« Europa y Estados Unidos están condenados a no entenderse »

Artículo publicado el 6 de Mayo de 2003
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Artículo publicado el 6 de Mayo de 2003

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Entrevista a Martín Ortega, investigador en el Instituto de Estudios sobre Seguridad de la UE (IES-UE), especialista sobre Oriente Medio y sobre las implicaciones políticas y jurídicas del uso de la fuerza por parte de la UE.

Café babel : ¿Hasta dónde irá la voluntad de Estados Unidos de “redibujar el mapa de Oriente Medio? ¿Cree usted que habrá un efecto dominó que afecte inmediatamente a Siria?

Martín Ortega : Estados Unidos tiene proyectos muy ambiciosos para Oriente Medio. Eso está claro. Por el contrario, el contenido de los proyectos sigue siendo enigmático. ¿Porqué? Porque en Washington hay posiciones diferentes. Por un lado, está el Pentágono, que por ahora es la fuerza dominante y que ha vencido en Irak, estableciendo las condiciones de la guerra y de la reconstrucción. Y por otro, está el departamento de Estado que tiene, en cambio, una visión más multilateral de la reorganización de Oriente Medio. Por supuesto, hay otras opciones, a causa de la vivacidad del debate democrático americano.

¿Cuáles son, pues, los planes de Estados Unidos para Oriente Medio? Se puede pensar que, al final, la idea es establecer una democracia débil en Irak, apoyada por la presencia en el terreno mismo de las fuerzas armadas americanas, lo que permitiría a Estados Unidos tener una estratégica en toda la región. En este sentido, la evoluciones políticas en Irán, Siria, en el Golfo, así como en Israel y en Palestina serán observadas de cerca por Estado Unidos desde la posición reforzada que tienen en Irak.

cb: ¿Cómo debe responder la Unión Europea a la voluntad americana de “redibujar el mapa de Oriente Medio”? ¿Son los medios no militares suficientes?

M.O.: Esta cuestión es central en el debate político en la Unión Europea en este momento. Es una pregunta pertinente y a la cual es difícil responder, porque las iniciativas de las fuerzas norteamericanas han puesto a los europeos en una situación muy difícil: o se sigue a los americanos y, en consecuencia, se acepta su liderazgo, su diseño para Oriente Medio; o se dice “no” y se presenta un proyecto alternativo. Pero los europeos están divididos sobre la cuestión . Los países que dicen “sí” afirman que el único modo de tener algo de influencia sobre la política americana, de introducir algo de flexibilidad y racionalidad. Los países que se oponen a Estados Unidos sostienen, en cambio, que la política americana está destrozando los principios y el orden establecido desde la segunda guerra mundial. Por estas razones, la divergencia entre ambas posiciones es una cuestión de “principios”.

Es difícil recomendar una u otra política a los países miembros de la UE. Sin embargo, creo que la Unión Europea, a largo plazo, tiene uan visión de la región y del orden mundial que es diferente de la estadounidense. Por eso, está condenada a tener una posición diferente a la de Washington. Es una cuestión cultural e histórica, con raíces profundas, lo que hace que sea difícil de esquivar. Incluso si los europeos quieren seguir estando al lado de Estados Unidos, al final, a largo plazo, me pregunto si es posible. Puesto que para Europa, por ejemplo, la idea de una presencia permanente de Estados Unidos en la región, unilateralmente impuesta, es difícil de comprender. Para Europa, la ausencia de solución diplomática negociada al conflicto israelo-palestino es también difícil de comprender...

Por ello pienso que Europa debe reforzar su capacidad política y militar. La Unión Europea debería adoptar una posición más firme para defender sus ideas, sus principios y su visión de Oriente Medio, aunque sea difícil llegar a un acuerdo entre Estados miembros. Hay que hacer un esfuerzo. Y, desde un punto de vista militar, hay que seguir construyendo la Europa de la defensa, aunque ello no quiere decir que estos medios militares serán usados si Estados Unidos no apoya tal uso, o cuando Estados Unidos tiene divergencias con los europeos. No creo que se pueda pensar que el desarrollo de nuestras fuerzas militares vaya contra Estados Unidos. Esta fuerza europea será hecha para realizar misiones que cuentan con el apoyo de Estados Unidos, en principio bajo mandato de la ONU. En mi opinión, es inevitable que la Unión Europea desarrolle una presencia política más extensa en la región y en otras zonas.

cb: A propósito de la crisi iraquí, hemos asistido a divisiones profundas entre Estados miembros. En su opinión, ¿esta división se debe a una auténtica divergencia de intereses o más bien a disfunciones de las instituciones europeas?

M.O.: La divergencia de puntos de vista sobre la guerra en Irak ha sido más bien provocada por una visión distinta de los principios. La divergencia no viene de los intereses económicos, como pretenden algunos, y no es una cuestión institucional. Incluso si diversos factores han intervenido, como las elecciones en Alemania u otros, si miramos la posición europea en su conjunto, se trata de una posición de principios. La idea de la mayoría de los europeos era que no se podía cambiar un régimen por la fuerza, incluso cuando ese régimen es una dictadura y comete acciones ilegales desde el punto de vista del derecho internacional. Es cierto que antes se habían aceptado intervenciones militares sin mandato del Consejo de Seguridad, en Kosovo y demás. Pero era porque había una amenaza de catástrofe humanitaria. Es decir, que la única razón que haya sido globalmente aceptada es la humanitaria. En Irak, este aspecto no era prioritario, no era un urgencia humanitaria. Y por eso, en Europa y en muchos otros países, se ha optado por la oposición a esta lógica. Hoy por hoy, es la percepción del público la que da legitimidad a una acción. Y por eso, la posición de la UE era una posición de principios.

cb: ¿Cuáles son las otras lecciones que la Unión Europea puede aprender de la crisis iraquí?

M.O.: La lección que hay que aprender es que Europa tiene que tener una presencia más fuerte en la escena internacional. Esto no quiere decir que esta presencia deba dirigirse sistemáticamente contra Estados Unidos. Europa debe seguir siendo socio de Estados Unidos cuando se respetan los “principios”. Esa es la fuerza de la relación transatlántica. Cuando no sea así, hay que señalar al otro lado del Atlántico que hay que volver a entrar en el orden internacional. A veces los europeos, o ciertos europeos, y a veces Estados Unidos, pueden estar tentados por acciones contrarias a los principios de las relaciones internacionales pacíficas. La responsabilidad de cada uno es recordarles que los principios constituyen la base de la paz y de la seguridad internacional a largo plazo.