza la española. “Aunque al final siempre llegamos a un acuerdo”.

Todo lo que ha sucedido en Cluny hay que agradecérselo al Open Space. Todos los grandes temas de sociedad sobre los que Europa se confrontará en 2030 serán debatidos según estas cuatro reglas de oro: “Todos los que están aquí son buenas personas, lo que pase, será lo mejor que podría haber pasado; esto empieza cuando empieza y todo termina cuando termina”, aclara Ljubica, quien también piensa que “la belleza de Europa reside en su diversidad”.

Sí, sí, lo han entendido bien, el Open Space. Está claro que con sus cuatro reglas y la ley de los dos pies (ley de la movilidad), se realizarán debates abiertos y más soluciones posibles. ¿Es ésta quizá una lección para nuestros amigos burócratas de Bruselas? Estas tres participantes no pretenden eso. Aún con falta de unanimidad, están muy contentas de haber hecho amistad con jóvenes procedentes de toda Europa y haber reforzado la imagen de una Europa que sabe “proteger su diversidad cultural gracias a un proceso dinámico de identificación común”, o así lo declara el manifiesto de Cluny 2010. 

Fotos y vídeos por cortesía de la Convención de jóvenes ciudadanos europeos.