Europa y el Gran Norte Blanco

Artículo publicado el 22 de Agosto de 2005
Artículo publicado el 22 de Agosto de 2005

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Como miembro del G8, potencia media y Estado acomodado, Canadá tiene mucho que ganar si colabora con la Unión Europea. Pero mientras los canadienses no sienten animadversión alguna hacia Europa, tampoco demuestran un interés especial.

La visión del mundo para los canadienses es sobre todo, "anglocentrista". Esto sorprende de un país que se enorgullece de ser bilingüe y multicultural. En el ámbito político, el gobierno de Canadá tiene el suficiente sentido común como para colaborar con los socios europeos -particularmente en materia de política exterior-. En cualquier caso, en Canadá la cultura nacional y política sigue estando principalmente influida por las dos potencias de habla inglesa: los Estados Unidos y Gran Bretaña. Europa, considerada el área industrializada de Occidente, ocuparía la tercera posición en su punto de mira, pero la Unión Europea en sí misma no juega un importante papel en la conciencia política canadiense.

Entre el viejo y el nuevo mundo

Sin duda, los Estados Unidos constituyen la mayor influencia cultural para Canadá, dadas sus relaciones comerciales y su proximidad. Como la mayoría del mundo, Canadá a duras penas puede escapar del ataque de la prensa industrial americana y, aunque hay algunas marcadas diferencias en el gobierno y la actitud social, la mayor parte del acerbo cultural es el mismo. Europa, mientras tanto, es asociada con la "cultura elevada" de la que desconfían los canadienses en favor del trabajo duro y la lucha diaria.

La relación de Canadá con la antigua potencia colonialista se ha atenuado a lo largo del siglo pasado y la influencia del Reino Unido se debe más a la hegemonía de la cultura de habla inglesa en el mundo que a su pasado colonial. De hecho, los anglo-canadienses miran a los británicos con una mezcla de curiosidad y cierto desconcierto; los ingleses son percibidos como muy formales, pasados de moda y un poco excéntricos. Mientras que el papel de la Reina Isabel II como Jefe de Estado es una "espinita" clavada en el corazón de los franco-canadienses, para la mayoría de los anglo-canadienses sólo supone un mero convencionalismo en el que apenas piensan, en especial los jóvenes.

La relación entre los franco-canadienses y Francia es un poco más tensa, por el viejo resentimiento hacía estos últimos por entregarlos a los ingleses a cambio de un pedazo de la India en el siglo XVIII. La gente de Quebec y otros franco-canadienses se enorgullecen de su origen humilde, del duro trabajo realizado y de su cultura, y no se consideran tan pretenciosos como sus antepasados franceses. Entretanto, los franceses, en lo que concierne a la retórica francófona, tienen su particular y condescendiente punto de vista acerca de los países de habla francesa y las antiguas colonias -objetando a menudo que no se les comprende-.

Lengua y cultura

El dominio de la cultura de habla inglesa en Canadá bien podría ser una consecuencia del mosaico cultural del que forma parte. Ya que además de la influencia de las colonias inglesa y francesa, Canadá cuenta con una significante población de italianos del sur, griegos y portugueses, así como polacos y ucranianos.

La importancia con la que la lengua ha moldeado el inconsciente colectivo de los canadienses se ha puesto de relieve por la reciente serie de acontecimientos terroristas que sacuden el mundo. Mientras que los ataques se suceden en todo el mundo, atentados como el del World Trade Centre de Nueva York provocaron en Canadá al menos una semana de indignación y luto. El reciente bombardeo sufrido en Londres tuvo un efecto similar señalado por minutos de silencio. Sin embargo el atentado de Madrid apenas tuvo repercusión.

Cultura contra política

Aunque Canadá pueda ser culturalmente anglófona, su administración es en gran medida francófona (como la de la mayoría de los presidentes canadienses). Esto se debe a que es más probable que los francófonos sean bilingües -requisito para ser funcionario-, manteniéndose una preferencia francesa que a menudo se reprueba en el Canadá anglófono. Sin embargo, las similitudes políticas e intereses comunes que Canadá comparte con Francia y otros países europeos -y de hecho con muchos pilares de la política de la Unión Europea- pasan completamente desapercibidos en el territorio nacional.

La piedra angular de la identidad canadiense son los principios de tolerancia, el sistema de seguridad social y los acuerdos multilaterales. Al igual que la UE, Canadá realiza un significativo reparto de riqueza entre las regiones más ricas a las más pobres. Los canadienses nunca hablan de "modelo social" y son un tanto suspicaces en cuanto al término "socialista", aunque están muy orgullosos de su sistema público sanitario. Los canadienses también presumen de su papel pacifista, de su participación en acuerdos internacionales como el de Kyoto, el Tratado contra las minas antipersona o el de las Naciones Unidas, pero todavía permanecen estancados bajo la sombra de los estadounidenses republicanos.