Europa y los PIIGS: el recochineo de una política insidiosa

Artículo publicado el 11 de Mayo de 2010
Artículo publicado el 11 de Mayo de 2010
El acrónimo PIIGS, que estigmatiza a los cinco perdedores de la eurozona, parece personificar a ese grupo de chicas repelentes que todo el mundo odiaba en la escuela. Desde que la estabilidad financiera de Europa anda de capa caída, la comunidad europea aplica una política insidiosa, alejada de la visión emblemática sobre la cual la UE se fundó y que pretende encarnar

La entrañable palabrita PIIGS (en inglés significa literalmente ‘cerdos’), es una desafortunada expresión para designar peyorativamente las economías vulnerables de Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España. Pero evoca más a esos tipos competentes que usan el término con total normalidad en las salas de reuniones de Bruselas, que a una piara de naciones y estados carcomidos por las deudas. De hecho es un acrónimo que los caracteriza como a ese grupo de chicas repelentes que todo el mundo odiaba en la escuela. Desde que la estabilidad financiera de Europa anda de capa caída, la comunidad europea muestra su lado más egoísta, alejándose de la visión emblemática sobre la cual la UE se fundó y que pretende encarnar. Incitando, más bien, a etiquetar a algunos países de “absolutamente no guays” en el ámbito económico, mientras que los populares de la clase deciden, no sin cierto desdén, a quién van a aceptar de nuevo en la pandilla.

Imaginando a los PIIGS en clase

España es la nueva víctima de este recochineo: “No es que no nos gustes, España”, dice el popular de la clase, “es sólo que en tu época de boom económico eras cool y ahora, en cambio, has perdido tu encanto. Vete y siéntate en la mesa de los PIIGS hasta que te aclares. Ya te llamaremos”.

Su déficit presupuestario es el tercero más grande de Europa, aunque por debajo de la media de la UE de 53%Se convirtió en el principal símbolo del rechazar el Tratado de Lisboa el mismo añoEl “no” de Irlanda al Tratado de Lisboa en 2008 fue muy poco cool. “Por dios, ¿has visto cómo vota Irlanda?”, era el no-tan-susurro que se entendía por el patio. “¡Mola tan poco! ¡Después de que nos gastáramos todo ese dinero en ellos para que se centraran! ¿Quiénes se creen que son?” Todo hay que decirlo, el ‘No’ de Irlanda también fue bastante sucio, pero en esa época era uno de los popus (sin importar todo lo que se le criticaba a sus espaldas).

Grecia ha pasado tanto tiempo excluida del grupo popular que lo inevitable ha ocurrido y empieza a estar contrariada. La crisis económica y social que agita Atenas es una analogía de esa chica rara de la esquina, que apareció un día en clase vestida de súper gótica. Las políticas conservadoras que florecen por toda la unión son sintomáticas del mismo perfil caustico y cargado de angustia. Los movimientos insurgentes contestando la ideología liberal de los gobiernos de la UE parecen crear sus propias pandillas. “¿Te crees enrollado con tus derechos de legislación igualitarios y las sanciones contra el cambio climático?”, parecen decir, subiéndose las gafas de carey hasta el puente de sus narices chatas. “Pues no, no lo eres. Vamos chicos, vamos a sentarnos ahí, no son nuestros jefes”.

Tal vez es inevitable en un continente con tantos resentimientos a flor de piel

El Reino Unido siempre se ha mantenido un poco distante del resto del grupo, hecho que nadie ve con buenos ojos, pero que todo el mundo pretende aceptar. “Piensa que es mejor que nosotros sólo porque el siglo pasado tenía todo un imperio a sus pies y podía mandar a los países. Pero el Reino Unido sólo es guay ahora, porque sale con nosotros y todos sus ex amigos están en otro sitio”. Todo el mundo tiene algo contra alguien, que puede hacer público si realmente quiere jugar sucio o ser extra-recochino. Alemania presiona a Grecia y le extiende a la Venus de Milo el dedo corazón, mientras que Grecia (que ahora mismo está abandonadísima) engancha esvásticas en la Columna de la Victoria. ¡Qué desagradables! Aún así, a la larga, tantas fechorías irritantes en la política europea no ayudarán a nadie y está claro que no son ellas las que nos van a sacar de la recesión económica. Peor aún, ahora que las groserías se han convertido en un vicio, es incluso amenazador separar la familia feliz. Que los PIIGS sean beligerantes fuera de la Unión es seguramente un comentario perverso, pero aún lo es más la versión europea de esos estudiantes “cabecillas de grupo” que requieren que un pobre follonero sea enviado a otra escuela… Tal vez es inevitable en un continente con tantos resentimientos mezquinos pululando, pero alguien tendría que decir a los Estados miembros de la UE que esta actitud infame no les sienta nada bien.

Imágenes: principal the prodigal untitled13 y citizenmustard.com; San Fermines en Pamplona por crazypete04 y soakedsponge.blogspot.com/ambas cortesía de Flickr